Panelismo político

Panelismo político

El destino de la Ley Ómnibus sigue siendo incierto. El oficialismo y sus socios que se auto perciben opositores lograron un dictamen que deja todo abierto a la discusión en el plenario. El cambio de la lógica política y parlamentaria.

25 de enero de 2024

El tratamiento de la Ley Ómnibus cuya ambiciosa denominación oficial es “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, y del subyacente DNU Nº 70, sigue dando tela para cortar en la Cámara de Diputados de la Nación.

 

Por algún motivo que nadie supo explicar, más allá de los aprietes y caprichos, se convocó al plenario de las comisiones que están tratando el expediente en horas de la tarde del martes sin que el oficialismo tenga los votos o firmas confirmadas, tal es así que las exposiciones, porque no hubo debate, se extendieron hasta casi las 2am momento en el cual finalmente se anunció con bombos y platillos que el bloque de la LLA había alcanzado los firmas necesarias para llevar el “bodoque” legislativo al debate en el recinto.

 

Llamó la atención de propios y extraños que el miércoles aún no existía una copia del despacho mayoritario, es decir los diputados que decidieron acompañar el proyecto firmaron una especie de “cheque en blanco”.

 

El acompañamiento de buena parte de la “oposición dialoguista”, es decir el apoyo de los socios que no se animan a decir que son parte de un acuerdo político que trasciende las orgánicas de los casi inexistentes partidos políticos, fue con disidencias: 34 fueron los votos en ese sentido sobre un total de 55. Un desatino, sobre todo si se confirma que la sesión se convocará recién para la semana que viene.

 

Pero más allá de los detalles nadie, o casi nadie, objeta la firma en disidencia cuando es sincera o frontal, en otras palabras se justifica en otro tipo de tratamientos y/o expedientes: apoyar el espíritu (o en general) pero objetar alguna cuestión puntual o en particular por ejemplo. En este caso la única excusa para justificar el acompañamiento fue que el pueblo votó “por un cambio”, pese a que cada uno de los legisladores exponía disidencias con el 90% del proyecto y también con el espíritu o núcleo del mismo. A menos que los firmantes escondan su real vocación de acompañar el nuevo paradigma impulsado en las “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” en un tibio respaldo institucional ya sea por vergüenza o por codicia.

 

Entre los legisladores radicales que firmaron el despacho se encuentra Martín Tetaz quién hizo “gala” del “panelismo político”: una chicana pensada para redes sociales para luego formalizar un obediente acompañamiento. Martín Tetaz y Javier Milei comparten un “modus operandi”. El “entretenimiento político” como cortina de humo.

 

En el repaso de este encontronazo montado para redes sociales encontramos algunas respuestas para las preguntas que aparentemente hace unos párrafos no las tenían.

 

Hace algún tiempo la política o los productores televisivos que no encontraban la forma de hacer atractivos sus productos para los operadores políticos, encontraron en el formato “reality político” la solución. Los formatos televisivos políticos tradicionales se sostenían solo por el peso de sus conductores y el rating ya no los acompañaba como en épocas de indignación del prime time, entonces optaron por vincular el entretenimiento con la agenda informativa. Desde ya que no podemos olvidarnos de la Noticia Rebelde o Caiga Quien Caiga, pero estos nuevos formatos eran diarios, sin guion y fáciles de “operar”.

 

La fórmula es sencilla: un panel variopinto repleto personalidades extremas, un cuidado equilibrio entre simpatizantes/periodistas kirchneristas y antikirchneristas (para que todo se caiga en la grieta) y una multiplicidad de cuestiones a tratar utilizando disparadores editados para bajar línea editorial.

 

La dinámica de abordaje era ridícula, todos hablaban al mismo tiempo discutiendo desaforadamente más de un tema demostrando escaso conocimiento sobre casi todo. Los programas emblema fueron los extintos Intratables y Animales Sueltos, ambos emitidos por América. Para participar de esa jungla televisiva hacía falta ofrecer algún diferencial. No ahondaremos en ese tema.

 

Estos formatos permitieron la irrupción de numerosos personajes que hacían política desde afuera de la política o directamente desde la anti política. Javier Milei fue la estrella de este formato, y su irrupción fue acompañada de un puñado de segundas líneas libertarias. Incluso muchos periodistas hicieron propio este estilo y lo siguen haciendo. Pero no fue Milei el único mediático con suerte: García Moritán, Carolina Losada, Amalia Granata y Martin Tetaz también aprovecharon la oportunidad. Alguno dirá con razón que el PRO en el afán de humanizar a sus candidatos había comenzado el camino de coquetear con el ridículo y profundizar el vaciamiento ideológico como contrapartida a la ideologización extrema del Kirchnerismo, pero estos formatos rompieron con la lógica amigable del PRO, puesto que siempre había que gritar más fuerte que el otro y en lo posible humillarlo. Youtube y Twitter hicieron el resto, recortes de las discusiones y títulos agresivos para lograr tráfico lograron que millones de personas se fanaticen o simpaticen con personajes mejor preparados para un set de televisión que para gestionar conflictos. La tormenta perfecta: el hastío para con la política de gran parte de la sociedad sumado a personajes que bombardearon a la política sin ningún condicionante más que el rating.

 

En esta lógica de la inmediatez y de la humillación se inscribe buena parte del disparate legislativo de estas semanas. La ley Ómnibus no es un error, es mucho más complejo. La decisión fue clara: plantear cientos de cuestiones para presionar y discutirlas en un par de horas, no escuchar la opinión de otro (porque ya suponemos lo que va a decir) y sobre todo humillar al que piensa distinto apelando casi siempre a la grieta o al pasado que eligen construir.

 

Pero la lógica del “panelismo político” vino acompañado de algunas prácticas propias de la injustamente denostada casta ya que las iniciativas tienen “resortes legislativos”: entre tantos temas que afectan a tantos colectivos la negociación está abierta para que muchos sectores logren sus pequeños objetivos individuales en menoscabo de un análisis pormenorizado del cuerpo normativo en su conjunto.

 

Es un proyecto de ley creado para negociar por “debajo de la mesa”, ya que en público según la lógica del panelismo negociar es ceder, ceder es perder y los “piolas” no pierden (tampoco envejecen, a eso se debe los injustificables memes mostrando a un Milei en modo Avengers), pero que tiene un par de objetivos claros: 1) la delegación de facultades o 2) la aprobación de aquellos proyectos que no podrían llevarse adelante sin esa delegación. En otras palabras, si la negociación reduce la ley a una anécdota las delegaciones deben ser aprobadas, y si no hay delegación la presión se ejercerá para aprobar algunas leyes indispensables para el plan de gobierno, por ejemplo privatizaciones y desregulaciones.

 

Aquellos que crean que el caos legislativo es un error de improvisados se equivocan. El caos en el que está sumergida la opinión pública hace 45 días es una herramienta para consolidar un plan de gobierno que sería mucho más complicado de abordar en un contexto normal.

 

Rápido, efectista, violento y estigmatizante. Así debe ser el tratamiento y la discusión, para lograr humillar a los que “no la ven” y mantenerse en el centro de la escena, porque en el “panelismo político” no rigen las reglas de la política, pese a que algunos creen inocentemente que la ven y militan causas ajenas para congraciarse sin darse cuenta que las reglas cambiaron y quizás pese a los esfuerzos ya no hay espacio para ellos.

 

Ojalá estemos equivocados.

 

Hasta la semana que viene.

 

 

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