Una moneda al aire

Una moneda al aire

Más allá que la reelección de Montenegro parece resuelta en su entorno se muestran preocupados. La moderada participación electoral en las PASO y una posible fuga de votos encienden algunas alarmas amarillas.

7 de septiembre de 2023

Hace unos días hipotetizamos en relación a los desafíos que debía enfrentar Guillermo Montenegro para obtener su tan ansiada (por el entorno) reelección. Hicimos mención a que es indispensable que recobre la vitalidad que alguna vez deslumbró a muchos. Los últimos conflictos a priori indicarían casi lo contrario.

 

El affaire Cultura/EMTUR y sus infinitas secuencias generan mucho ruido interno, aunque seguramente es lejano para el votante promedio. El conflicto paritario entre el Sindicato de Trabajadores Municipales y el Ejecutivo tomó por sorpresa a muchos, aunque tampoco debería tener un correlato electoral.

 

Estas adversidades son indicadores del desgaste de una gestión que busca revalidar títulos, pero a la que le está faltando reacción: el oficialismo parece correr por primera vez «de a atrás». Perder la iniciativa no es algo que le resulte cómodo al jefe comunal, sus cercanos suelen jactarse de manejar la agenda. En este momento no estaría sucediendo.

 

En el entorno del alcalde agitan algunos fantasmas. «La elección no está ganada» indican, pese a que obtuvieron 30.000 votos más que su inmediata perseguidora, una cifra que parecería indescontable en un escenario «normal». Quizás las dudas sean reales porque no estamos en un escenario “normal”, pero en este tramo de la campaña entramos en un territorio en el que casi todo es parte de un juego que en el oficialismo ha demostrado saber jugar.

 

En “La Libertad Avanza” están envalentonados. Obviamente los leones locales lograron mayor visibilidad y creen que pueden mejorar su performance. Debemos recordar que existen cuentas pendientes entre muchos de los miembros de “Crear” (estructura local que contiene a la Libertad Avanza) y el tándem Montenegro/Rabinovich, por eso es imposible soñar siquiera en un acuerdo entre cúpulas. Los libertarios harán hasta lo imposible para mejorar la elección. Le sobran los motivos.

De los resultados se desprende que los separan cerca de 70.000 votos cuando no son más de 95.000 los posibles nuevos votantes. La tarea parece imposible. Solo una fuga masiva «por arriba» podría hacer posible lo imposible: votantes de Bullrich y/o Larreta que opten por Javier Milei y que el famoso arrastre haga el resto.

 

La decadencia de los partidos políticos tradicionales no puede negarse y el PRO ya no es ajeno a las generales de ley. En Juntos por el Cambio parecen tomar nota del problema, aunque aún no saben cómo interpretar el fenómeno Milei.

 

El libertario representaría la ruptura con la “política tradicional”.

 

La “política tradicional” es la construcción política/social que no supo o no pudo dar respuestas a tantos años de necesidades insatisfechas. La definición no es nada del otro mundo, pero es lo suficientemente amplia como para no descartarla.

 

Las dificultades que atraviesan a la sociedad no deberían abordarse por separado. Es un error.

 

El escenario es muy complejo justamente por la interrelación entre esas dificultades o problemas. La crisis económica, la crisis social, la inseguridad, un Estado ausente en vastos sectores de la ciudad y la crisis de representación son un combo explosivo que derivó en una manifestación popular del tenor manifestado en las urnas de las elecciones primarias.

 

El humor social no se puede modificar con alguna medida particular o aislada. El problema justamente es el conjunto. Por eso las culpas y los rechazos son repartidos. No existen respuestas rápidas o mágicas. Es relativamente poco lo que se puede hacer en términos de crecimiento o consolidación electoral en menos de 2 meses por eso es que los políticos revolean piñas al aire como un boxeador a punto de “knock out”. Todavía están aturdidos.

 

Existe el temor que la “reacción popular” se multiplique y alcance mayor volumen (más votos), sumado a la posibilidad que el status quo siga perdiendo terreno (no consolide los votos propios). ¡Pum! Por ahora es solo un temor.

Javier Milei se autoimpone a cada paso un techo, aunque en los últimos días el mensaje parece tornarse más racional. Allí radica la duda: ¿el león moderado es capaz de generar la suficiente confianza como para seguir creciendo incluso al punto de alcanzar un 40% de los votos a nivel nacional? Todo parece indicar que la tarea es difícil. Pero el temor se percibe.

 

Por el momento en el oficialismo local intentan mostrarse activos: la campaña ya empezó.

 

El desfile de candidatos por nuestra ciudad es inevitable pero insuficiente. El gobernador Kicillof, quien casi anticipó la refundación del justicialismo en torno a su figura, se mete de lleno para apuntalar la candidatura de Fernanda Raverta.

 

En el ravertisno (si, inventamos un nuevo ismo) también dudan de los peligros que el posible crecimiento de Javier Milei podría generar en el panorama electoral de nuestra ciudad, aunque algunos lejanos escenarios parecen sonreírles. Los votos obtenidos por Encuentro Marplatense están consolidados, alejados de cualquier posible derrumbe o quiebre. “Solo nos queda crecer”, aseguran.

 

Debemos hacer una autocrítica: es notable la cantidad de veces que tuvimos que suponer un posible crecimiento de Javier Milei para generar nuevos posibles escenarios electorales. La irrupción de nuevos e inevitables votantes pondría en jaque este supuesto.

 

Es inevitable menospreciar el ausentismo electoral, pero no ir a votar es una decisión cuando el voto es obligatorio. Esos posibles nuevos votantes ya tomaron postura: por algún motivo rechazaron la oferta electoral.

Es complejo imaginar un voto ausente como un posible voto oficialista pero tampoco es fácil encuadrarlo en alguna otra opción, aunque a nivel local el arrastre podría generar una nueva complejidad: aunque el crecimiento de cualquiera de las coaliciones no sea tanto como el necesario para una definición en octubre podría ser suficiente para complicar a más de uno en Mar del Plata – Batán.

 

Como diría alguien que de éstas sabe y bastante: “la elección es una moneda al aire”. Hace unos meses era un trámite y Montenegro preparaba su desembarco a algún futuro ministerio. Muchas sorpresas pueden suceder, sumado a un par de debates y un trillón de operaciones políticas que parecen tan inevitables como la elección.

 

Mientras esa moneda siga girando todos seguiremos persiguiendo el don de interpretar un proceso complejo e impredecible.

 

Por momentos no dejamos de pensar que los problemas son más graves que las internas políticas. Quizás empezar a ocuparse desde la política de esos problemas les evitaría tener que tejer tantas conclusiones. El miedo y la urgencia no son buenos consejeros.

 

Hasta la semana que viene.

 

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