Las campañas comienzan formalmente el próximo 9 de julio. Las fuerzas políticas arrancan a calentar motores. La utilización de las redes como multiplicadores del mensaje. La sobreactuación como herramienta para ocultar la distancia con el electorado.
Los cierres de listas ya parecen lejanos recuerdos de los que solo quedan heridas que cicatrizarán o no al ritmo de algún resultado electoral. La campaña como tal comienza formalmente el 9 de julio, pero la sobredimensión de las redes sociales y la voracidad de buena parte de la dirigencia y de la militancia transformaron a los últimos 7 días, y seguramente también esta semana que comienza, en una especie de “teaser” de una producción audiovisual.
“El teaser (del inglés teaser, que significa rompecabezas), consiste en una campaña de intriga, también conocida como campaña de prelanzamiento o campaña de expectativa, y se trata de un recurso eminentemente publicitario que funciona como anticipo de una campaña, servicio o producto audiovisual. El teaser ofrece solo información fragmentaria, incompleta”. (Jaume E. VILASECA CORDERROURE – 2016 – Universidad de Barcelona).
En otras palabras, las coaliciones sólo mostraron un poco de lo que harán en sus campañas formales. Si… para aquellos lectores desprevenidos esto recién comienza e irá inexorablemente in crescendo.
La práctica de adelantar información fragmentaria e incompleta utilizando este periodo previo a las elecciones como un laboratorio es una particularidad que parece distinguir a este proceso electoral. En buena medida este fenómeno se explica en el uso (y abuso) de las redes sociales, que para mucho llegaron poco menos que para reemplazar la política tradicional: la del contacto directo entre humanos.
En la actualidad cualquier actividad de campaña se juzga en base a cómo funciona su publicación en redes. Es evidente que a muy pocos les interesa que fulano o mengano visiten un café en algún barrio de otra ciudad, pero en torno a esa visita se monta una maquinaria para darle un sentido particular a una caminata de tan solo un par de cuadras. Quizás esta modalidad nació con los famosos “timbreos” empleados por el PRO cuya virtud fue transformar en contenido audiovisual novedoso una actividad habitual en cualquier campaña electoral.
En este proceso Javier Milei es el ejemplo más evidente (pero no el único): su video llegando a Tierra del Fuego parece propio de un documental sobre The Beatles, pero cuando lo analizamos en detalle vemos que lo rodean apenas medio centenar de personas y que la incomodidad y euforia frente a la “multitud” parecen un paso de comedia bien ensayado.

Pero si tomamos el teaser como un elemento individual y no como un lapso de tiempo que se emplea solo como de prueba y error, algunos precandidatos lo han utilizado esta semana para lanzar distintas acciones en busca de mejor posicionamiento: Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli hicieron punta en este sentido y lanzaron más de una decena de mini spots multi plataformas que ya no hablan del cierre de listas, sino que podrían ser parte de la campaña propiamente dicha.
En este punto y ya alejándonos del concepto de teaser, nos encontramos con otra modalidad que parece cobrar fuerza: la polémica en redes sociales. Polemizar es parte de la lógica de las redes, pero la instrumentación organizada de un mecanismo de respuesta inmediato frente a los dichos de determinado candidato es algo penosamente novedoso.
No importa lo que diga, importa lo que determinado sector esté dispuesto a interpretar para salir al cruce con consignas que van mucho más allá de los dichos del protagonista: ocurrió con la tergiversación y magnificación de la frase sobre el fracaso macrista que le asignaron a Larreta desde otros sectores del PRO, y también ocurrió en nuestra ciudad con la respuesta acalorada de los candidatos de Juntos por el Cambio ante una declaración bastante oportunista y sin mayores estridencias de Fernanda Raverta. La titular de la ANSES utilizó una de esas frases que encontramos en la primera página del manual de obviedades electorales, pero desde el oficialismo decidieron no dejarla pasar, y lanzaron como carta de presentación en redes sociales un ataque desmedido.

La explicación a estas acciones la encontramos en el axioma que indica que “todo pasa por las redes sociales”, algunos lo reducen aún más y lo limitan a Twitter. Es verdad que las publicaciones son insumos para los medios, pero en la responsabilidad del comunicador está el analizar más allá de la sintaxis y no dejarse “operar”.
La empresa WeAreSocial registró que en 2022 los argentinos en promedio pasaron al día 3 horas y 11 minutos en las redes sociales. Las aplicaciones más utilizadas en nuestro país son:
YouTube: 95%.
WhatsApp: 92%.
Facebook: 90%.
Instagram: 76%.
FB Messenger: 62%.
Twitter: 52%.
Pinterest: 44%.
LinkedIn: 31%.
TikTok: 13%.
Según el portal statista.com la Argentina cuenta con 7,55 millones de twitteros, lo que equivale al 16,5% de la población total del país y al 19% de todos los usuarios de internet.
Estas cifras explican en buena medida algunos de los enigmas de esta campaña: la proliferación de canales de YouTube generando contenido en base a recortes de entrevistas, informes direccionados y reacciones sobreactuadas instalaron el fenómeno Milei.
La producción de contenidos exclusivos para Tik Tok se debe a que en nuestro país es ínfima la cantidad de personas que consumen esa red y está muy claramente segmentada, entonces la decisión de generar contenido cringe puede ser un error o un acierto para llamar la atención de aquellos a los que no le importa la política.
Pero la pelea de fondo es Twitter: tan sólo el 16,5% de la población del país se podría definir como usuaria de esa red social, el número de usuarios habituales es mucho menor y si tomamos en cuenta el caprichoso algoritmo impuesto desde que la compañía es comandada por Elon Musk lo que vemos es lo que queremos ver de acuerdo a nuestra conducta en esa y otras redes.
Una vez analizada esta información, y reconociéndonos usuarios de twitter, bien podríamos llegar a la conclusión que los políticos le hablan buena parte de su día a un porcentaje minúsculo de la población que cree que la crispación anónima, y muchas veces cobarde, es el motor del cambio social.
Los comandos de campaña saben de esta limitación, pero aprovechan la desfachatez que permite esta red social para imponer en base a esos mensajes disruptivos la agenda de campaña. En otras palabras, alguno dirá, “el despelote garpa y se habla poco de lo que no queremos hablar”. También sirve para falsear resultados de encuestas, generar pequeñas corrientes de opinión, “cancelar” a determinado candidato por supuestas declaraciones, etc.
Desde este modesto espacio intentaremos no caer en este tipo de prácticas, nos resultaría mucho más fácil distraernos en estas maniobras, pero lo importante deberían ser las propuestas y posicionamientos de cada candidato para que luego el sacrificado lector los evalué y tome una decisión.
No buscamos ser objetivos porque no renegamos de nuestra condición humana, solo intentaremos ser imparciales.
En el ejercicio de mantenernos alertas y no caer en la desesperación por escuchar o leer algo que no sea una obviedad, nos despedimos hasta la próxima prometiendo analizar la composición de cada coalición y los desafíos que enfrentan.