El concejal de Acción Marplatense escribió una carta pública tras el escándalo durante la sesión del Concejo Deliberante. “Quisiera disculparme si herí la sensibilidad de algún vecino o de quien no lo merece. No fue mi intención”, dijo. Igualmente siguió con sus críticas al Frente de Todos.
Mientras se discutía en la sesión del Concejo Deliberante un expediente de AM sobre el funcionamiento de la gastronomía en aire libre, el concejal Horacio Taccone “explotó” contra el concejal Marcos Gutiérrez cuando el Frente de Todos se abstenía y ponía freno a la iniciativa de su autoría.
“Te miro y te lo digo en la cara, faltaste a la verdad, demostraste que no tenés palabra. Es coherente porque se escapó de la Comisión de Reactivación y quiere que desaparezca Acción Marplatense, pero la única forma de hacerme desaparecer es si tuviese testículos, compra una 45 y me tira un tiro en la cabeza”, manifestó ante la sorpresa del resto de los ediles.
Este sábado Taccone escribió una carta donde pide disculpas por sus dichos pero al mismo tiempo insiste con sus críticas contra el Frente de Todos. La carta indica textualmente lo siguiente:
Hace 9 meses que soy concejal. Nunca había estado en un lugar así. Trabajé toda mi vida, siempre fui deportista, me recibí de abogado, presidí el EMDER y presido un club. Tengo dos hijas, dos hijos y una esposa a la que amo. Me involucré en política porque quiero aportar para mejorar la vida de los marplatenses. Pero tengo mucho que aprender. Y quiero aprender sin volverme insensible. Quiero aprender para ser mejor. Nunca me pasó, como me ocurrió en la sesión del Concejo Deliberante del día de ayer, que me mientan en la cara durante 12 horas consecutivas, asegurándome que iban a votar nuestros proyectos. Se trataba de propuestas para que haya más médicos en las terapias intensivas colapsadas y para que, con protocolos de prevención, al aire libre, se puedan reactivar la gastronomía, la construcción y otras actividades para fortalecer el trabajo en esta ciudad que sufre.
Sentí rabia e impotencia cuando descubrí que nos tomaban por tontos, que no iban a votar los proyectos que durante toda la jornada habían dicho que votarían. Ellos, los que nos estaban engañando, eran los que tenían los votos necesarios para que salieran nuestras propuestas. Usaron su poder (circunstancial) primero para mentir y después para obstruir. Ante la sorpresa del desengaño reaccione con bronca, me dio mucha impotencia ver que no les importa nada salvo la miserable disputa del rédito político que jamás buscan con ideas. Sólo con avivadas. Tengo mucho que aprender, pero no quiero aprender eso. Quiero aprender a soportarlos sin que nos desanimen. Quiero aprender a insistir frente a la indiferencia sin irritarme. Quiero aprender a vencer la frialdad de los especuladores sin enojarme. Tengo mucho que aprender porque quiero que la mediocridad no siga sacando partido del atraso. Ni que nos doblen el brazo a los que queremos hacer bien las cosas. También hay gente buena en el Concejo Deliberante. Pero hay muchos cínicos que tiran para abajo. Que todo el tiempo intentan su miserable tajada. A costas de lo que sea.
El 26,1% de desocupación, las terapias intensivas a las que le faltan médicos, las guardias con esperas interminables, la preocupación que se ve en el cara y en la realidad de todos los marplatenses necesitan respuesta urgentes, concretas, eficaces. Dicen que cuando una persona con buenas intenciones desciende a la disputa con un mal intencionado, dos minutos después ya no se sabe cuál de los dos es el que quiere hacer las cosas bien. Ese fue mi error. Quisiera disculparme si herí la sensibilidad de algún vecino o de quien no lo merece. No fue mi intención. La lección aprendida en el día de ayer es que no debo aceptar que se impongan los irresponsables, los mentirosos, los que viven mejor porque tienen un cargo, los que no trabajan para que vivan bien los que la están pasando mal.