La inseguridad dejó de ser una sensación para convertirse en una realidad cotidiana que atraviesa a todos los barrios. Mientras los vecinos reclaman respuestas urgentes, la Provincia y el Municipio parecen incapaces de ofrecer un plan que devuelva tranquilidad a una ciudad donde el delito avanza con una impunidad cada vez más preocupante.
Hay momentos en los que una ciudad llega a un límite. Y todo indica que Mar del Plata atraviesa uno de ellos.
La última semana volvió a dejar una sucesión de robos a mano armada, entraderas, comercios asaltados y motochorros que actuaron con una impunidad difícil de comprender. Hubo delincuentes que cometieron hasta tres hechos en un mismo día y en la misma zona, movimientos registrados por cámaras de seguridad privadas que muestran cómo recorren las calles sin que nadie logre detenerlos. La pregunta surge sola: ¿dónde está el Estado?
Los vecinos ya no hablan de casos aislados. Hablan de una rutina. De salir a trabajar con miedo, de mirar hacia todos lados antes de guardar el auto, de esperar el colectivo con desconfianza o de evitar determinados horarios porque sienten que la calle quedó en manos de los delincuentes. Adaptarse al delito nunca debería ser una forma de vivir.
Las protestas que se multiplicaron en las últimas horas en distintos barrios reflejan un hartazgo que viene creciendo desde hace tiempo. El reclamo es claro: los motochorros circulan a cualquier hora del día con total tranquilidad mientras la presencia de móviles policiales realizando tareas de prevención resulta cada vez más escasa. La sensación de abandono es absoluta.

La mayor responsabilidad en el combate contra el delito recae sobre la Provincia de Buenos Aires, que tiene a su cargo la Policía Bonaerense. Pero eso no exime al Municipio, que también debe asumir un rol activo en la prevención, la coordinación y el monitoreo. Sin embargo, el Centro de Monitoreo Municipal tampoco consigue mostrar resultados que transmitan tranquilidad. Las cámaras parecen registrar lo que ocurrió, pero no evitar que ocurra. La justicia también esta apuntada, tiene una cuota importante de responsabilidad. Una justicia que esta muy lejos de la gente.
Mientras tanto, buena parte de la dirigencia política continúa enfrascada en discusiones que poco tienen que ver con las prioridades de la sociedad. Se debate sobre Punta Mogotes, el estadio Minella, la nocturnidad o las disputas partidarias, mientras miles de marplatenses sienten que ya no pueden caminar tranquilos por su propio barrio.
Desde el Foro Municipal de Seguridad describieron con crudeza una realidad que muchos vecinos padecen todos los días: chicos que no pueden salir a tomar el colectivo, trabajadores que tienen miedo de ir a cumplir con sus obligaciones y barrios donde los motochorros parecen haberse adueñado de las calles. También reclaman una mesa de trabajo conjunta entre Municipio, Provincia y Nación, algo que hasta hoy sigue sin concretarse.
La seguridad dejó de ser un tema más de la agenda pública. Es la principal preocupación de miles de familias que, además, enfrentan una situación económica cada vez más difícil. No llegar a fin de mes y vivir con miedo forman una combinación explosiva.
La protesta de los vecinos tiene destinatarios claros: la Provincia y el Municipio. Ambos tienen responsabilidades. Ambos deben escuchar. Y ambos están en deuda con una sociedad que ya no pide promesas ni discursos, sino respuestas rápidas, concretas y visibles. Porque cuando el miedo se vuelve parte de la vida cotidiana, el fracaso del Estado deja de ser una discusión política para convertirse en una realidad imposible de ignorar.