Una decisión administrativa del jefe de Gobierno porteño desató una disputa interna entre los principales referentes de la oposición. Mientras tanto Kicillof oficializó la asignación de fondos presupuestados para nuestra ciudad.
El escenario político está pausado ante la disputa desatada en el PRO capitalino, y no es para menos. Pero más allá de eso en nuestra ciudad suceden algunas cosas que, casi como por arte de magia, reflotan debates y declaraciones que por repetidas parecen mostrar un increíble desprecio por la gestión.
El intendente Guillermo Montenegro estampó su firma ante la mirada del gobernador Axel Kicillof en el marco del programa “Municipios a la Obra” por el que General Pueyrredon recibirá alrededor de 1.500 millones de pesos para la realización de obras viales, refacción de peatonales y el reacondicionamiento de un hogar de adultos mayores. Por su parte el ministro Kreplak confirmó que se llevará a cabo la tan ansiada, esperada y demorada obra que permitirá que el HIGA cuente con servicio de gas. Mientras tanto, Raverta se puso el traje de candidata y recorrió una plaza.
En definitiva todo esto deja en el aire la sensación que una ciudad de más de 600.000 habitantes debe mendigar y agradecer a la provincia recursos que le corresponden según el presupuesto para que desde La Plata decidan cuándo y cómo los bonaerenses que vivimos en Mar del Plata tengamos una mejor calidad de vida. Es aquí en dónde el debate sobre descentralización y autonomía municipal cobra importancia de cara al futuro.
Desde el oficialismo local redoblaron críticas y la oposición defendió la gestión de Kicillof. Un escenario repetido que sólo cobra importancia ante la llamativa parálisis política y legislativa. No hay respuestas ni soluciones frente a los problemas cotidianos, solo espasmos para sofocar escenarios de crisis.
Parte de esta quietud y comodidad se debe a que muy pocas veces el escenario político local exhibió una dependencia tan marcada por el ritmo de escenarios nacionales y provinciales. Mar del Plata siempre fue condicionada por las decisiones que se toman a kilómetros de la municipalidad, pero este año es aún más evidente.

La suerte del Frente de Todos a nivel local depende casi exclusivamente de la faena electoral del gobernador, Axel lo entendió y comenzó el operativo Kicillof. Es una jugada bastante compleja porque cuando una obra llega a un barrio suele ser el intendente quien capitaliza la gestión, pese a que los fondos vengan de provincia. Miserias de la política, ya que en definitiva tanto el Intendente como el Gobernador deberían trabajar en conjunto para velar por los intereses de los marplatenses y batanenses en lugar de considerarnos un botín electoral.
Pero más allá de nuestras disputas cotidianas la política entró en crisis por una decisión que el jefe de Gobierno porteño hizo pública a principios de semana y que sólo debería importarles a los porteños.
Todo lo que ocurre en CABA tiene una repercusión desmedida, y más aún cuando esa decisión enfrenta a dos de los principales pre candidatos a presidente por la oposición.
Es complejo explicar que la decisión de Larreta no es más que cumplir con una ley impulsada entre otras fuerzas por el PRO y que en definitiva los porteños votarán el mismo día para presidente y para jefe de Gobierno solo que a nivel local utilizarán el sistema de boleta única electrónica. A simple vista es casi una decisión administrativa, más allá de los cuestionamientos puntuales en relación a la contratación del servicio técnico que se utilizará.
Pero la discusión es otra y trataremos de explicarla: los candidatos porteños no irán pegados a una lista sábana (cómo las que tenemos en provincia) sino que se elegirán por separado, esto impide el arrastre de un candidato fuerte que favorecía a un candidato débil. Entrando en el campo de los nombres propios, Jorge Macri se tendrá que ganar cada voto que obtenga. Esto despertó la furia de buena parte del PRO que parece borrar con el codo lo que escribe con la mano.

Las disputas internas en los partidos políticos son parte del proceso electoral y no deberían alarmar a muchos desprevenidos por inoportunas que parezcan, pero llama la atención que una fuerza política adolescente como es el PRO desnude de manera tan brutal sus diferencias y su apego a prácticas que solían denostar cuando no les convenían. Lo que hizo Larreta no es más que brindar mayor autonomía al votante porteño, que en definitiva elegirá los candidatos que crea son los mejores para gestionar la cosa pública. No hubo un cambio en las reglas de juego, no se cambió la fecha ni se evitaron las PASO.
Tan desmedida y absurda fue la respuesta de María Eugenia Vidal, Mauricio Macri y Patricia Bullrich que gran parte del radicalismo se metió de lleno a jugar la interna del PRO y el mismísimo presidente del Comité Nación de la UCR salió a respaldar la decisión de su potencial contrincante en las primarias de Juntos. Las radicales saben mucho de internas, quizás demasiado. Soplan vientos de acuerdo entre palomas.
La aplicación de la boleta única en la provincia de Buenos Aires sería una bendición para partidos vecinalistas y los oficialismos divergentes al poder que se ejerce desde La Plata.
Al no existir el arrastre ni el corte de boleta existirían menos condicionamientos. Es difícil jugar a modificar el pasado pero quizás Daniel Katz nunca hubiera dejado el radicalismo para abrazarse a la Concertación impulsada por Néstor Kirchner ni Acción Marplatense hubiera cajoneado su vocación vecinalista. Incluso si nos estacionamos en el presente Montenegro quizás no sería Intendente, y ya siéndolo no estaría tan expectante a las rencillas entre Larreta, Macri y Bullrich.
Buena parte del PRO hizo de la boleta única una bandera hasta que la coyuntura le marcó otro camino, entonces levantó otra bandera ligada a vaya a saber qué promesa o juramento. Esta disputa ínfima paralizó a buena parte de la política y eclipsó en los medios la crisis por sucesivas tragedias ligadas a la inseguridad en la provincia de Bs As. Hace tan solo una semana el ministro de seguridad bonaerense era expulsado a los golpes de una manifestación por un asesinato que desde el oficialismo provincial vincularon impunemente a una operación de la oposición. Parece que ocurrió hace meses. Demasiado dolor para olvidar tan rápidamente.
La despiadada interna del PRO no hace más que ponerlos frente a un espejo y la imagen que se proyecta es muy parecida a la que dicen enfrentar. Los trapos sucios se limpian en casa, y parece que hay políticos que sienten que su hogar es Twitter o la pantalla amiga de algún canal de noticias.
Todo esto repercute en la escena local. La dirigencia local parece petrificada a la espera de los movimientos de la centralidad política.
Quizás sería oportuno que está crisis absurda y ajena los despierte y les demuestre que no hay mejor camino para ganar una elección que hacer el trabajo para el cual fueron elegidos o para el que se creen aptos, el poder se construye muchas veces de abajo hacia arriba y es un buen momento para intentarlo, sacar del cajón del escritorio de turno esos sueños que abrazaron cuando las oficinas y la comodidad eran aún lejanas.
Muchos de sus potenciales votantes están esperando que se ocupen al menos por un rato de ellos.