Las fuerzas políticas temen un desmadre post PASO que favorezca al emergente libertario. En Juntos el radicalismo planteó la necesidad de tener una sola fórmula que compita por la gobernación de la provincia. Las primarias parecen un acertijo indescifrable para muchos dirigentes.
Una vez confirmada la fecha de las elecciones primarias, abiertas, simultaneas y obligatorias en la provincia de Buenos Aires, que se realizarán el 13 de agosto conjuntamente con las nacionales, la oposición en cabeza de Juntos comenzó a desandar un camino errático coronado por las declaraciones de Maximiliano Abad, pre candidato a gobernador y presidente del Comité Provincia de la Unión Cívica Radical.
En pocas palabras, el dirigente radical indicó que lo mejor para Juntos sería llegar a las PASO con una sola fórmula a la gobernación lo que le permitiría ganarle al kirchnerismo o salir segundos en esa instancia para luego apelar al voto útil. El líder radical advirtió que si juegan divididos podrían hasta salir terceros. Pese al llamamiento a la unidad el radicalismo prepara un acto para el 12 mayo con el fin de apoyar la candidatura justamente de Abad.
La propuesta del legislador radical debe ser leída en clave electoral, incluso se podría afirmar que más que una sugerencia es una chicana para los ajenos o una advertencia para los propios. Bien sabido es que Abad se destaca en el arte de la negociación política y es reconocido por su capacidad de sacarle agua a las piedras a la hora de afinar el lápiz. En algunos ámbitos ya dan por descontado que un radical acompañará a Diego Santilli.
Pero más allá de la lectura política, en este caso el planteo también deja al descubierto la incapacidad de los dirigentes a la hora de utilizar la herramienta de las PASO para potenciar las aspiraciones de las coaliciones electorales que integran.
Desde su creación en el año 2009 y su aplicación en 2011, las PASO fueron materia discutible en todos los turnos electorales, a tal punto que tanto el FDT como Juntos tuvieron la intención de eliminarlas. Esta lógica destructiva radica en la inestabilidad del sistema tradicional de partidos y la incapacidad de las nuevas coaliciones para enfrentar este tipo de procesos sin asumir como un riesgo una posible fractura.
En los hechos el electorado comprendió las PASO mucho mejor que los propios dirigentes, ya que en casi todos los casos sirvieron para potenciar candidaturas.
La política tiene una notoria dificultad a la hora de explicar incluso lo que es obvio. Cabe destacar que en este punto existe un decisivo aporte de los medios de comunicación a la confusión general, puesto que incluso la forma en que se comunican los resultados parciales de una elección puede llevar a lecturas equivocadas y desencadenar escenarios inciertos.
Las primarias vinieron a reemplazar a las internas partidarias, y resultaron un soplo de aire fresco porque en este nuevo esquema el peso de las estructuras partidarias a las que hacíamos referencia en la nota “El lado oscuro de la política” no existe. Al ser elecciones obligatorias todos los que ciudadanos deben involucrase en la selección de los nombres propios que competirán en las generales.
Pese a ello, existen muchos puntos grises en lo que son las PASO: el proceso electoral se hace interminable, la incertidumbre paraliza la actividad legislativa y la simultaneidad las transforma en una especie de mega encuesta distorsionada. Pero quizás el riesgo más grave es que al parecer a las coaliciones solo las une el espanto.
A su vez existen diferencias internas en cada una de las fuerzas que componen las dichas coaliciones, lo que podría derivar en que cada partido presente más de un candidato dentro de las primarias aspirando a un mismo cargo, de allí la imperiosa necesidad de evitar una fragmentación que podría verse como debilidad.
En realidad, en una PASO nadie gana y nadie pierde excepto los contrincantes que participan enrolados en cada espacio.
Una PASO funciona como muchas elecciones internas que se realizan en simultáneo, pudiendo el elector optar por participar de aquella que le resulte más atractiva. Así está planteado el sistema en nuestra provincia, que nada tiene que ver con el sistema de primarias que se lleva adelante en Estados Unidos y al que constantemente nos remitimos erróneamente.
Esta multiplicidad de elecciones solo se computa como una sola a los fines de contabilizar los votos que reunió cada fuerza política (la suma de todos los precandidatos), es decir el resultado no indica quien ganó o perdió en términos reales, sino solo cuantos electores participaron en la interna de tal o cual coalición o partido. De allí la importancia de consolidar el voto post PASO, la tarea del ganador de contener a los derrotados internos.
El problema en las dos principales coaliciones es que las diferencias internas parecen insalvables y los actores desconfían de la fidelidad de los que resulten perdedores.
Si en Juntos triunfan las palomas los halcones podrían volar a tierras del león. Si en el FDT gana una opción ligada a los “mercados” o al peronismo más tradicional algunos kirchneristas podrían aterrizar en el FIT, o en cambio de ganar un representante del kirchnerismo más puro muchos derrotados podrían también caer en las garras del león.
Estas PASO dejan en evidencia la inestabilidad o vaciamiento ideológico de cada uno de los partidos que componen cada coalición. Obviamente los dirigentes no se hacen cargo de su fracaso e intentan falsear el sistema con el objetivo de esconder sus debilidades.
Es más, existen mecanismos previos que pudieron evitar este desmadre, por ejemplo, la realización de elecciones internas (abiertas o no) o convenciones para llegar a las PASO con un solo candidato por cada partido y de esa manera simplificar la oferta electoral, pero esa opción fue descartada en pos de favorecer la rosca. En ese momento el escenario se tornó imprevisible.
Este contexto permite que emerja una figura como la de Javier Milei o que existan dudas en torno a que la participación supere el 65% del padrón.
Para tranquilidad de Juntos no hay una sola encuesta en la que Milei encabece las preferencias a nivel provincial (ni siquiera tiene un nombre propio como precandidato a gobernador) y en las últimas horas casi que se bajaron de las contiendas provinciales para centralizar todos los esfuerzos en la elección nacional.

En casi todas las mediciones la coalición opositora se ubica segunda o primera a la hora de sumar los votos de todos los precandidatos. Es verdad que la oferta debería ser más ordenada y el debate más civilizado, pero el problema es de posicionamiento interno y de comunicación por ausencia de coherencia ideológica.
Todos tienen miedo de dar un paso en falso que los convertiría en meros espectadores de la hasta ahora indescifrable voluntad popular. La política es menos compleja que sus protagonistas, y el electorado ordenará lo poco que no puedan acordar previo al cierre de listas.
A los lectores que llegaron hasta acá les tenemos dos datos importantes: cobra fuerza en el Frente de Todos la idea de abrir la contienda a más de un pre candidato, algunos sugieren que AM formaría parte del FDT local. Mientras tanto en Juntos aquellos que reclamaban definiciones interpretan la ausencia Guillermo Montenegro en la foto de Larreta con Santilli que coincide con la promocionada presencia del alcalde acompañando Patricia Bullrich en una recorrida por la peatonal.
Ahora sí, hasta la próxima.