Aprobamos el acuerdo con el FMI, comenzamos una guerra contra la inflación, el contexto internacional no ayuda, los integrantes de la coalición gobernante se enfrentan, el Ministro de Economía Martín Guzmán logra apoyo del Club de París y la vida continúa. Es “el momento” de actuar con lucidez en materia económica. La gran incógnita ante la incertidumbre que genera la situación política es ¿si este gobierno encara las reformas necesarias o las deja para el próximo? Si es así, se habrá perdido otra oportunidad.
La Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía informa que a febrero de este año la deuda pública total de la administración nacional, asciende a USD 366.561 millones. El 31% de la deuda es pagadero en moneda local mientras que, el 69% restante está nominado en moneda extranjera, dicho importe no incluye la deuda del Banco Central, ni la deuda de las provincias y tampoco las deudas contingentes, incorporando estos conceptos supera los cuatrocientos mil millones de dólares.
La diferencia entre la deuda en dólares y la deuda en pesos, es que esta última que se tiene con los argentinos por efecto de la inflación se va lentamente licuando. Por ende la inflación genera un juego perverso, por un lado “es el principal problema que tiene el gobierno”, según palabras del Presidente, pero por otro le ayuda al gobierno al disminuir su peso relativo con el paso del tiempo (licuación). Esto explica por qué, cada vez más los ahorristas quieran proteger sus ahorros y busquen colocaciones financieras en activos indexados.
Estimaciones privadas indican que el 60% de la deuda está en manos de argentinos, tanto por la vía voluntaria como involuntaria le han prestado al Estado y el 40% restante se encuentra en manos de no residentes. Cuando llevamos dinero a un banco en cualquiera de sus posibilidades, por ejemplo depositamos en cuenta corriente, caja de ahorro, o a plazo fijo, el banco presta la casi totalidad de ese dinero al Estado, a través de las Leliq. También la ANSES con los fondos que recibe de los aportes y contribuciones salariales compra títulos del Estado y se transforman los jubilados en “acreedores del Estado”, sin ser consultados.
Los USD 45.000 millones (de un préstamo que ascendía a USD 57.000 millones) que en el 2018 nos prestó el FMI representan el 12,27% de los compromisos, según el informe de la Secretaría de Finanzas y si se le suman las deudas con el Club de París, Banco Mundial, se llega a un total de 18% de la deuda externa.
¿Por qué se arma tanto revuelo con el tratamiento en el Congreso de la deuda con el fondo que es un porcentaje bajo de la deuda total?. Gabriela Cerruti portavoz de la presidencia dijo: “Por primera vez una deuda que compromete en su pago a varias generaciones de argentinos debe pasar por el Congreso de la Nación”. Entendemos que el FMI tiene poder de negociación que no tienen los jubilados, la clase media o los asalariados con sus aportes. El acuerdo le sirve para no declarar incobrable a su principal deudor.
Sólo tres países han defaulteado al FMI: Sudán, Somalia y Zimbabue y han sufrido crisis muy fuertes, así que la aprobación por el Congreso del acuerdo, que técnicamente tiene muchas falencias como por ejemplo que no garantiza crecimiento, y no resuelve ningún problema estructural nos da algo de tiempo para definir un rumbo y tomar medidas para alinearlas a los objetivos de política económica coherentes con ese rumbo. Argentina o se ordena o necesita entrar al mercado de deuda (endeudarse libremente, algo muy difícil por el momento), ya que se requiere financiar el desequilibrio fiscal crónico. Sin un plan, sin un norte estamos paralizados. Desde el 2011 no hay crecimiento. Si no hay reformas (previsional, impositiva, laboral entre otras) no se revertirá el estancamiento de una década en el que Argentina ha estado inmersa. Desde Salta, el Presidente Alberto Fernández preguntó: “¿Dónde están los ajustes? Explíquenmelo. Con este acuerdo no hay ajuste» deja picando la pregunta: ¿Es bueno esgrimir la bandera de que es un acuerdo SIN AJUSTE Y SIN REFORMAS?
