Esta reseña periodística es un abrazo reivindicatorio para Lio Messi, un Dios futbolero tan terrenal como Diego, el otro Dios. Menos pecaminoso, pero tan talentoso como él. Un 10 que aún, más allá de todas las críticas injustas, lleva la pelota dentro del pie.
a Liber Fernández
“Así como Maradona lleva la pelota atada al pie, Messi lleva la pelota dentro del pie. Lo cual es un fenómeno físico. Inverosímil”
Eduardo Galeano
Comienzo a desandar las primeras líneas de esta crónica periodística advirtiéndole a cada uno de los potenciales lectores que quien escribe es un ferviente admirador de Diego Maradona, un acérrimo y muy orgulloso maradoniano, un mendigo de buen fútbol que cree además, como el inolvidable Osvaldo Turco Wehbe, que Mario Alberto Kempes es por implicancia y transcendencia el segundo mejor número 10 de la historia mundialista de la Selección Argentina.
Por tanto, garabateo el prefacio de esta pretenciosa defensa futbolera sin acudir a expresiones propias de un fanático simpatizante del crack catalán, reflexiones que en muchos casos se emiten desde el exacerbado encanto que suele irradiar el talento sin par de Lio Messi, protagonista principal de esta nota. Enumero aquí un puñado de virtudes que han consagrado al ídolo blaugrana como el jugador más importante de la historia del Fútbol Club Barcelona.
Ensayo en medio de las más absurdas, crueles e infames críticas al rosarino una osada reivindicación para un fantasista que trasciende lo que pasa dentro de un campo de juego, esgrimo los argumentos que ratifican en los hechos que Messi es mucho más que el principal emblema futbolístico culé. Lio Messi es sin lugar a dudas, como también lo manifestó Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, un ícono inseparable de la ciudad.
La apabullante derrota en Champions League frente al Bayer de Múnich y la ausencia de títulos durante la pasada temporada, aceleraron el despido de Quique Setién y pusieron en tela de juicio la continuidad de los principales referentes del plantel, de los históricos. Los medios y los simpatizantes catalanes manifestaron abiertamente su enojo con los jugadores, con el entrenador saliente, con la dirigencia y con su capitán, máximo artillero de la Liga con 25 goles, marca que lo consagró Pichichi por séptima vez en su trayectoria, lo que significó además, un nuevo récord para el certamen español.
Primera observación sobre el rendimiento del astro argentino durante la campaña 2019-2020 del Barça. Cierto es que Lio no tuvo su mejor rendimiento, tan cierto como que jamás se logró ensamblar desde el cuerpo técnico un funcionamiento grupal óptimo, tan cierto como que el capitán no juega solo y que el resto de la plantilla, especialmente los futbolistas más cotizados, nunca estuvieron a la altura de las circunstancias en ninguno de los campeonatos que se disputaron.

La severidad y la dureza en los cuestionamientos hacia su líder llaman poderosamente la atención, sobre todo si se analiza puntillosamente la carrera y los éxitos alcanzados por Lio Messi desde el día de su debut en el primer equipo. El argentino, mal que les pese a muchos compatriotas, hinchas de Newell´s incluidos, es un auténtico producto de la Masia de Can Planes. Un futbolista formado, forjado y educado en la cantera catalana bajo los conceptos técnicos y tácticos que Johan Cruyff supo trasmitirles años atrás a los formadores de jóvenes promesas blaugranas.
En Cataluña el deporte ha tenido y tiene un desarrollo tan exponencial que se ha convertido en los últimos años en una herramienta de transformación cultural, social y económica de la ciudad. Muchos, por ejemplo, entienden y esgrimen con sólidos fundamentos que la realización de los Juegos Olímpicos en 1992 fue un punto de quiebre, un punto de inflexión que potenció las bondades históricas y los valiosos atributos culturales de Barcelona. Vale recordar que Cataluña es el territorio español con mayor número de bienes protegidos por la UNESCO.
Según datos estadísticos del año 2019, Barcelona recibe más de 12 millones de visitantes al año, entre turistas vacacionales y de negocios, que están una media de 2,5 noches promedio. El sector turístico es uno de los motores principales de la actividad económica de la región, con 150.000 puestos de trabajo directos e indirectos; genera el 8,6 % de la ocupación de la ciudad y es la cuarta actividad en creación de riqueza: el 7,3 % del PIB. Barcelona concentra una de cada tres empresas turísticas de Cataluña y casi cuatro de cada seis puestos de trabajo, y recauda más de la mitad de los ingresos del impuesto turístico de todo el país.
Allí, como uno de los principales focos de atracción, ocupa un lugar de privilegio el Fútbol Club Barcelona, su mítico estadio Camp Nou y por supuesto su pequeño Rey en pantalón corto y botines: Lio Messi. La arquitectura messiánica, creo desde mi humilde opinión, es tan importante en el desarrollo de la identidad catalana como las obras de Antoni Gaudí, padre y máximo referente del modernismo español.
Gaudí nació el 25 de junio de 1852 en Reus, el Baix Camp. Como autor, como artista, se referenciaba en la naturaleza para diseñar los planos que darían posteriormente vida a cada una de sus innovadoras construcciones. Fue un arquitecto que seguía un método basado en la técnica del ensayo y el error, que experimentaba con maquetas realizadas a escala en los talleres que siempre instalaba en cercanía a las obras que debía realizar.
Cuando cumplió 31 años de vida se le encargó la construcción de la Sagrada Familia, emblemático templo cargado de simbolismos, una iglesia católica a la que dedicó todo su esfuerzo. Gaudí murió el 10 de junio de 1926, tres días después de haber sido atropellado por un tranvía cuando se dirigía a la iglesia de San Felipe Neri para visitar a su confesor. Iba indocumentado y por su aspecto descuidado varios transeúntes y conductores lo confundieron con un mendigo y no acudieron en su auxilio.

