El gobierno de Javier Milei supera impedimentos, comete algunos errores y avanza. Luego de casi medio año de gestión se discute: ¿si hay atraso cambiario?, ¿cuando salimos del cepo? ¿recuperación en V o en U?. Termina la etapa de licuación y motosierra, en fuerte recesión y necesita diagramar otra fase del ciclo. Como en el GPS: ¡Recalculando!.
Para tres prestigiosos economistas Miguel Angel Broda, Domingo Cavallo y Carlos Rodríguez el tipo de cambio se está atrasando, Broda ha expresado que el dólar debería unificarse y estabilizarse en $ 1.500 mientras que Cavallo habló de $ 1.300. Otros dos economistas también prestigiosos, como Juan Carlos de Pablo ha dicho que si el BCRA compra dólares todavía no hay atraso y Ricardo Arriazu indica que si se logran las reformas estructurales no es necesario devaluar nuevamente. Tal vez para Broda, Cavallo y Rodríguez las REFORMAS se demoran demasiado, mientras que para J. C. de Pablo y R. Arriazu estamos con algo de tiempo para lograrlas. A fin de mayo con Guillermo Francos como Jefe de Gabinete se logró dictamen en Senadores para la ley Bases DILUIDA y dictamen para la reforma impositiva.
El Presidente, fiel a su esencia, calificó de ridículos y arrogantes (parafraseando a Hayek) a quienes quieren devaluar porque genera más pobreza y en la misma línea del pensamiento de Ricardo Arriazu el Presidente quiere realizar reformas estructurales, aunque la debilidad parlamentaria, los egos personales de los políticos le juegan una mala pasada. Además expresó: “Nadie puede establecer un tipo de cambio de equilibrio para comparar si estamos actualmente con un tipo de cambio atrasado o no”. Si nadie puede establecerlo, ¿por qué Milei puede?, ¿Quien es el arrogante?.
Está haciendo el ajuste a fuerza de orientar al mercado y sin expropiar. Lo dijo Milei en sus discursos “académicos” y admitió que ante la monumental crisis recibida, el gobierno sobrereaccionó. Con las tres palabras “No hay plata”, cortó la principal fuente de emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y “EL CEPO” no se saca porque tenemos mecanismos de emisión endógenos, todavía abiertos que el BCRA está cerrando. Entre los grifos abiertos mencionó: los pases remunerados del banco central, los puts que son seguros de cambio sobre títulos que tienen los bancos y la deuda de las empresas por el giro de los dividendos al exterior. Aseveró “resueltos estos tres problemas estaríamos en condiciones de sacar el cepo”.
El FMI, dijo que la Argentina sobrecumplió las metas y pone sobre la mesa, que va a necesitar cambiar la política monetaria. ¡Recalculando!
Sergio Massa dejó una economía impregnada de informalidad. Dejó minado el campo, y como principales problemas el salario real cayendo (alrededor de -15% en 2023), tipo de cambio atrasado que se negó a corregir como Ministro-Candidato. Recordemos que la economía viene estancada desde el 2011 y con el PBI fijo, el natural crecimiento de población hace que el producto per cápita caiga desde ese momento. La participación de los trabajadores en el producto cae desde hace siete años y también la productividad. Como corolario los salarios cayeron mucho más.
En momentos de crisis o de incertidumbre los empresarios se protegen aumentando el markup (margen de utilidades). Si agregamos la falta de dólares, los vencimientos de deuda tanto en pesos como en dólares, la pobreza, los problemas energéticos, la sentencia en el juicio por la estatización de YPF, nos pinta un panorama nocivo monumental lo que crea un clima tenso en materia económica.
Se encienden luces amarillas por la recesión, cuya evidencia principal es la caída brutal del rubro CONSTRUCCIÓN en marzo, fundamentalmente por el congelamiento de la obra pública con el fin de tener superávit fiscal. Cómo reverso de la recesión, la otra cara, es una beta positiva que ayuda al BCRA a la compra de dólares. Hubo falta de timing con la baja de la tasa de interés que fue muy abrupta y es una de las principales causas de que el dólar blue se despertara en la última semana de mayo. Con el control de prepagas y la postergación de los aumentos de gas y luz a los hogares, se frena el reacomodamiento de los precios relativos que es el primer paso para un plan de estabilización.
El enorme COSTO ARGENTINO tiene en sus componentes al ESTADO PRESENTE vigente desde los años de gobierno populista. Macri no supo desarmar los nudos y estamos más caros que cualquier otro país vecino. El Presidente lo sabe y en su discurso dijo que va a eliminar impuestos: primero el impuesto país, luego las retenciones, y por último el impuesto a los débitos y créditos, y la evidencia de que los queremos bajar es que no los coparticipamos, porque si lo hacemos no se eliminan más. Para que estos impuestos se eliminen el estado deberá achicarse aún más.
