El acuerdo a nivel provincial le abre la puerta a los libertarios para ocupar cargos en el gobierno municipal, conscientes de que la lógica del poder hoy los favorece. Una decisión de alto voltaje político que podría cambiar las alianzas locales y redefinir el futuro inmediato de la gestión.
El acuerdo electoral entre el PRO y La Libertad Avanza ya es un hecho en la provincia de Buenos Aires. Lo terminaron de cerrar Cristian Ritondo y Karina Milei, en un encuentro en la Casa Rosada que duró más de una hora y media. Fue el corolario de una serie de reuniones previas —incluso una cena con Javier Milei en la Quinta de Olivos— que marcaron el inicio de un entendimiento político que se plasmará en las listas para septiembre y octubre, tanto en la Legislatura como en el Congreso.
Sin embargo, el verdadero impacto del pacto no solo se mide en lo electoral. En Mar del Plata, todas las miradas apuntan al intendente Guillermo Montenegro, a quien los libertarios ahora esperan que los convoque para sumar nombres propios a su gabinete. Una jugada que podría alterar el equilibrio interno de la gestión y encender la mecha en un oficialismo donde los radicales —hasta ahora socios privilegiados— verían peligrar espacios conquistados en la estructura municipal.
Hasta hoy, el reparto de poder en el Ejecutivo municipal tuvo como gran beneficiario al radicalismo. El respaldo de Maximiliano Abad fue clave para garantizar la gobernabilidad de Montenegro durante su mandato, en una gestión que se sostuvo con una gran cantidad de funcionarios provenientes de la UCR, ocupando cargos clave tanto en secretarías como en los Entes Descentralizados. No fue por convicción ideológica: fue una necesidad política. Montenegro no contaba con estructura propia cuando desembarcó en la Intendencia, y Abad supo proveerle el músculo político que necesitaba.

Pero ese escenario comenzó a resquebrajarse con el avance del acuerdo entre el PRO y los libertarios. Alejandro Carrancio, referente local de La Libertad Avanza, fue durante un tiempo parte del esquema de Montenegro, hasta que fue desplazado de manera abrupta en el Concejo Deliberante. La ruptura fue áspera. Carrancio quedó fuera de juego… hasta que se alió a Javier Milei cuando aún era una figura marginal. Hoy, con Milei en la Presidencia, Carrancio es legislador provincial (de licencia) y volvió al centro de la escena.
La foto reciente entre Montenegro y Carrancio, gestada por el pacto nacional, no fue casual ni simbólica. Fue la señal pública de que el intendente deberá negociar con quienes supo marginar. Desde las filas libertarias aseguran que no harán exigencias ni reclamos. “Esperamos que Montenegro llame”, deslizan con gesto paciente pero firme, conscientes de que la lógica del poder hoy los favorece.
Abrirle las puertas del Ejecutivo a los libertarios no será gratis. Para que Carrancio y los suyos entren, otros deben salir. Y los primeros en estar en la mira son los radicales. El clima entre la UCR y LLA en Mar del Plata es abiertamente hostil: en el Concejo Deliberante se cruzan con dureza en cada sesión, sin puentes ni gestos de convivencia.
Emiliano Giri, presidente del PRO local y operador político cercano tanto a Montenegro como a Carrancio, ya lo dejó claro: “Primero hay que cerrar con La Libertad Avanza y después se verá si se suma la UCR”. Una frase que encierra una definición: el radicalismo está, al menos por ahora, fuera de la nueva lógica de poder. No obstante sería un error subestimar el poder de negociación que tiene el senador nacional Maximiliano Abad.
En este contexto, Montenegro queda atrapado entre dos mundos: por un lado, necesita sostener la unidad interna para transitar sin sobresaltos el último tramo de su segundo mandato; por el otro, no puede desairar el acuerdo político nacional que empuja Milei desde la Rosada y que ya ordenó a Ritondo y Karina Milei en la Provincia. El llamado que esperan los libertarios no es una formalidad. Es una decisión de alto voltaje político que podría cambiar las alianzas locales y redefinir el futuro inmediato de la gestión.
La campaña aún no comenzó, pero en Mar del Plata la batalla por el reparto del poder ya está en marcha. Y promete ser tan intensa como silenciosa.