Como sucede en cada turno electoral parece que los candidatos se sientan a consensuar una agenda alejada de los problemas de los ciudadanos. Suenan algunas alarmas en el oficialismo: algunos ponen en duda el 37%.
En algún momento de esta campaña interminable jugamos a toquetear las agujas del reloj y afirmamos en alguna editorial que Guillermo Montenegro obtendría en las próximas elecciones el 37% de los votos válidos emitidos lo que le permitiría ser reelecto. El escenario deseado por el alcalde se basa en algunos supuestos:
Que el caudal de votos de Javier Milei no crezca en el Partido de General Pueyrredon (obtuvo cerca de 100.000 votos, algo así como el 27%).
Que el candidato a intendente de la LLA, Rolando Demaio no logre en las generales retener más del 75% de los votos de Milei.
Que Guillermo Montenegro logre al menos el 10% de los votos que obtenga en el tramo presidencial LLA.
Que Patricia Bullrich retenga el voto que obtuvo Horario Rodríguez Larreta y se mantenga de esa manera cercana o por encima del 35%.
Que JxC obtenga al menos un 25% dentro del segmento “nuevos votantes posibles”, un universo de aproximadamente 130.000 electores.
Si alguno de estos supuestos no se cumple el próximo 22 de octubre, el 37% estaría en peligro y la continuidad de Montenegro también.
Algunas voces empiezan a hablar de una elección más reñida de lo esperado. Suenan algunas alarmas.
Mientras tanto, las fuerzas políticas de la ciudad eligen no hablar de ciertas cosas. En cada turno electoral parece que los candidatos se sientan a consensuar una agenda alejada de los problemas de los ciudadanos, eligen nacionalizar la elección y quedarse entrampados en las mismas chicanas de siempre.

Apenas se hace mención a la inseguridad cuando Montenegro se “cuelga” de la propuesta de Patricia Bullrich de “devolver” Gendarmería a nuestra ciudad, pero más allá de eso los candidatos coinciden en condenar las tomas de tierras y en proponer una coordinación local ante la posible llegada de fuerzas federales. Bastante poco y sumamente previsible.
El transporte público parece ser un tema tabú, casi todos hablan de mejorarlo mientras el SITU duerme el sueño que antecede al fracaso en una comisión presidida por un miembro del oficialismo que no lo pone ni siquiera en consideración. La misma suerte corre cualquier iniciativa que verse sobre las aplicaciones de transporte.
En cuanto a la salud, Fernanda Raverta llenó sus puños de anuncios, entre ellos un nuevo hospital de la generosa mano de Axel Kicillof (y en menor medida de Sergio Massa), pero son obras que sin fondos provinciales o nacionales quedarían reducidas a una maqueta. Montenegro no tuvo otra alternativa que ser más cauto disfrazando sus limitaciones en austeridad y buscando a los mismos culpables de siempre.
Los principales candidatos coinciden en alinearse detrás del sueño petrolero como antídoto a la desocupación endémica, pero sin todavía comprender ni explicar cómo afectaría la matriz productiva y social de nuestra ciudad.

En materia de turismo el cimbronazo ocurrió durante el último debate cuando Bullrich se equivocó y desacreditó el programa PreViaje por confundirlo con los viajes de egresados impulsados por Kicillof, pero más allá de eso tampoco hay mucho para contar.
En definitiva por más que nos propongan despertar Mar del Plata o nos muestren en cada esquina un intendente con cara de vecino confiable, ninguno de ellos puede siquiera explicarnos la ciudad que sueñan cuando apoyan la cabeza en su almohada. Lejanos aquellos tiempos en que las plataformas electorales eran libros y los debates legislativos piezas de oratoria dignas de ser escuchadas y analizadas.
Qué decir del proceso electoral nacional: la elección local por suerte es un juego de niños frente al desatino presidencial.
Estamos inmersos en una campaña repleta de basura. Todo el tiempo sobrevuelan operaciones mediáticas que dejan al descubierto miserias por doquier, negadas por los protagonistas hasta que se vuelven insostenibles.
En este punto se abre una nueva ventana temporal en el multiverso electoral, porque hasta el último debate Patricia Bullrich basaba su campaña en su férrea oposición al kirchnerismo (casi como único argumento), bandera que Javier Milei logra arrebatarle gracias a la torpeza política de Alberto Fernández, pero fue Sergio Massa quien hizo tambalear su antikirchnerismo en sangre cuando contó graciosamente que mantiene reuniones amistosas con el futuro Ministro de Economía de un probable gobierno de JxC.
En este nuevo multiverso al parecer se acepta la amistad o cordialidad entre miembros de JxC y UxP, algo lógico pero inaceptable para muchos cuando en las primarias fustigaban a Larreta por su tibieza y tono conciliador.
Ante la ambigüedad o confusión de JxC, Sergio Massa hace malabares para atraer a cualquier votante que esté distraído ya sea radical, de izquierda, liberal o hasta del PRO, pero la economía claramente no lo ayuda y, volviendo a la torpeza política de Alberto Fernandez, algunos de los propios tampoco.

Javier Milei por su parte se maneja con cierta comodidad en el caos, todo está tan mezclado que hasta intenta justificar con cierto éxito el injustificable acercamiento con Luis Barrionuevo. El sindicalista es un desconocido para buena parte de los votantes de Milei. No es que el libertario sea indestructible electoralmente, la política ya no entenderá la composición ni las motivaciones de sus votantes y seguirá tirando golpes al aire.
En resumen, Bullrich intenta pegarle a Milei tratando de mostrarse racional sin dejar de ostentar el monopolio de antikirchnerismo, Massa cruza los dedos para que su núcleo duro se mantenga en el 30% más algún espantado de último momento por algún exabrupto del león, y Milei juega al antikirchnerismo discursivo para lastimar a Bullrich y así evitar el ballotage. La mediocridad al palo.
Pero más allá de este palabrerío la campaña es sucia: tenemos pendiente la investigación del manejo de fondos espurios de Insaurralde, saber que contiene el celular de Chocolate, una denuncia del Presidente de la Nación contra Milei por incentivar una corrida cambiaria y el reciente escándalo por supuestos audios en los que Melconian quedaría muy expuesto por posibles delitos en épocas en las que comandaba el Banco Nación durante la gestión de Mauricio Macri. Nadie sale ileso de este desastre.
Lo peor es que todo esto nos parece casi normal, con un dólar a $1000 y una inflación estacionada en los dos dígitos. Estamos sumergidos en la locura.
“Un tornado arrasó a tu ciudad y a tu jardín primitivo, pero no… mejor no hablar de ciertas cosas”.
Para aquellos que no lo saben, se dice que el tema de Sumo está compuesto entre otros por el mismísimo Indio Solari. En Argentina se aburre el que quiere, sorpresas hay en todos lados, algunas más gratas que otras, busquen la historia del tema en cuestión que es bastante interesante aunque quizás tampoco sea cierta. Como casi todo, nunca lo sabremos.
En medio de esta confusión generalizada nos despedimos hasta la próxima semana cuando encaremos quizás los últimos días de este desquicio electoral.