Lo que se haría en el futuro en el “cogobierno” económico con el FMI es un ajuste de tarifas, ya que los subsidios a los servicios públicos han servido como ancla nominal de la economía para reprimir la inflación aclarando que si solo se ajustan las tarifas se avanza pero no se solucionan los problemas principales (Pobreza, Crecimiento, Empleo..). Hay otros aspectos de desequilibrio fiscal que se deberían ajustar más allá de las tarifas, y quedan en nuestras manos como por ejemplo, la elusión y evasión de impuestos, el déficit de las empresas públicas, el giro discrecional de fondos a las provincias, la gran burocracia en la administración pública, la ineficiencia del Estado y la corrupción. En el acuerdo no hay medidas para relajar el cepo cambiario que tanto complica el funcionamiento de la economía, tampoco hay medidas para bajar la brecha cambiaria. Nadie queda conforme porque el gobierno tendrá que ajustar poco pero ajuste al fin y el FMI tiró la toalla de hacer un plan integral. Por ahora ambas partes tiran la pelota para más adelante, para que las resuelva el próximo gobierno.
En la política el acuerdo con el fondo votado por mayoría en ambas cámaras del congreso ha implosionado y dividido al Frente de Todos, enfrentado al Presidente que piensa que puede reordenarse la economía de cara a ganar las próximas elecciones y la Vicepresidente, ausente en la votación del Senado, que piensa que el acuerdo es un suicidio y que con él las próximas elecciones están perdidas. Son visiones totalmente opuestas. Kicillof afirmó “Esto incluso deja viejo el acuerdo con el Fondo porque los precios que había en relación a la energía, a alimentos y a tasas previos a cuando se discutió con el Fondo eran diferentes. Hoy hay precios de guerra» lo expresó ante empresarios de la UIA en la reunión del 22 de marzo. El conflicto político es más grave que el problema económico. “Nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio” canta Joan Manuel Serrat en “Sinceramente tuyo”.
La fractura expuesta en la coalición gobernante hace que el Presidente Alberto Fernández intente (hasta ahora infructuosamente) relanzar su gestión para fortalecer su imagen sensiblemente debilitada. Para ello el martes 15 de marzo creando suspenso dijo que el viernes 18 anunciaría su “guerra contra la inflación”. Lo que quedó después de su alocución es la enorme diferencia o asimetría entre el objetivo “bajar la inflación” y los instrumentos mencionados: «desacoplar los precios internos de los internacionales», «construir acuerdos con diferentes sectores» y «aplicar todas las herramientas del Estado para fijar y hacer cumplir las medidas necesarias» recetas que ya fueron probados y no dieron resultados. Nada dijo el presidente de la emisión y del déficit fiscal.
Seguramente Guzmán convenció a los funcionarios del Fondo Monetario para que en el acuerdo pongan que “la inflación es multicausal” y le contestaron, cansados del reclamo “ponemos que es multicausal pero por favor con el tiempo reduzca la emisión de pesos”. Sea cual sea la causa que genera la inflación nada vemos que se haga por atenuar sus golpes. Somos el único país en el mundo donde el control de la inflación la tiene el ministerio de la producción y no su banco central.
¿Por qué los números no cierran o será muy difícil que lo hagan?, la respuesta es sencilla y es que se han exacerbado las contradicciones económicas, por ejemplo: es bastante claro que tenemos necesidad de divisas (restricción externa) y que gravar las exportaciones, y permanentemente restringirlas como ocurre con la carne, harina de soja, aceite de soja, trigo, maíz no parece una buena manera de incentivar las ventas al exterior. El impuesto al cheque no es buen incentivo para que crezca el sistema financiero. La presión tributaria desalienta la inversión la creación de nuevas empresas y nuevos puestos de trabajo. Tomamos medidas de corto plazo que van a contramano de objetivos de largo.
