La construcción del momentum kirchnerista choca contra la inseguridad y la inflación. Milei es el enemigo perfecto del FDT. Juntos no define su estrategia y puede romper el contrato electoral con sus votantes. En Mar del Plata todo es incertidumbre.
Es difícil explicar el proceso pre electoral en el que estamos inmersos sin caer en la descripción de una alguna patología, y es aún más difícil hacerlo sin lastimar a aquellos individuos que las sufren. Dicho esto, intentaremos ser lo más didácticos posible dentro de los límites de la corrección política y editorial.
Los actores políticos sufren de una especie de verborragia o verborrea, que podríamos definir como una alteración cuantitativa del flujo del lenguaje, que se caracteriza por la aceleración y prolijidad del discurso y la dificultad para ser interrumpido: hablan sin parar, con poco feedback con la persona que los escucha. Esta conducta, en un grado menor, se asocia a la ansiedad y a los comportamientos egocéntricos.
Cabe destacar que cuando hacemos referencia a los actores políticos, lo hacemos en un sentido amplio: todos aquellos involucrados de manera directa o indirecta en el proceso pre electoral. La definición incluye a dirigentes, militantes, simpatizantes fanatizados y a los medios de comunicación.
Las redes sociales han permitido que infinidad de opinólogos, oportunistas o simples pillos, generen diminutos círculos de opinión que los medios masivos o especializados replican y amplifican por conveniencia o incompetencia. Esas corrientes de opinión muchas veces son fogoneadas por distintos dirigentes políticos a los fines de manipular tanto a los medios de comunicación como a sus propias bases.
Una vez aclarado que casi todos los potenciales lectores de esta columna como así también quienes participamos en su redacción y publicación estamos inmersos en ese círculo, nos adentraremos en explicar por qué sufrimos de verborrea. Una especie de autodiagnóstico para entender nuestro grado de ansiedad o egocentrismo.
Cuando el reloj electoral entra en su etapa final, la cuenta regresiva dispara nuestra ansiedad. Infinitos escenarios se tejen al ritmo de múltiples intereses. En ese contexto se sobredimensionan los gestos y parece que menospreciamos la realidad. Construimos una ficción.
El Frente de Todos, esa coalición electoral que supo reunir a casi todo el justicialismo, es especialista en fabricar escenarios. No es una crítica, es pura descripción. Dicen los que peinan canas que para muestra basta un botón: el puntapié de la campaña electoral de 2021 fue una pieza publicitaria de exquisita realización sobre la vacuna argentina contra el COVID 19. Decimos “pieza publicitaria” porque claramente “vendía” un producto, pero desde ya viraba a una propaganda cuando llegaba a cada receptor.
Para aquellos que no lo recuerden, era una misma historia narrada desde distintas perspectivas: paciente, personal de salud y vacuna (si, la vacuna cobraba aptitudes humanas y observaba pasivamente todo el proceso). Técnicamente impecables. Políticamente inexplicables.
Por aquel entonces, y pese a que la realidad era otra, el oficialismo logró que buena parte de los actores políticos reaccionen a la campaña, e incluso construyó algo que en la comunicación política se denomina momentum, que se emplea para indicar un impulso (flecha para arriba). Ese momentum se construyó con algunas encuestadoras amigas que publicaban dudosos informes que se replicaban en redes sociales alimentando a los medios y fanáticos. Una parte de la sociedad empezó a pensar que era inevitable un triunfo oficialista. Las urnas indicaron lo contrario.
En el mismo turno electoral se vivió otro momentum post PASO, esta vez el oficialismo ensayó una especie de autocrítica, simuló algunos cambios en el rumbo del gobierno y por arte de magia volvió a ser competitivo electoralmente. Parecía inexorable una remontada histórica en la provincia de Buenos Aires, pero en las urnas el momentum resultó insuficiente.
Toda esta descripción es posible solo si tenemos en cuenta nuestro insoportable grado de ansiedad electoral y nuestro egocentrismo desmedido. Los actores políticos, o el círculo político, ignora los intereses o preocupaciones de los electores, minimizando al ciudadano solo al rol de votante. Es por eso que quizás deberíamos inventar una nueva categoría en la comunicación política en la que no hablemos de publicidad ni de propaganda, ya que cada día los candidatos se parecen más a productos y los ciudadanos a clientes.

