Que las fuerzas del cielo nos acompañen

Que las fuerzas del cielo nos acompañen

Asistimos a la semana más deslucida en términos políticos de la gestión de Javier Milei. Mientras tanto Montenegro insiste en su nueva fórmula comunicacional y Kicillof sale de gira para sobreponerse a la interna peronista. Algunos datos se hacen esperar y los brotes verdes parecen quedar nuevamente en una expresión de deseos.

27 de mayo de 2024

El primer semestre de nuestra historia política cotidiana no quedará en el álbum de nuestros buenos mejores momentos. Sabemos que hemos sido incluso repetitivos en nuestros análisis, pedimos perdón por eso, pero a veces los protagonistas no ayudan ni siquiera para conjeturar alguna tontería que luego seguramente será desmentida por los mismos protagonistas o la cruda realidad. Nos la ponen difícil.

 

La semana de mayo nos dejó un Guillermo Montenegro enojado pero cómodo, un Axel Kicillof descubriendo una bandera tan gigante como inoportuna en una interna absurda pero quizás indispensable y un Javier Milei celebrando a media plaza un Pacto que no fue y al que muchos quisieron subirse no sin antes hacer su debut en una jornada olvidable en el Luna Park y una cuestionada nota en el Times que dejó en evidencia la posverdad libertaria.

 

Lo del alcalde ya es una historia que anticipamos. Su estrategia de proximidad “mediática” aburre por repetitiva y nos obliga a preguntarnos dónde quedó aquella aceitada maquinaría comunicacional que lo distinguió desde su regreso a la ciudad de la mano de María Eugenia Vidal. Montenegro elige algunos enemigos (señales puertas adentro y también puertas afuera) y anuncia un par de buenas noticias que a veces se demoran más de lo esperado.

 

Los últimos enemigos que eligió el intendente para reflejarse son el Sindicato de Trabajadores Municipales y el Gobernador Axel Kicillof. El conflicto gremial es una fórmula repetida que tuvo su punto culmine en la manifestación de un grupo de trabajadores en un evento deportivo que se llevó a cabo en el Polideportivo y que no solo despertó la ira de Montenegro sino también del encargado de cambiar la matriz turística de nuestra ciudad con dudosos resultados.

El evento deportivo sirvió para que la política local se muestre cómoda con la presencia de la vicepresidenta de la Nación, situación que dejó algunas postales que quizás en unos meses sean una pesadilla o el anticipo de una inevitable alianza inexplicable, pero la política es así: un juego en el que los jugadores solo cuidan su espacio vital y olvidan aquellos valores que los llevaron a entrar en la conversación.

 

Hay una cuestión que parece que casi nadie está dispuesto a analizar o no lo creen importante, pero que genera ruido en los pasillos municipales: muchos de los más fervientes militantes sindicales son de origen radical. El rol del radicalismo en el conflicto gremial enciende algunas alarmas ya que no solo el radicalismo inorgánico (que no responde los designios de la dirigencia) es parte de las protestas, sino que también algunos dirigentes orgánicos se expresan en duros términos en privado, pero también en público.

 

Al dilatado y agotador conflicto gremial se suma se suma el enfrentamiento con Axel Kicillof. Montenegro aún transpira anti kirchnerismo por conveniencia, el alcalde no es un hombre que se jacte de ser “gorila” por decirlo de alguna manera, pero cree que aún le rinde en términos electorales y de paso se posiciona como una alternativa política provincial.

 

En los últimos días a la supuesta intención de competir por la gobernación en una futura alianza anti peronista se sumó la posibilidad de un regreso triunfal a la vida judicial de la mano de su cercanía con el aspirante a cortesano Ariel Lijo. Lo cierto es que extrañamente estos rumores no surgen de elucubraciones periodísticas, sino que surgen de su entorno más cercano sin percatarse que la imagen es la de alguien que quiere escaparse. Quizás deberían centrarse en el día a día, pero no somos parte de los bendecidos por la cercanía así que mejor dejar actuar a los que saben.

 

Un dato: Montenegro deberá calzarse nuevamente el traje de equilibrista si la relación entre Macri y Milei sigue deteriorándose. El alcalde tiene ese don en su arsenal de recursos políticos, pero ese posible divorcio post Ley Bases tiene a muchos en vilo puesto que ya se aprestaban gustosos a ensayar el rugido de león. Las declaraciones de Cristian Ritondo anticipan una ruptura en el PRO o al menos una revisión metodológica en búsqueda de la supervivencia.

 

En la provincia parece estar dirimiéndose a cielo abierto la interna del pan-peronismo. El gobernador recorre el país mostrándose dispuesto a colaborar con otros jefes provinciales de distinto signo político pese a que su gestión no es lo suficientemente brillante como para derramarla a lo largo y ancho del país. La colaboración con la Provincia de Santa Fe esconde una lógica que va más allá de lo político: la penetración del narcotráfico ante una posible escalada del desempleo enciende todas las alarmas.

