Mientras los hechos de violencia y los delitos se multiplican, gran parte de la dirigencia continúa enfrascada en debates que poco tienen que ver con las preocupaciones cotidianas de los vecinos. La distancia entre la agenda política y la realidad de la calle se hace cada vez más evidente.
La inseguridad se convirtió hace tiempo en una de las principales preocupaciones de los marplatenses. Sin embargo, la sensación que predomina en buena parte de la sociedad es que quienes tienen responsabilidades institucionales parecen transitar por un carril distinto al de los vecinos.
Mientras las entraderas se repiten, los robos violentos a comercios ocurren a cualquier hora y las motos son utilizadas por delincuentes que se desplazan con una impunidad alarmante, la discusión pública local parece concentrarse en otros asuntos. Punta Mogotes, la nocturnidad, el estadio Minella o las disputas políticas de turno ocupan gran parte del debate, mientras la seguridad sigue esperando respuestas concretas.
La Policía bonaerense, que depende del gobierno de Axel Kicillof, es la principal responsable del combate contra el delito. Pero los reclamos también alcanzan al Municipio, al que muchos vecinos le exigen coordinar una mayor presencia preventiva y patrullajes más activos. Las respuestas, sin embargo, son escasas y la percepción de abandono crece.

Los fines de semana dejan escenas de violencia a la salida de locales nocturnos. Las picadas y caravanas de motos se repiten en distintos sectores de la ciudad. En varios barrios se suceden episodios con personas heridas de bala y conflictos que se desarrollan a plena luz del día. La preocupación se extiende y la sensación de vulnerabilidad se naturaliza.
Los marplatenses se acostumbraron a modificar hábitos por miedo: dar una vuelta más antes de guardar el auto, observar constantemente si una moto se aproxima, evitar determinados horarios o esperar el colectivo con temor. La adaptación al delito no debería ser una política de supervivencia aceptada como algo normal.
La pregunta es inevitable: ¿a quién le habla hoy la dirigencia política local? Porque mientras los funcionarios y dirigentes discuten entre sí, buena parte de la sociedad reclama algo mucho más elemental: poder vivir con tranquilidad.
La seguridad no puede ser un tema secundario ni una discusión reservada para después. Es una demanda urgente. Y quizás haya llegado el momento de que la política deje de hablarse a sí misma y vuelva a escuchar lo que desde hace tiempo le está diciendo la calle.