Un viaje a ninguna parte

Un viaje a ninguna parte

Las listas ya cerraron. Aún es temprano para aventurar resultados de unas primarias que en nuestra ciudad casi que no tienen sentido. En Encuentro Marplatense intentan asimilar la nueva normalidad. En Juntos por el Cambio la pelea se traslada a la 5º sección electoral. Mucho ruido para tan pocas respuestas.

29 de junio de 2023

Seguramente para el lector debe ser agotador que insistamos en naufragar en las miserias de la política. Y decimos naufragar porque el análisis político en épocas de desborde electoral puede transformarse en una travesía destinada al fracaso.

 

Podríamos destacar las distintas maniobras “políticas” que derivaron en un cierre de listas que dejó para muchos bastante que desear. Pero caeríamos en el facilismo de relatar una partida de truco. Nos mienten a nosotros (los medios) y se mienten entre ellos, que le queda al ciudadano más que esperar que no le digan la verdad.

 

Esta discusión es más profunda que un comportamiento ocasional: a la política le faltan verdades. La verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere o la fidelidad a una idea. Tenemos show pero no tenemos verdades.

 

Esta situación es preocupante porque en definitiva hablamos del manejo de la cosa pública. La incoherencia y el desapego a una idea no es algo circunstancial o menor, es la clave de la confianza y previsibilidad en un sistema político que cruje.

 

Los medios somos cómplices porque nos resulta más fácil quedarnos en la anécdota que profundizar en la crítica. Somos amplificadores de mensajes mínimos. Si alguno de los lectores no está inmerso en el micromundo de la política entenderá a lo que nos referimos. La sociedad exige saber qué piensan aquellos que se pelean por ocupar un cargo para sacar adelante a una sociedad desbastada. No les interesa si tal o cual levantó el tono de voz hasta casi irse a las manos, o el palmarés partidario de mengano o sultano. La ciudadanía reclama soluciones a corto, mediano y largo plazo.

 

Desde que se cerraron las listas hasta hoy hemos visto infinidad de fotos y leído hasta el hartazgo agradecimientos varios. ¿Desde cuándo firmar una planilla es un evento relevante?. Asistimos pasivos a algunas puestas en escena y escuchamos un par de ideas con tufillo a slogan surgido de un focus group, y cuando el mano a mano entre un precandidato y un periodista toma algo de vuelo el posterior recorte interesado de alguno de los bandos vuelve a dejar el debate en el punto de partida.

 

Podríamos sumarnos a la ola de algarabía periodística casi chimenteril y comentar que no cayó bien que ningún concejal del hasta ayer Frente de Todos no renueve su banca, que la interna de Juntos por el Cambio en la 5º Sección será a todo o nada y que los libertarios cruzan los dedos para que el fenómeno Milei no siga desinflándose.

 

En todos lados hay enojados y en todos lados hay saltimbanquis. El pragmatismo le ganó a la ideología hace ya un tiempo. El 2001 fue el sinceramiento de una crisis política: el fracaso del primer intento de coalición electoral post reforma constitucional.

Todos los intentos posteriores de coaliciones electorales también fracasaron en el ejercicio del poder. La política debió tomar nota para adaptar el sistema a las necesidades y particularidades de nuestra sociedad, pero optó por camuflar el reclamo de un masivo recambio dirigencial en un gatopardismo sistémico.

 

Pero no todas son malas noticias. En nuestra ciudad todavía la compulsa está planteada entre dos adversarios que ya se conocen pero que aún tienen algo para ofrecer, y es nuestra obligación destacar que las nóminas de concejales son interesantes: la mayoría de los nombres propios merecerían que los reflectores se posen sobre ellos. El tema es el día después: no basta con limitarse a aplaudir, obedecer, enojarse o sonreír. Todos son potencialmente mucho más que una pose, es indispensable que lo entiendan y actúen en consecuencia.

 

El panorama nacional y provincial es paupérrimo. Unión por la Patria desnuda las traiciones sin ningún prurito, lo que genera un escenario en donde conviven un insoportable exitismo injustificado y una decepción que roza la ruptura. Todo sea por salvar el ego de sus dirigentes, ninguno quiere que la sociedad los perciba como “derrotados”.

 

Juntos por el Cambio parece no comprender que las diferencias son saludables cuando son salvables. Hay un sector que actúa como garante del legado de Mauricio Macri, poco menos que templarios. Desde el otro sector del PRO deben demostrar que son algo más que un posteo cringe en Tik Tok. El radicalismo desdibujado esgrime una eterna reconstrucción mientras es funcional a los desbordes de los “amarillos”.

 

La Libertad Avanza hace unas semanas que retrocede. El ¿armado? político ideado por Javier Milei por momentos parece ser un rejunte de twitteros con ínfulas de próceres. Desde ya que hay excepciones a la regla, pero queda claro que no es una coalición cimentada en el liberalismo sino en el oportunismo.

 

La izquierda juega cómoda el rol de adolescente descarriado que le pide plata a sus padres para comprarse una remera antisistema cuya leyenda denigra a los padres que consienten a sus hijos. Es imperioso un recambio que ubique a la izquierda en el debate político. En una sociedad progresista la izquierda y la derecha parecen jugar a esquivarle a las mayorías.

 

Más allá de la descripción aún no podemos intentar ser algo más que funcionales a las chicanas esquivando los susurros que colman las hojas de los diarios. Es nuestro deseo que asistamos a una campaña que sea disruptiva por volver al menos un poco a las fuentes, en la que se discutan los problemas de los vecinos y no las publicaciones en Twitter o algún recorte de una nota en donde tal o cual parece decir algo que sabemos que no dijo.

 

Mientras tanto seguimos embarcados en un viaje a ninguna parte. Ojalá tengamos algo de suerte y veamos algo más que restos de un naufragio.

 

Hasta la semana que viene.

 

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