El accidente fatal protagonizado por un colectivo en la costa volvió a poner en el centro de la escena una problemática que la dirigencia política no logra resolver desde hace años: la crisis del transporte público. Mientras continúan las prórrogas y las emergencias, las respuestas de fondo siguen sin aparecer.
La muerte de una joven y las personas heridas tras el trágico accidente ocurrido en la costa marplatense abrieron una serie de interrogantes que van mucho más allá de las responsabilidades individuales que determinará la Justicia.
La unidad involucrada tenía la documentación en regla, la Verificación Técnica Vehicular vigente y el conductor cumplía con los requisitos legales exigidos. Esos son los datos que rápidamente se encargó de remarcar el gobierno municipal. Sin embargo, la discusión de fondo es otra.
¿Por qué un colectivo con más de diez años de antigüedad seguía circulando por las calles de la ciudad?. La respuesta está en la emergencia del transporte público que el Concejo Deliberante volvió a prorrogar el 4 de diciembre pasado. Una emergencia que ya lleva varios años y que tiene su origen en la incapacidad de la dirigencia política para consensuar y aprobar un nuevo pliego de licitación que permita modernizar el sistema.
La prórroga extendió la vida útil de las unidades y habilitó colectivos que, en condiciones normales, deberían haber sido reemplazados. Legalmente pueden hacerlo. La pregunta es si eso alcanza para responder a las expectativas y necesidades de una ciudad como Mar del Plata.
La tragedia también deja al descubierto algunas contradicciones. La VTV aparece hoy como la principal garantía exhibida por las autoridades para sostener que la unidad estaba en condiciones de circular. Sin embargo, sectores del mismo oficialismo impulsan desde hace tiempo cambios para flexibilizar ese sistema de control y trasladarlo a manos privadas.
Mientras tanto, siguen pendientes respuestas esenciales. ¿Cuántas unidades circulan con la misma antigüedad? ¿Cuál fue el criterio para extender por dos años más su permanencia en las calles? ¿Por qué la ciudad continúa atrapada en una emergencia que parece no tener final? ¿Y por qué después de tantos años ningún gobierno logró resolver la licitación del servicio?
Son interrogantes que siguen abiertos y para los cuales la dirigencia todavía no ha ofrecido respuestas satisfactorias.
Porque mientras los vecinos esperan soluciones para problemas concretos como el transporte, la seguridad o la infraestructura urbana, gran parte de la dirigencia parece concentrada en debates alejados de las urgencias cotidianas. Punta Mogotes, la nocturnidad o las disputas políticas ocupan la agenda pública. El transporte sigue en emergencia.
Y cuando una ciudad vive demasiado tiempo en emergencia, las consecuencias terminan apareciendo. A veces, de la manera más dolorosa.