¡¡¡VAMOS AL FMI…. AHORA SIN PRESUPUESTO!!!

¡¡¡VAMOS AL FMI…. AHORA SIN PRESUPUESTO!!!

En Argentina nos acostumbramos a tomar decisiones de muy corto plazo, por lo que rápidamente las modificamos y permanentemente hacemos parches, en las leyes, y en materia económica. Un deseo para que esta política pendular termine en 2022 y se encuentre un rumbo económico que se mantenga en el tiempo y que nos permita romper la inercia en la que estamos inmersos hace bastante tiempo.

2 de enero de 2022

Las ideas de Montesquieu luego de la Revolución Francesa se expandían por el mundo: “la mejor forma de gobierno, para lograr el  <adelantamiento>  de las naciones y, al mismo tiempo hacerlo de manera ordenada, era la monarquía constitucional.  No solo Belgrano mantendría esa opinión toda su vida…también José de San Martín se mostraría partidario de la monarquía constitucional” (Felipe Pigna “Manuel Belgrano el hombre del Bicentenario” pág. 172).

 

Es contra fáctico pensar si el planteo “Carlotista” hubiera triunfado hace doscientos años. SI nos atrevemos a afirmar que un monarca difícilmente se quejaría a su pueblo de la herencia recibida, no podría fácilmente endeudarse para trasladarle la deuda a su sucesor si piensa vivir muchos años, no podría tener déficit permanente como ocurre en la economía de nuestro país.  Un monarca difícilmente pueda tomar medidas cortoplacistas, como hacen nuestros gobernantes porque le estallaría en su propia cara.

 

No hemos logrado en los últimos años, definir un “norte”, se toman medidas populistas con resultados rápidos en una gestión y problemas para la administración siguiente, además otro efecto negativo se produce con el “péndulo” que se genera cuando entra un gobierno nuevo y cambia todo lo que hizo el anterior para volver a modificarse en el período siguiente.  Un claro ejemplo: el consenso fiscal firmado en esta semana entre el Presidente y los Gobernadores (excepto CABA)  va en dirección contraria con el firmado en  2017.  La democracia, suena como antagónica de la monarquía, y fue un poco irónica la comparación,  al solo efecto de tener en cuentas que abusamos de las medidas NO SUSTENTABLES,  seguimos frenéticamente a Keynes quien decía que en el largo plazo “estaremos todos muertos”. El plazo eleccionario de cuatro años, con esas particularidades es perverso para la economía porque permite hacer la plancha un tiempo aunque la situación no lo amerite, y nos acostumbró a distribuir en años impares donde se vota y ajustar en años pares porque a nadie le gustan las restricciones, al margen de tomar medidas totalmente cortoplacistas.

 

Una propuesta rápida para salir de esta trampa es que el ministerio de economía se independice del resto de los ministerios y el ministro sea elegido luego de un consenso que le marque un camino.  Que se indique a través de la política “queremos llegar acá”, y cualquier economista profesional que se precie de tal,  podrá ser el piloto para el recorrido.  Por supuesto que es ilusorio que esto suceda en nuestro país, aunque en otros, Francia, Chile por ejemplo se ha logrado, la economía de mercado ha triunfado en el mundo, incluso China y Rusia gozan de sus virtudes y nosotros seguimos en una discusión de hace cincuenta años que todavía no zanjamos.

 

No nos ponemos de acuerdo con el presupuesto, sería más difícil consensuar  un tipo claro de organización económica para el país, “el rumbo económico”.   En las primeras sesiones luego de la asunción de nuevos diputados y senadores en el congreso, era de esperar  que se pelearían por cualquier tema al solo efecto de demostrar “quien la tiene más grande” “entre esos tipos y yo hay algo personal” diría Joan Manuel Serrat, y le tocó justo al presupuesto que había sido cajoneado durante tres meses con motivo de las elecciones.