Algo similar ocurre por estos días. El ministro del interior dejó de ser tal para ser sólo Wado (ya hay quienes hablan de la “wadoneta”), el superministro volvió a tener aptitudes de superhéroe y Axel es indispensable para una provincia que de buenas a primeras lo ama. Todos los nombrados tienen una imagen negativa por encima del 64%, y son identificados como parte de una gestión nacional con niveles de aprobación que no llegan a los dos dígitos.
Primero fue la genial interpretación que el electorado está dividido en tercios (cuando aún hay más del 25% de indecisos), esta idea fue sustentada por algunos estudios de opinión pese a que sus resultados no reflejaban tal escenario, luego vino la infaltable convocatoria popular sobredimensionada y por último un par de globos de ensayo para tantear a propios y extraños.
El Frente de Todos eligió como enemigo a Javier Milei porque la contienda debe ser ideológica para minimizar la influencia electoral de una pésima gestión. Milei se siente cómodo en ese escenario y no duda en atacar por derecha a Juntos con argumentos endebles pero efectistas.
Todo es un show montado por egocéntricos para ansiosos. Si pisamos tierra firme nos topamos con que las principales preocupaciones en los grandes centros urbanos son la inflación y la inseguridad. Buena parte de la sociedad está alejada de palomas, halcones, leones y superhéroes.
Pero a todo esto: ¿a qué juega Juntos?.
Juntos es una coalición adolescente que todavía no comprendió que su fortaleza está en la diversidad y que sin competencia interna explotaría por los aires en un par de meses. Ejemplos sobran: en los distritos en donde las diferencias internas no se canalizaron vía primarias hubo quiebres y habrá traiciones.
Inexplicablemente muchos dirigentes pretenden eludir las primarias, pero esto sólo dejaría heridos dispuestos a ser recogidos por la ambulancia de alguna otra fuerza política a pocas horas del cierre de listas. No hay un solo estudio cuantitativo que indique que Juntos no sería la fuerza que reuniría más votos en las PASO. El PRO todavía parece no entender cómo funcionan las internas dentro de una fuerza política mientras el radicalismo entiende demasiado de internas. Esta combinación genera inestabilidad y se traduce en una ruptura del contrato tácito con sus potenciales votantes.

Los pre candidatos de JxC se pasan la mitad del día explicando que la interna que ellos mismos fogonean no es tan grave como sus mismos fanáticos afirman. Insisten en la construcción de un enemigo (la reedición del kirchnerismo todopoderoso) y no intentan ampliar la base de sustentación de la coalición. Repiten la máxima de los tercios cuando quizás deberían consolidar su piso cercano al 30%, para luego ir a buscar en los indecisos los votos para robustecer sus chances en las generales.
Parece un trabalenguas, pero si lo leen de nuevo es bastante simple.
En el circo en el que habitamos los “actores políticos” sin duda el FDT logra mantenerse competitivo pese a su espíritu autodestructivo, La Libertad Avanza parece ser un producto moldeado a las necesidades de un kirchnerismo en retirada y Juntos deambula a riesgo de ahogarse en sus propios temores.
Casi nadie se atreve a mirar por la ventana. Quizás tengan un poco de miedo, pero lo que se observa es tan claro que deja todo este análisis casi en el olvido: a casi nadie le importa casi nada de lo que están tramando. Hay muchos problemas para tan pocas soluciones. Los ciudadanos son más que meros clientes y solo están ansiosos por dejar de estarlo.
Si llegaron hasta acá, obviamente les importa que Guillermo Montenegro sigue deshojando la margarita, quizás depende de una sutil diferencia: Y o I. La duda radica en si al alcalde le permitirían ir pegado a más de una boleta, es decir evitar la interna. Si la respuesta es afirmativa Montenegro iría por la relección, caso contrario casi nadie lo sabe. Mientras tanto en el FDT esperan gestos y definiciones de CFK: Raverta irá por la intendencia, pero resta confirmar la importancia del Frente Renovador en el armado local y dimensionar la magnitud de los desplazados.
En definitiva, y a modo de despedida evocamos a Sócrates: en estos tiempos la sabiduría proviene precisamente del reconocimiento de la ignorancia.
Solo sé que nada sabemos.