Cuando se piensa que un electrodoméstico o un par de zapatos se adquiere en 12 o 18 cuotas y un inmueble se paga en moneda extranjera y de contado. Cuando vemos que aumenta la yerba mate y el gobierno limita su producción. Cuando en las economías regionales no se consigue personal para cubrir tareas de recolección en un país con alto desempleo. El país recuerda a María Elena Walsh cuando cantaba “Me dijeron que en el Reino del Revés nada el pájaro y vuela el pez…”.
Se critica al exitoso, la mayoría de las empresas no tienen rentabilidad, se limita la innovación, los ingresos salariales pierden la carrera contra la inflación y se cree que sin tener mucha relación con el resto del mundo podamos «vivir con lo nuestro» y la respuesta contundente es NO. Hay mucho por hacer, como reformar el sistema jubilatorio para generar incentivos para las personas que hacen aportes y que los jubilados no pierdan permanentemente poder adquisitivo. No hay crédito para la actividad privada, el sistema financiero es pequeño y el Estado funciona como una aspiradora de fondos que ya tiene al Central con más deuda en letras Leliq que su base monetaria. Hay que ordenar precios relativos. Los subsidios son una excelente herramienta económica que arruina su efectividad porque se utiliza como regla y no como excepción. Hay que reformar el sistema laboral, tenemos alrededor de seis millones de trabajadores informales y alto desempleo. Es muy perverso instalar la idea que todo lo puede resolver el estado y peor aún es cuando la sociedad ve que el relato queda en saco roto. Y podríamos seguir con una extensa lista de temas a corregir. Lo que decepciona es que hay gran cantidad de anuncios a veces grandilocuentes sin que veamos que el gobierno trabaje concretamente en la solución de los problemas que anuncia.
Con el Índice de precios al consumidor (IPC) tenemos otra incoherencia. Los precios regulados tienen un peso aproximado al 20/25% dentro del índice. Si ahora se desregulan y aumentan las tarifas como lo hicieron en marzo aumentará la inflación que es lo que queremos bajar.
Con inflación del 4,7% de febrero (en enero, 3,9%) y suponiendo un 5,5% en marzo donde habrá incremento de alimentos por aumento de trigo y maíz, ajuste en el precio de los combustibles, de gas y luz, como también autorización de aumentos a prepagas y colegios privados la inflación acumulada en el primer trimestre sería de 14,77% mientras que los jubilados, pensionados y beneficiarios de la AUH reciben en marzo un aumento del 12,28%, con lo cual es entendible la intención de que las jubilaciones le ganen a la inflación pero en este trimestre la guerra que impulsa Alberto Fernández tiene su primera batalla perdida.
También mencionó el Presidente; “vamos a ir contra los especuladores, los codiciosos, los que buscan una renta extraordinaria”, luego lo replicó el ministro Matías Kulfas y ya se tomó la medida de subir dos puntos las retenciones a la harina y al aceite de soja, esta suba y más controles o apelar a la Ley de Abastecimientos no son recetas efectivas para calmar la inflación según no los cuenta nuestra propia historia. En su poema “Mi País” Alberto Cortez dice: “Yo no sé si es inocencia o es conformismo a ultranza o simplemente insolencia por exceso de confianza. Antes de oír la sentencia, mejor pagar la fianza; al rescatar la conciencia queda libre la esperanza.” “¡Que inocente es mi país!”.
El anunciar que se lanza una canasta de 60 productos en comercios de cercanía y que 580 productos que tuvieron importantes aumentos retrotraen sus precios al 10 de marzo tiene sabor a poco, en esta guerra. Los que pregonan que la inflación es multicausal, deberían saber que, si queremos resolver el problema, todas las causas deben ser atacadas y vencidas en forma conjunta en un mismo momento y no vemos todavía que en esta guerra se actúe en esa dirección.
Las disputas en el poder solo generan “incertidumbre”, palabra nefasta para la economía, la guerra entre Rusia y Ucrania genera un contexto internacional impredecible que tampoco ayuda en la lucha contra la inflación. Necesitamos ordenar la macroeconomía en los próximos meses y solo así podrá verse una luz al final del túnel, pequeña o grande. Nos conformamos como diría Homero Manzi con “una luz de almacén”.
José Luis Stella
Licenciado en Economía