 

La presentación de Guzmán tenía tres problemas principales: 1) La delegación al ejecutivo potestades del poder legislativo de poder armar y desarmar impuestos.  2) La proyección de los ingresos se define en base a una inflación estimada de 33% que suena bastante irreal y que luego como la inflación resultante será mayor, sobrarán ingresos que el ejecutivo repartirá a su antojo, algo a lo que nos acostumbró Roberto Lavagna en su gestión ministerial y  la mayoría lo aplaudía de pie. 3) El déficit se financia con emisión y con enormes préstamos de organismos multilaterales de crédito. Cuando se conocieron las proyecciones del Banco Mundial y del BID de lo que pensaban prestarle a la Argentina en el 2022 no coincidía la información de estos Organismos con las cifras del presupuesto.

 

Martín Guzmán informó luego de la sesión fallida que no presentará otro presupuesto, para él “es lo mejor que se puede hacer” y Alberto Fernández señala: “los que me piden arreglar con el FMI no me aprueban el presupuesto”. El propio Presidente anunció luego de las elecciones que avanzaremos en un acuerdo y el pago del 22 de diciembre lo confirma, queda pendiente el programa plurianual que por el momento no aparece.

 

Que no se puedan poner de acuerdo gobierno y oposición nos afecta a todos, precisamente no haber encontrado un acuerdo es una irresponsabilidad de la política.  Ahora el secretario de Finanzas, Rafael Ignacio Brigo, tendrá total libertad junto al Presidente para manejar las partidas y reasignarlas.

 

El modelo actual basado  en lo filosófico en el manual “Sobre la razón populista” de Ernesto Laclau, piedra basal del kirchnerismo y en economía fundamentado en la expansión del gasto público y el subsidio a las tarifas energéticas y de transporte, financiado en parte con mayores impuestos y en parte con emisión de pesos. Tasas de interés bajas y un peso sobrevaluado frente al dólar. Controles de capital (cepo) para evitar la pérdida de reservas internacionales y disminuir la presión sobre el tipo de cambio oficial. Esta combinación intenta estimular el consumo.  Aunque no es lo “óptimo” podría tolerarse, si no fuera porque el déficit que es la madre de la emisión,  que genera inflación creciente y como consecuencia directa, un aumento de la pobreza.  De seguir con la misma dinámica los resultados mostrarían un aumento permanente de la pobreza.

 

Ahora, el FMI, (y en alguna medida la oposición) le pide al Gobierno que ponga en práctica políticas exactamente opuestas a las que implementó hasta ahora.  Se le solicita una reducción gradual del déficit fiscal (menos financiación monetaria, menos emisión), políticas para el aumento de reservas, y políticas para que la elevada inflación pueda disminuir con mejor coordinación de precios y salarios (no contempladas, en el presupuesto de Guzmán) y evolucionar hacia una economía con crecimiento.

 

Detrás de esas exigencias, al fondo le interesa cobrar lo que prestó. Con déficit, la deuda pública aumenta, el Estado no tiene sobrante de pesos para comprar dólares para pagar sus compromisos. Además el déficit financiado con emisión, genera inflación que es la peor manera de financiarlo porque se pone en marcha el impuesto inflacionario que es un impuesto muy regresivo y lo pagamos todos  los argentinos incluidos los que menos tienen.

 

Tenemos como país frente a nosotros dos opciones que se politizan demasiado: 1) Continuar el acercamiento con el FMI, conseguir el acuerdo y reanudar la dinámica de pagar, pagar y pagar refinanciando cuando no se puede pagar algún vencimiento con cual los países centrales nos tienen “con las manos atadas”, 2) o directamente dejar de pagar, entrar en default, rompiendo la dinámica anterior y salir definitivamente de la pantalla de las finanzas internacionales con potenciales sanciones en el comercio internacional. Ninguna de las dos posturas pintan bien, ninguna brindará más votos para la política, es más, tenemos que elegir la menos mala.

 

Se van acabando las reservas pero tranquilos estaremos de vacaciones como actualmente está el staff del FMI. El gobierno recibió eufórico el tibio informe del organismo de cómo se entregó el préstamo en 2018 “frágil desde el comienzo” que se excedió en más de varias veces  los valores según los estatutos de la entidad,  lo cual muestra que lo técnico se mira en un segundo plano.  Este “mea culpa” del Fondo no tiene correlato con  las negociaciones actuales. Mientras que la política pelee por quién tiene la culpa, el tiempo pasa y cada vez es más difícil restablecer la confianza.

