La gestión de la pandemia en nuestra ciudad no estuvo exenta de volantazos y contradicciones, propios de la magnitud de la crisis. ¿Estamos en condiciones de seguir improvisando?.
Sería tedioso y tendencioso juzgar la gestión de un evento casi imposible de prever. Los oficialismos repiten hasta el cansancio que se toparon con una situación que ocurre cada 100 años.
Lo cierto es que del repaso de lo ocurrido en estos casi 2 años de crisis sanitaria constante, nuestra ciudad viró de un tempranero espíritu restrictivo hacia un concepto de “salud + trabajo”, casi siempre desafiando las posturas provinciales.
En un principio el rol de la Secretaria de Salud fue protagónico. Se puso al frente de la situación, siempre acompañada por el Intendente. Es más, ante lo desconocido, adelantaron medidas que nunca se llevaron adelante, como es el caso de los testeos masivos en postas barriales allá por el mes de abril de 2020, refrendado por un decreto que luego fue anulado.
Imposible de olvidar son las escaramuzas con la Provincia por la cantidad y disponibilidad de camas, el delay en la carga de casos positivos y la incertidumbre en relación a la cantidad de testeos realizados.
Hubo un quiebre, y desde ese momento el Ejecutivo insistió en la responsabilidad individual y la vacunación para afrontar la crisis.
La vacunación en la ciudad estuvo a cargo de la provincia. El municipio quedó afuera de la toma de cualquier decisión, incluso la logística fue pésima y las críticas no fueron tan vehementes como las que trascendían frente a restricciones (que tampoco se cumplían al pie de la letra).
En toda esta situación, el papel de la Secretaria de Salud se fue desdibujando, llegó incluso a figurar en una imaginaria lista de posibles candidateables, ya sea porque su campo de acción era limitado, o bien porque en algunas oportunidades sus declaraciones iban a contramano de las decisiones políticas.

El último contrapunto fue en relación al pase sanitario, desde el EMTUR indicaron que era de imposible cumplimiento y desde Salud señalaron como necesaria y positiva la medida. La secretaria siempre pareció tener una mirada más cercana a la de algunos de sus colegas, no tan “política”.
De cara al operativo COVID de la temporada, indicó hace algunos días que hasta las 18 horas se seguiría testeando en las postas barriales y hasta las 22 horas se testearía en los sectores de alta circulación. Y afirmó que se trabajará en forma conjunta con la provincia. Testeos más vacunación repitió.
Parece un despliegue voluntarioso pero insuficiente frente al aluvión turístico que se espera para este verano, y con cifras de contagios que se acercan peligrosamente al centenar de positivos diarios registrados en nuestra ciudad.
Lo cierto es que algo está fallando: no hay un mensaje claro y unificado en cabeza de la persona que supo ser palabra autorizada en la gestión de la pandemia.
Algunos barajaron que su nombre estaba dentro de los posibles cambios de cara a oxigenar la gestión, más que nada teniendo en cuenta el desgaste propio del manejo de una crisis sin precedentes.
Por el momento Viviana Bernabei seguirá al frente de la cartera de salud, de cara a la temporada más importante de los últimos años y frente a una incipiente nueva ola de contagios.