La inexplicable tentación por reducirse a la mínima expresión

La inexplicable tentación por reducirse a la mínima expresión

La política no encuentra equilibrios. Se pelean a la hora de montar fotos de ocasión pero miran para otro lado cuando deben involucrarse en la resolución del conflicto social. Un modelo de ciudad importado que por momentos parece insuficiente.

20 de marzo de 2023

Hace unas semanas el Intendente Guillermo Montenegro explicaba en el Concejo Deliberante que la visión de ciudad debe ser «compartida e impulsada por los vecinos, porque los cambios se generan con la gente, no se imponen».

 

Este fin de semana que dejamos atrás nos dejó algunas postales esa ciudad a la que Montenegro hizo referencia y que seguramente, inmerso en un sinfín de buena voluntad, cree construir con el consentimiento y apoyo de la ciudadanía.

 

«Los gobiernos prohibicionistas, paternalistas, que ponen trabas constantemente no van más. Necesitamos gobiernos valientes y que no les teman a los cambios. Necesitamos gobiernos que entiendan que de la sinergia entre lo público y lo privado salen cosas maravillosas» afirmaba en la apertura de Sesiones Ordinarios del H.C.D.

 

El éxito de la primera edición del Festival de la Cerveza Artesanal parece darle la razón. Decenas de miles de personas se congregaron en Playa Varese para disfrutar de un par de jornadas muy bien organizadas. Un espacio de encuentro y entretenimiento que Mar del Plata merece y que se logró consumar luego de mucho esfuerzo. Seguramente habrá cuestiones a mejorar, pero la experiencia fue muy positiva y promete superarse año tras año.

 

En la misma línea, hace tan solo unos días el Municipio puso en marcha el nuevo sistema que permite habilitar comercios en pocas horas. A partir de una iniciativa aprobada en el Concejo Deliberante, la apertura de locales comerciales y emprendimientos será 100% digital y gratuita. Pese a la resistencia parcial esbozada por la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), el Ejecutivo no dudó en «agilizar los mecanismos del Estado» incluso por sobre algunas disposiciones provinciales.

 

El oficialismo parece por momentos lograr imponer su agenda en base a algunos pilares que parecen simples a la hora de la comprensión popular y efectivos o efectistas a la hora de la consumación. Es un modelo de gestión que podría asimilarse al que lleva adelante el PRO en CABA desde hace más de una década, pero sin tanto brillo. Una réplica a escala como aquellas que ensamblamos con suma paciencia cuando éramos pequeños.

 

En este contexto pasó un tanto desapercibido el «retiro» organizado por la Pastoral Social del Obispado de Mar del Plata, que contó con la presencia de más 50 dirigentes políticos de la ciudad, en el que dijeron presente desde el mismísimo Montenegro hasta la mayoría de la bancada del FDT. Según los organizadores se planteó cerrar definitivamente «la grieta». Un discurso que no va en consonancia con algunos de los planteos oficialistas a la hora de elegir la victimización cómo estrategia.

 

Pero no todas son buenas noticias en la ciudad de la cerveza artesanal y las habilitaciones exprés. La reflexión y los consensos mínimos necesarios parecen quedar sólo para los momentos de reflexión conjunta convocados por el Obispado, a los que todos parecen querer concurrir sobre todo en años electorales. ¿Qué sería de la vida política local si los acuerdos y el respeto por el otro encontrarán su origen en el debate de ideas que por ejemplo debería darse en seno del deliberativo local? Imposible de imaginar.

 

Una concejal oficialista no dudó a la hora de «apurar» a sus pares para lograr la aprobación de un régimen de habilitación de excepción para las apps del transporte, e incomprensiblemente deja librada semejante decisión al poder inagotable de lobby que estas empresas ostentan. La instrumentación de una consulta popular en la que una de las partes parece tener recursos infinitos para «imponer» su verdad es algo así como preguntar en un jardín de infantes si prefieren una golosina o un desayuno nutritivo.

 

El proyecto de la concejala de la Coalición Cívica Angélica González es una sobre interpretación del discurso del jefe comunal, pero permite también vislumbrar la línea argumental enarbolada por lo bajo por algunos ediles oficialistas: existe un cierto desprecio por la «gestión del conflicto social» como una atribución indelegable de la política, al tiempo que se sobredimensiona la «gestión» llevándola al terreno dogmático. Esto los transforma en meros gestores o facilitadores alejados de las obligaciones propias de aquellos responsables de impulsar cambios sociales. Un detalle que seguramente no les resulta importante.

 

El último viernes el contraste entre modelos políticos teóricos quedó en evidencia como pocas veces. El silencio de los principales referentes políticos en torno al inexplicable paro de la UTA, que dejó sin servicio público de transporte a miles de usuarios, es una clara muestra del oportunismo político en el que están inmerso buena parte de nuestros dirigentes. Una tibia declaración de algún funcionario de segunda línea resulta claramente insuficiente frente a un conflicto que puede ser aún más grave. Si no hay foto no hay relato. Las culpas son ajenas.

 

Al mismo tiempo otro conflicto que parece escalar es el de las usurpaciones. Hace unas semanas contamos que era uno de los temores de buena parte del gobierno local. Los temores se transformaron en hechos puntuales que afectan a buena parte de la Mar del Plata olvidada a la que muchos solo observan cuando se aproximan las elecciones.

 

Para resolver estos conflictos hace falta justamente gestionar el conflicto social, incluso si es cierto que la peor cara de la política está involucrada. Es insuficiente o demagogo culpar directamente a aquellos con los que luego compartirás un «retiro» en la búsqueda del bien común. Es un mensaje contradictorio, casi una invitación al descreimiento.

 

Es cierto que el Municipio, una vez consumadas las ocupaciones, no cuenta con muchas herramientas, pero es inexplicable que sólo se límite a relatar la realidad y recurrir a la justicia con cara de preocupación.

 

Miles de vecinos, tan marplatenses cómo los que concurrieron a la fiesta de la cerveza o como los que quieren habilitar un comercio en 24 horas, tienen miedo a la hora de salir a tomar un colectivo, que algunas veces ni siquiera pasa por una medida sindical, en algunos barrios en los se usurpan terrenos sin que existan consecuencias o acciones que tiendan a minimizar el impacto. Todo vale.

 

La política es algo más que un discurso oportuno y es infinitamente más que facilitar algunos trámites o auspiciar algunos eventos. La política es indudablemente una herramienta para impulsar los cambios que la gente necesita, pero para ello se debe tener dimensión de los problemas y vencer la debilidad de la exposición como un fin en sí mismo. La inexplicable tentación por reducirse a la mínima expresión quizás es un signo de los tiempos que corren.

 

El discurso de Montenegro fue algo más que una exposición para la ocasión. Más allá de algunas contradicciones, para el Intendente este es el momento de hacer política y abocarse a la gestión, y ya habrá tiempo para hablar de elecciones o reelecciones.

 

Algunos parecen no entenderlo y se dejan llevar por una interpretación cómoda y reducida. Quizás el Intendente también le esté hablando a los propios.

 

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