 

El retraso de la firma del acuerdo no ayudó, coincidirá con la asunción como director gerente para el Hemisferio Occidental del brasileño-israelí, Ilan Goldfajn que es un amante de la disciplina fiscal y de los buenos comportamientos macroeconómicos lo contrario de lo que está en el ADN Argentino, expresidente del Banco Central de Brasil entre 2016 y 2019 quien reemplazará a Alejandro Werner y será acompañado por  Julie Kozack y Luis Cabeddu, los dos funcionarios máximos responsables  técnicos de la negociación del FMI con Argentina que ahora tienen una posición más firme y dura contra el país, seguramente porque temen por su futuro y no quieren revivir lo que les ocurrió a Teresa Ter Minassian,  Anoop Singh, Roberto  Cardarelli y al propio, Alejandro Werner que debieron dejar el organismo por el fracaso de las negociaciones anteriores con el país.

 

No nos olvidemos de las HIJAS DEL DEFICIT las Leliq. El stock emitido por la entidad asciende a casi 4,4 billones de pesos, un 130% de la base monetaria y casi un 10% del PBI, a esos billones no es lo mismo aplicarles una tasa del 37/38% que una superior al 50% como pretende el FMI que quiere tasas de intereses positivas.  Son una bola de nieve que se agranda “al caer por la pendiente de la montaña” con el simple paso del tiempo y si se van a cubrir con emisión tenemos inflación para rato, salvo que aparezca alguna idea innovadora, porque la idea de un “plan Bonex” ya se utilizó y tuvo malos resultados y por el momento el ministerio de economía y el banco central utilizan la inflación mayor a la tasa de interés con la finalidad de licuar la deuda.

 

Como no hay acuerdo el BCRA le sigue prestando al gobierno, alrededor de 400.000 millones de pesos solo en diciembre.  Luego del pago del miércoles 22 de diciembre al FMI, un total de 1326,71 millones de Derechos Especiales de Giro (DEG), equivalentes a unos 1850 millones de dólares, al tipo de cambio actual, ya no hay reservas netas disponibles.  El 9 de enero, los bonistas que participaron de la reestructuración de la deuda en 2020 cobrarán u$s 693 millones. Semanas atrás, un grupo de acreedores privados manifestaron su malestar por las demoras en las negociaciones con el FMI, mientras se derrite el valor de sus bonos. El 28 de enero, cae otro vencimiento por u$s 718 millones con el FMI, y el 1 de febrero se abonan intereses por u$s 365 millones.  También hay u$s 178 millones para pagar préstamos bilaterales.

 

El gobierno aspira a que ingresen dólares de la cosecha fina para recobrar reservas en los meses de enero y febrero.  La fecha límite del posible acuerdo con el FMI es la primera quincena de marzo, ya que luego vienen compromisos con el propio organismo, con el Club de París, diseñados por Kicillof  que sumados ya sabemos son de imposible cumplimiento.

 

La vulnerabilidad de Argentina queda evidenciada por la escasez de reservas, el presidente Alberto Fernández y los gobernadores o delegados de 23 provincias del país firmaron el Consenso Fiscal para el 2022, que permite elevar los topes para las alícuotas de Ingresos Brutos, impuestos de sellos  y habilita la creación de un impuesto a la herencia, se aprobó con media sanción un proyecto que modifica bienes personales a contramano de lo que se necesita. Otra vez, la urgencia parece prioritaria y lo importante queda para  más adelante.

 

Necesitamos una democracia que aún imperfecta, no se conoce una mejor forma de gobierno, pueda pensar en materia económica en el largo plazo. Tenemos por delante un año par, un año de ajuste, pero también puede ser el año de consensos y de establecer  mínimos acuerdos políticos para romper la inercia en la que estamos sumergidos.  Se abrió la puerta para concretar el acuerdo con el FMI que se viene dialogando hace más de un año y así resolver desequilibrios económicos y estabilizar la macroeconomía aunque el viaje puede ser traumático. Al no contar con presupuesto el acuerdo es más difícil.  Esperemos que el «Programa Plurianual para el Desarrollo Sustentable» marque un rumbo y brinde certezas de cara al futuro y al capitán del barco tome el timón con ambas manos.

 

José Luis Stella

Licenciado en Economía

 

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