Nos merecemos algo mejor

Nos merecemos algo mejor

El segundo debate presidencial estuvo de más. No hubo propuestas, apenas algunas denuncias trilladas. El encendido televisivo fue más bajo. La campaña entra en su último tramo de la peor manera.

9 de octubre de 2023

Quizás algunos nos ilusionamos con el primer bloque del debate. Todos los candidatos a excepción de Myriam Bregman mejoraron en relación a la semana pasada. La ilusión duró un suspiro. El segundo y el tercer bloque fueron de lo peor que se ha visto en materia de debates.

 

Patricia Bullrich se mostró mucho más firme, aunque partimos de una actuación penosa en el debate de la semana pasada, comenzó queriendo imponer su agenda y hasta por algún momento parecía lograrlo, pero bastaron un par de repreguntas para derribar el castillo de naipes. Si el consenso de los analistas indicaba que la semana pasada la candidata del PRO había perdido una chance, en este caso todo parecería indicar que logró no decepcionar (tanto) al menos a los propios e impidió o pospuso una diáspora que parecía inevitable.

 

Debía ganar claramente para lograr su momentum y no lo logró, aunque desde atrás se aseguró por unos días seguir en carrera.

 

Buena parte del empate en este desteñido debate se debe a que Javier Milei estuvo por debajo de su performance de la semana pasada. El libertario se reconoce como un bilardista empedernido y actuó en consecuencia. Tiró la pelota afuera en la mayoría de los temas, arriesgó muy poco, tuvo escasos momentos de lucimiento en alguna chicana esporádica y muy poco más. Su entorno dirá que no perdieron y para ellos es un triunfo. El león estuvo enjaulado, repetitivo y con la mirada perdida. Le faltó explosión en el último tercio de la cancha para seguir con la analogía futbolera.

Sergio Massa la volvió a sacar barata. El candidato de UxP es por lejos el más hábil de los postulantes, pero el contexto lo obliga a estar a la defensiva y eso quedó en evidencia en ambos debates. Intentó esbozar algunas propuestas pero como su credibilidad está por el piso entonces se desfiguran hasta quedar en simples promesas.

 

El punto positivo para Massa es el paupérrimo desempeño de Myriam Bregman: si la semana pasada todos pensamos que se le podía escapar algún voto por izquierda hoy quedó descartado. La mala noticia fue quizás un buen desempeño del cordobés devenido en federal Juan Schiaretti, que hasta se animó a confrontar con todos los presidenciables de igual a igual pese a que aún parece no comprender la mecánica del derecho a réplica.

 

 

¿Qué nos quedó en claro de este debate? Poco y nada. Es casi imposible que un ciudadano haya decido su voto con tan penosa actuación generalizada.

 

No se habló de la inexplicable y vigente Ley de Alquileres, no se mencionó el potencial de Vaca Muerta y cómo mejoraría nuestras vidas, no se ahondó en ninguna propuesta palpable en materia de seguridad (más allá del efectismo al que nos tiene acostumbrados) y menospreciaron la importancia del concepto de desarrollo humano, siendo Milei el único que lo definió pero para escapar de mencionar cualquier propuesta y disminuirlo a una visión meramente economicista, y quedó lejana aquella construcción confusa de Bullrich en la que hacía referencia al ser humano como el centro del cambio, era este el momento de explicarla y la candidata se entregó a las repetidas denuncias a la hora de abordar ese eje.

 

Semejante decepción no alterará las campañas en nuestra ciudad.

 

Cada uno seguirá su camino con algún ajuste territorial de último momento y haciendo hincapié en las nimiedades propias de los procesos electorales que no definen un resultado: reparto de boletas, fiscalización y demás cotillón.

 

El Concejo Deliberante seguirá casi paralizado y las chicanas se trasladarán a la red social X para que luego los medios amplifiquemos una campaña insignificante.

Quizás el análisis les resulte breve, pero el debate no dio para mucho más. La campaña en líneas generales no permite análisis muy profundos: es lo que poco que vemos y algunas intrigas que no nos importan.

 

Claro que merecemos mucho más, pero quizás el problema es que tomamos dimensión de la mediocridad que nos rodea cuando las urnas están a la vuelta de la esquina.

 

Tomemos nota y seamos un poco más exigentes, quizás sea la única manera que dejen de burlarse de nosotros.

 

Todo está más o menos igual que ayer, y eso no es necesariamente positivo. Hasta la próxima.

 

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