Esta columna, en el día de su cumpleaños, desea resaltar en su real dimensión la figura del inmenso Vicente Luis Ciano, o simplemente el Cholo, uno de los personajes mas queridos, respetados y admirados de la ciudad, un ícono identitario, un periodista que nos ayudó y nos ayuda a mirar Mar del Plata.
a Ariel Ciano, hijo y referente de un padre ejemplar
“Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al Sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: -Ayúdame a mirar”. Eduardo Galeano, El libro de los abrazos.
Lo imagino en Varese, con sus nietos, descalzo, mirando la inmensidad del mar. El agua apenas le acaricia los pies mientras los últimos rayitos de sol, los más remolones, le iluminan su sonrisa de abuelo feliz. La luna espera su guiño cómplice para caer redonda como una pelota de fútbol sobre el horizonte. Nacho y Mateo le apretujan las manos y en medio del silencio inmaculado de la playa sus corazoncitos laten al unísono, juntos ensayan una bella melodía que le acaricia el cuerpo.

Después, como quien recita tímidamente la letra de un tango dulzón, el Cholo les contó sobre las gambetas endiabladas del Cantinflas Digioia en Once Unidos, las hazañas de Diego en el Mundial juvenil de Japón, el juego vistoso de la Selección del Flaco Menotti, el talento y el coraje de Uby Sacco arriba de un ring, les dibujó con una paleta multicolor los lugares más bonitos y más humildes de la ciudad, les relató algunas anécdotas con Mario Trucco, su hermano del alma, su compinche, su espejo en la profesión.
Un viento cálido juguetea con su pelo y le entibia algunas lágrimas que caen acompasadamente para perderse en las comisuras de sus labios. Dice que su debilidad es emocionarme y llorar fácil, que ahora ante cualquier hecho se conmueve, que todavía sigue siendo muy tímido, que nunca se arrodilló ante el poderoso y que siempre defendió sus convicciones con armas limpias.

Escribo esta crónica y en la misma desestimo recorrer su extensa trayectoria profesional, es que todas y todos los periodistas de la ciudad, alguna vez, describimos su historia personal, todas y todos en algún momento de nuestras vidas desandamos, desde el afecto y la admiración, su virtuosa manera de afrontar la tarea en los medios de comunicación.
En realidad solo deseo resaltar en su real dimensión la personalidad del Cholo Ciano, para mi uno de los referentes indiscutidos de la ciudad, uno de los personajes marplatenses más respetados, más queridos. Cito una reflexión del Negro Alejandro Dolina que sirve para pintar con exactitud su noble conducta. Vicente Luis Ciano es una de esas personas que por discreción, por pudor o por el horror de lucirse, atenúan levemente sus virtudes. No fingen maldad ni estupidez, solo se limitan a descender un peldaño para no humillar a los perejiles.
Un grande que supo escuchar a Mario Trucco cuando le dijo que “el periodismo nos permite estar en un lugar de privilegio, muy cerca del escenario, un lugar único, pletórico de luces y aplausos ensordecedores, un lugar donde tenemos que tratar de no subirnos nunca”.
Y allí abajo, grabador en mano, está el Cholo, distante de los flashes que marean, cercano a las barriadas populares, reconfirmándonos a sus flamantes 85 años de edad que la fama nunca pudo desclasarlo.
Hace algunos años, cuando lo echaron de Canal 8, redacté una nota en su defensa en la cual en uno de los párrafos escribí que el noticiero, mediante una desafortunada decisión empresarial, había perdido los ojos de la ciudad. Hoy, 21 años después, releo aquella crónica, repienso la frase, tal vez un poco gastada y cursi, y considero que en realidad el Cholo fue mucho más que los ojos de una comunidad, el Cholo fue, es y será el hombre sencillo que nos ayudó, como a Nacho y a Mateo, a mirar el mar, un hombre puro perfil bajo que nos ayudó y nos ayuda a mirar a su amada Mar del Plata.
¡Feliz cumple Cholo! ¡Te admiro, te quiero mucho! Y mil gracias por estar siempre presente cuando los marplatenses quedamos mudos de hermosura o quedamos mudos de tristeza…
Mario Giannotti