 

La consultora Zuban Córdoba publicó este domingo un informe en el que el gobernador bonaerense cuenta con un 49,2% de imagen positiva sobre un 49,6% de negativa, pero la sorpresa llegó de la mano de otro dirigente (que juega por fuera de la interna bonaerense), el diputado de Unión por la Patria Leandro Santoro ostenta un 50,4% de imagen positiva y un 40,1% de negativa. Ambos dirigentes se ubican por encima de Javier Milei y del resto de su gabinete.

La semana de Javier Milei quizás fue memorable en términos comunicacionales, pero dejó mucho que desear en términos políticos. El Senado de la Nación terminó por enterrar el Pacto de Mayo, el presidente cantó a oscuras (sin transmisión oficial) el tema de La Renga que se apropió y terminó una presentación que rozó el bostezo entonando ante un Luna Park semi vacío otro hit prestado que reza “se viene el estallido”.

 

El Luna Park fue un fallido intento en la constante búsqueda de demostración de aprobación popular en la que día a día agota sus recursos el primer mandatario. Un ejercicio de auto adulación que culminó en un re branding del logo de la oficina del presidente de dudoso buen gusto. En el medio Milei infló el pecho por la tapa de la revista Times pero dejó en evidencia que no se tomó unos minutos para leer la nota. La posverdad libertaria parece mostrar signos de desgaste.

 

Pero más allá del cotillón, Javier Milei decidió conmemorar el 25 de mayo con un discurso en el Cabildo de Córdoba, lugar en el que el que se iba a rubricar el Pacto de Mayo del que no supimos los detalles más allá que fue un intento fallido de presionar para la aprobación de la cuestionada Ley Bases versión 2.0.

 

Quizás por primera vez se observó un presidente dubitativo, repetitivo y sin su característica verborragia. La puesta en escena distó de la que soñaban hace unos meses, y quizás lo único para destacar fue la vaga convocatoria a un Consejo de Mayo (que se desprendería del Pacto) cuya integración es inviable y nos lleva casi inmediatamente a las convocatorias de Alberto Fernández. No estuvo a la altura de las expectativas.

 

El presidente en su discurso acuño una frase: “Esa generación, que puso en marcha los principios de mayo y que edificó una potencia mundial a partir de una tierra de bárbaros, fue la generación que hoy conocemos como la Generación de los del 80. Una generación que hoy nos ha dado a algunos de los mejores exponentes de los principios de mayo, como Mitre, como Sarmiento, como Avellaneda, como Roca, y también como Pellegrini, el gran piloto de tormentas”.

 

La presidencia de Avellaneda se inició también en medio de una crisis política y económica. El contexto era de caída de precios internacionales y asfixiantes servicios de deuda. Avellaneda se inclinó por equilibrar drásticamente las cuentas nacionales y cumplir con los compromisos contraídos. Hasta aquí, más allá de la referencia a la lejana década de 1870, Milei podría ver en Avellaneda un antecesor de sus políticas.

El proceso de normalización encabezado por Avellaneda se extendió por 3 arduos y agotadores años. La recuperación llegó de la mano de un incremento en las exportaciones sostenido por políticas de incentivo, pero los vaivenes de la economía despertaron también un incipiente movimiento industrial. Avellaneda sostuvo que la industria nacional debía protegerse no con tarifas aduaneras sino dándoles mercado a sus productos, achicando las distancias y los costos de transporte y garantizando inversiones, por tal motivo inició durante su mandato importantes obras públicas que redundaron en la mejora del servicio ferroviario y la red taquigráfica.

 

Javier Milei se pelea con la historia para imponer un relato que nada tiene que ver por lo menos con estos primeros meses de gobierno. Estructura una narrativa con reminiscencias borrosas por el paso del tiempo y fuera de contexto. Monta un show bizarro en plena crisis en algunas provincias y durante el primer ensayo de corrida cambiaria en épocas libertarias. Convoca a un Consejo para consolidar un pacto imaginario cuando ni siquiera pudo aprobar una Ley durante su gobierno pese a la permisividad de buena parte de la oposición. Protagoniza escándalos internacionales tan innecesarios como inoportunos.

 

La reseña es tan descriptiva de aquel kirchnerismo que soñaba con la eternidad que empieza a preocupar, no por el destino político de su proyecto sino por la desilusión y agotamiento que este tipo de procesos suele generar en la sociedad. Quizás hace algunos años todavía había margen para el fracaso o la ciega pasión del fanatismo y sus lógicas consecuencias, pero sin lugar a dudas nos hemos rifado como sociedad la oportunidad de tener un nuevo traspié como aquel y el margen de error es muy acotado.

 

Que las fuerzas del cielo acompañen a los argentinos de bien, aunque bien sabemos que ya no es suficiente con un slogan desteñido de campaña que pronto quedará en el olvido.

 

Hasta la próxima.

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