La elección del libertario Emiliano Recalt al frente del Concejo Deliberante derivó en un escándalo sin precedentes: el oficialismo se negó a ceder lugares a la oposición en la mesa directiva, algo inédito desde 1983. Fuerza Patria abandonó la sesión. La votación confirmó que la alianza PRO–LLA–UCR se mantiene intacta.
La sesión preparatoria del Concejo Deliberante terminó convertida en una escena de alta tensión política. En un clima cargado de reproches, empujones verbales y acusaciones cruzadas, el libertario Emiliano Recalt fue designado nuevo presidente del cuerpo en una votación marcada por la improvisación y la falta de claridad. Lo que debía ser una formalidad institucional terminó revelando una disputa profunda: por primera vez desde el retorno de la democracia, la oposición quedó excluida por completo de la mesa de conducción.
El encuentro arrancó con más de una hora de demora. Las conversaciones previas entre los bloques no habían logrado destrabar un acuerdo básico: la distribución de los cargos legislativos. Sin consenso y con el recinto colmado, la mayoría oficialista avanzó en la designación de Recalt con el respaldo de La Libertad Avanza, el PRO, la Coalición Cívica y la UCR (La oposición también lo apoyó pero en un marco desprolijo que no quedó muy claro).
La escena encendió la reacción de los bloques opositores al momento de elegir a la mesa directiva. Fuerza Patria, Frente Renovador y Acción Marplatense— quienes recordaron que, desde 1983, el Concejo había sostenido una práctica democrática elemental: la fuerza que gobierna ocupa la presidencia, mientras que la primera y la segunda vicepresidencia se reparten entre las bancadas opositoras. La ruptura de esa tradición generó el primer estallido de gritos desde las bancas.
Para la Vicepresidencia Primera, la oposición postuló al edil Pablo Obeid (Fuerza Patria). Sin embargo, la moción fue descartada sin mayores explicaciones por la mayoría oficialista. Acto seguido, los aliados de gobierno impulsaron a Gabriela Azcoitia (UCR), quien quedó consagrada en medio de fuertes reproches desde todos los rincones del recinto.
La situación no mejoró. La Vicepresidencia Segunda también quedó en manos del oficialismo, en este caso para Florencia Ranelucci (PRO). La decisión tensó aún más la sesión y desató un intercambio de insultos y acusaciones que terminó con el bloque de Fuerza Patria abandonando el recinto en señal de protesta. “Nunca pasó algo así en 40 años”, se escuchó repetir entre concejales y asesores.
El cierre de la votación dejó un mensaje político inequívoco: la alianza de gobierno entre el PRO, La Libertad Avanza y la UCR permanece sólida, incluso a costa de romper tradiciones institucionales. Finalmente, el oficialismo también ubicó a Franco Lucchina como secretario del Concejo Deliberante, sellando una conducción monocolor que marca un giro histórico en la dinámica interna del cuerpo.
La sesión, que debía ordenar el funcionamiento legislativo para los próximos años, terminó por confirmar una nueva era política en el Concejo: más áspera, más fracturada y con un oficialismo que decidió no ceder ni un centímetro.