Los problemas son infinitos aunque hay algunas cuestiones positivas, como que Vaca Muerta comienza a funcionar. Otro dato positivo es que no hay sequía y que la crisis social que genera la recesión la mayoría de las personas la ve como un paso necesario para la salida, todavía mantiene la esperanza.
Como señala Miguel Kiguel “La licuadora y la motosierra fueron los pilares de la primera etapa del plan Milei-Caputo que permitió lograr el equilibrio fiscal base del ajuste macroeconómico y ancla del programa. Ha sido el principal logro del gobierno, sorprendió al mundo financiero y hasta al FMI, que a veces parece decir “no hacía falta ir tan rápido” en la reducción del déficit”.
La inflación, subió como resultado de la devaluación, los aumentos de tarifas y el sinceramiento de precios, luego fue bajando más rápido de lo que se esperaba, y todavía no encontró un piso, aunque a partir de Mayo en que las consultoras privadas pronostican un IPC de alrededor del 5% será más difícil bajarla por cuestiones inerciales.
El BCRA viene comprando dólares consistentemente desde diciembre (unos u$s 16.000 millones en lo que va del mandato) lo que ha permitido el pago a organismos multilaterales de crédito de alrededor de u$s 4.000 millones y de una importante recomposición en las reservas, al mismo tiempo que ha logrado una fuerte reducción de la brecha cambiaria.
Esta primera etapa, con sus muchas luces y algunas sombras llega a su fin. Aparecen los desafíos de la que sería una SEGUNDA ETAPA, llegó el tiempo, como dijo alguna vez Cristina Fernández, de la sintonía fina.
El faltante de GNC dejó en evidencia la necesidad de la Obra Pública. En lo fiscal habrá que pensar más en la sostenibilidad y la equidad que en la motosierra que no distingue la paja del trigo. Y si los salarios y las jubilaciones recuperan algo de lo perdido se reforzará la confianza.
La realidad sepultó la ley Bases y el pacto de Mayo, no hubo ley y no hubo pacto. El festejo fue con amigos, como dice Matías Bonelli una “celebración íntima”. Aunque Milei tiene la rara habilidad de torcer y transformar lo negativo a su favor.
No todo ha sido color de rosa. Estamos viviendo una fuerte recesión, sólo comparable con las de la pandemia y la del fin de la convertibilidad. También mencionamos la enorme caída del salario real y de las jubilaciones que le están pegando a gran parte de la población. Lo llamativo es que a pesar de estas malas noticias Milei sigue manteniendo una imagen positiva muy alta, lo que muestra un amplio apoyo a un programa, que aunque duela, genera esperanza.
El Gobierno se comprometió, en campaña, a desarmar desde el primer día, el CEPO cambiario. A seis meses de haber comenzado su gestión sigue en pausa. El gobierno argumenta que se necesitan más reservas (lo cual es entendible y posible) y más licuación de pasivos remunerados del Banco Central (primeros fueron las Lebac, luego las Leliqs y ahora son pases). Difícilmente haya un momento ideal para sacar el cepo y en el que el gobierno se sienta cómodo. Es posible pensar que son más los que esperan que se abra la tranquera (se saque el CEPO) para salir de la economía que para entrar en ella.
Quedan algunas incógnitas relevantes de una economía sin cepo, y es que no sabemos cual va a ser el régimen cambiario una vez que se lo saque. ¿Seguiremos con el crawling peg actual del 2% mensual o algo parecido? ¿Se adoptará un régimen de flotación sucia en el que el Banco Central deje flotar, pero intervendrá cada tanto para evitar fluctuaciones bruscas en el tipo de cambio? ¿Se optará por un sistema de bandas cambiarias poniendo un techo y un piso a la flotación cambiaria como alguna vez hicieron Chile o Israel para bajar la inflación? O tal vez, aunque improbable, se vaya a la prometida dolarización, que por el momento parece olvidada pero la idea puede resurgir.
Por último, y no menos importante, empieza a haber preguntas respecto de cuándo y cómo será la reactivación de la economía. Muy probablemente marzo y abril fueron el piso de la recesión y ya vemos números mejores para varios sectores en mayo. Mejores no significa buenos. Y pareciera que las chances de la famosa «V» son efímeras, porque factores que ayudaron a salir de la crisis del 2001 como un tipo de cambio real alto, o el boom de los precios de la commodities o una fuerte entrada de capitales en los próximos meses no parecen estar a la vista. Es cierto que el aumento del crédito ayuda, pero por ahora los créditos a la actividad privada representan una cifra insignificante.
Desde el inicio de la gestión la gente mira la baja de la inflación, los números fiscales, la compra de dólares y que los mercados y la población le vienen dando un voto de confianza al gobierno. Ahora pasamos de ese éxito inicial a una segunda etapa que requiere menos licuación y más sintonía fina, menos motosierra y más bisturí. El gobierno está ¡Recalculando!.
José Luis Stella
Licenciado en Economía