Alicia Zanfrillo, docente de Ingeniería Pesquera en la UTN Mar del Plata, advierte que la Inteligencia Artificial acelera desigualdades digitales preexistentes y demanda una alfabetización tecnológica urgente. Señala que el mayor obstáculo no es el acceso o el uso, sino la falta de interés, confianza o motivación para integrar las nuevas herramientas.
La velocidad con la que las tecnologías digitales se han instalado en la vida cotidiana no tiene precedentes. Desde el teléfono hasta la Inteligencia Artificial, los tiempos de adopción se redujeron drásticamente: mientras el teléfono tardó medio siglo en globalizarse, una red social como Instagram lo logró en dos años. La IA generativa, en cambio, solo necesitó un mes para alcanzar una difusión masiva. Este avance vertiginoso plantea enormes desafíos.
Alicia Zanfrillo, licenciada en Sistemas con formación doctoral en gestión de tecnologías y docente de la UTN Mar del Plata, analizó los efectos de estas transformaciones. Asegura que la discusión sobre la “brecha digital” debe ir más allá de la conectividad o el uso de dispositivos. “La primera desigualdad que se manifiesta es la motivacional: hay quienes no acceden a la tecnología porque no la desean o no confían en ella. Esa barrera, casi invisible, es anterior incluso al acceso físico”, explicó.
Zanfrillo distingue cuatro niveles de brecha digital: el acceso material, las habilidades, el uso efectivo y la motivación. En este último punto, advierte que no todas las personas se sienten interpeladas por la tecnología, y que esta situación se agrava en contextos donde conviven otras desigualdades: socioeconómicas, de género, edad o ubicación geográfica.
En este escenario, la irrupción de la Inteligencia Artificial profundiza las distancias. “Ya no alcanza con saber usar una computadora. Las personas, y en especial quienes están dentro o quieren ingresar al mercado laboral, enfrentan un nuevo umbral de exigencia. Se eliminan tareas rutinarias y se demandan nuevas capacidades, muchas de las cuales no se abordan adecuadamente en el sistema educativo formal”, señaló.
Para las organizaciones, la transformación digital también se volvió ineludible. Zanfrillo explica que la adopción de herramientas de IA va mucho más allá de incorporar software: implica modificar estructuras, decisiones y procesos en tiempo real. La trazabilidad, el mantenimiento predictivo, la detección de errores automatizada y el diseño de escenarios operativos ya son parte del presente.
“El gran desafío está en que estas herramientas no profundicen la exclusión. Porque cada innovación genera nuevas oportunidades, pero también amplifica las tensiones si no hay políticas públicas activas para acompañar la transición”, sostuvo la especialista. La alfabetización digital crítica, la formación en habilidades blandas y el acceso equitativo a las herramientas tecnológicas aparecen como condiciones indispensables para que la revolución digital no deje a nadie atrás.