Por primera vez en los registros recientes, las defunciones superaron a los nacimientos en territorio bonaerense. La caída sostenida de la natalidad y un nivel de mortalidad estable pero elevado marcaron en 2025 un saldo natural negativo que confirma un cambio estructural.
La provincia de Buenos Aires atraviesa una transformación demográfica de fondo. Los datos oficiales más recientes muestran que, en 2025, la cantidad de personas fallecidas fue mayor que la de nacimientos, un fenómeno inédito en la serie cercana y que consolida una tendencia que se venía gestando desde hace varios años.
De acuerdo a los registros del Registro de las Personas, durante el último año se inscribieron poco más de 121 mil nacimientos, mientras que las defunciones superaron las 134 mil. El cruce de ambas curvas marca un punto de quiebre en la dinámica poblacional del distrito más grande del país y deja en evidencia que el retroceso de la natalidad ya no puede explicarse como un hecho circunstancial.
El descenso en la cantidad de nacimientos es claro y persistente. Año tras año, las cifras muestran un retroceso sostenido: de los casi 187 mil nacimientos registrados en 2020 se pasó a poco más de 166 mil en 2021, 154 mil en 2022, 141 mil en 2023 y algo más de 131 mil en 2024, hasta llegar al piso observado en 2025. En términos cotidianos, la comparación es elocuente: mientras que a comienzos de la década nacían más de 500 bonaerenses por día, hoy esa cifra ronda apenas los 330. El promedio anual del período 2020-2025 se ubica en torno a los 150 mil nacimientos, muy por debajo de los valores históricos de la provincia.
El comportamiento de la mortalidad siguió un recorrido diferente. Tras el impacto extraordinario de la pandemia, 2021 quedó como el año con mayor número de fallecimientos de la década, con más de 167 mil muertes registradas. Luego de ese pico excepcional, las cifras descendieron, pero se mantuvieron en un nivel alto y relativamente estable. En la actualidad, el promedio anual ronda las 145 mil defunciones, un volumen que, combinado con la baja natalidad, empuja al saldo vegetativo a terreno negativo.
La serie histórica también deja ver patrones estacionales que se repiten con regularidad. Los meses de invierno, especialmente junio y julio, concentran tradicionalmente la mayor cantidad de fallecimientos, mientras que hacia el final del año, en noviembre y diciembre, se registran los niveles más bajos de nacimientos.
Los primeros datos de 2026, aún incompletos, profundizan la señal de alerta. En el arranque del año, las muertes registradas superan ampliamente a los nacimientos, con una relación que llega a triplicarlos. Si bien se trata de información parcial que debe interpretarse con cautela, refuerza la idea de que el cambio demográfico no es pasajero.
Este escenario no es exclusivo de la provincia de Buenos Aires. Forma parte de un proceso más amplio que atraviesa a la Argentina y a buena parte del mundo, marcado por la caída de la fecundidad, la postergación de la maternidad y paternidad y las transformaciones económicas y sociales. En territorio bonaerense, los números oficiales confirman que ese futuro proyectado ya comenzó a materializarse en la estadística y plantea nuevos desafíos para las políticas públicas de los próximos años.