La Basílica todavía no fue terminada, la misma cuenta con el apoyo económico de los habitantes de Barcelona quienes piensan y desean la finalización total del proyecto ideado por Gaudí para mediados de junio de 2026, año en el cual se conmemorarán los 100 años de la muerte del excepcional arquitecto catalán. Un hombre que amaba lo que hacía, un creador que decía que “para hacer las cosas bien es necesario: primero, el amor, segundo, la técnica”.
Lio Messi, personaje central de esta crónica periodística, genuino representante de la raza de jugadores que aman el juego y poseen una técnica que les permite hacer bien las cosas, tiene tatuado en su brazo derecho un dibujo que está inspirado en la Sagrada Familia. En el codo lleva los ornamentos de uno de los vitrales del templo. Un rosetón que el propio jugador le pidió a su tatuador Roberto López como símbolo indeleble y perpetuo de pertenencia. “Fue un encargo suyo y fue muy explícito al respecto de lo que quería. Barcelona es su sitio. Es su vida. Podría vivir o jugar donde quiera, pero se queda aquí. Él quiere estar en Barcelona”.
Quienes hemos tenido la fortuna de conocer la basílica catalana quedamos embelesados ante la majestuosa luminosidad que irradian al interior de la iglesia cada uno de los vitrales diseñados por Joan Vila Grau. La luz penetra matemáticamente en cada espacio y constituye una magnánima sinfonía de colores que emociona, que cautiva, que no nos permite quitar la vista ni por un instante. La Sagrada Familia es una maravillosa acuarela policromática donde los rayos del sol configuran una perfecta y equilibrada obra de arte montada sobre gigantescos bloques de cemento.
Reitero, quien escribe estas líneas es un maradoniano de ley, uno más en la extensa lista de fieles futboleros que creen que Diego es el mejor de todos los tiempos. Un mendigo de buen fútbol que se conmueve, imposible no hacerlo, con el talento inconmensurable de Lionel Messi. Admirador incondicional de su carrera endiablada, de su gambeta indescifrable, de sus imprevisibles cambios de ritmo, de su latigazo certero y ciento por ciento eficiente. De su inacabable ráfaga goleadora, de su instinto asesino en el área rival. De su excelsa pegada. De su guapeza para sobreponerse a los patadones de los defensores, de su desapego a las quejas caprichosas ante las fallas arbitrales que lo perjudican. De su condición humilde, lejana a las tapas obscenas de las revistas del sistema. De sus silencios respetuosos cuando la crítica lo abofetea sin contemplaciones. De su pasión futbolera sin gestos ni parloteos demagógicos.

Escribo esta crónica reivindicatoria con la intención de redimir y refutar las críticas injustas de muchos culés que parecen carecer de buena memoria y a lomo de una mala campaña hostigan al mejor de futbolista de la historia del Barça. Junto a Maradona, Di Stéfano, Cruyff y Pelé, integrante de la mesa chica del fútbol mundial.
Creo, pienso, aventuro que Lio Messi es al Barcelona lo que los vitrales de Grau a la Sagrada Familia. Messi es la luz que penetra matemáticamente en cada espacio y constituye una magnánima sinfonía de colores que emociona, que cautiva, que no nos permite quitar la vista ni por un instante. El Camp Nou con Lio en cancha es una maravillosa acuarela policromática donde los rayos del sol configuran una perfecta y equilibrada obra de arte montada sobre gigantescos bloques de cemento, donde un pequeño Dios terrenal, tan terrenal pero menos pecaminoso que el otro Dios, nos recuerda que en la cancha el milagro siempre será posible.
Porque Lio Messi en Cataluña, como Antoni Gaudí, es el arquitecto de un sueño que perdura intacto a pesar del paso del tiempo. Líder y conductor natural de una obra construida desde el amor de los fieles simpatizantes blaugranas, una obra maestra que, al igual que la Iglesia que pensó el padre del modernismo catalán, todavía no está terminada.
Mario Giannotti