Sergio Massa tiene por delante una tarea “Titánica”. En agosto hizo foco en el ajuste fiscal, en septiembre en el dólar soja, en octubre en el dólar qatar, noviembre llegó con los “Precios Justos”. ¿Tendrá éxito en llegar a marzo sin un salto brusco en la devaluación?. Es la gran incógnita. Para una mejor gestión debe evitar los anuncios grandilocuentes con implementaciones toscas de las medidas, algo así como el vuelo de la perdiz.
Escritores, pintores, gentes de la cultura se han ocupado de la perdiz, por ejemplo Miguel Delibes Setién novelista español, miembro de la Real Academia Española desde 1975 hasta su muerte en 2010, escribió La caza de la perdiz roja» una breve y deliciosa obra literaria.
Si nos preguntamos ¿Cómo es su vuelo?, la respuesta breve es que se inicia en forma violenta y ruidosa, con lapsos de aleteo y planeo, y parece que su recorrido será muy extenso pero la realidad es que “aterriza” a los doscientos metros. Hay cierta similitud entre el vuelo de la perdiz y los anuncios e implementación de las medidas económicas.
El nuevo Ministro de Economía cuando asumió la cartera, explicó su plan de acción, su hoja de ruta económica, condensada en cuatro ejes: 1) Orden fiscal, 2) Superávit comercial, 3) Fortalecimiento de las reservas y 4) Desarrollo social con inclusión, según describió.
En el tema fiscal. Afirmó que se cumplirá con la meta del 2,5% del déficit primario acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI); que se disminuirán los subsidios y se diseñará un esquema distinto de las tarifas de luz y gas (concretada a medias hasta el momento). También ratificó el congelamiento de vacantes en el sector público. El decreto 426/2022 del 21 de Julio, firmado por Alberto Fernández, Juan Manzur y Silvina Aida Batakis dice que en la Administración Pública “no podrán efectuar designaciones ni contrataciones de personal de cualquier naturaleza”.
Si “alguien” dudaba “del ajuste” la decisión administrativa (DA) 826 del 20 de agosto de 2022, pareció ratificarlo, ya que disponía una reducción del gasto y del déficit fiscal neto de 128.000 millones de pesos, con una reasignación de partidas y nuevas estimaciones de ingresos, como demostración del plan de austeridad fiscal decidido por el ministro. La DA 826/22 reduce los fondos disponibles en $50.000 millones para educación, en $10.000 millones para salud, en $50.000 millones al programa de viviendas Procrear y $100.000 millones en otras obras públicas y para desarrollo productivo. Llamó la atención, en ese momento, que Cristina Fernández, con su silencio, apoyara estas medidas ya que por ejemplo se reducía el gasto en educación y no había protestas ante este “inédito recorte”. ¡La perdiz inició su vuelo en forma violenta, ruidosa y salió con todo.!
Dos meses después, el 28 de octubre se publicó la DA 1074 que aumenta el déficit fiscal en 144.662 millones de pesos como resultado de un aumento de gastos de 249.866 millones de pesos y un aumento de la estimación de recursos de 105.204 millones. El 02 de noviembre el gobierno nacional oficializó a través de una publicación en el Boletín Oficial, la incorporación de 11.172 empleados públicos a planta permanente, sobre un total de 36 mil que se quieren incorporar para fines de 2023, a través de la DA 1086/22. Lleva la firma de Sergio Massa y del Jefe de Gabinete, Juan Manzur, se explica que la medida se adopta “con el fin de revalorizar el trabajo y saberes de las empleadas públicas y los empleados públicos para satisfacer las necesidades del Estado”. Confirmado a los medios, por la secretaria de Gestión y Empleo Público, Ana Castellani. El anexo 1 se puede “googlear” y en 76 páginas están las designaciones de las más variadas, en el INCA, en la Comisión del espacio, el INAI, la junta de seguridad de transporte, el instituto de promoción turística (con viáticos en el exterior), el Inta y otros organismos. En dos meses la política revierte la intención de reducir el gasto. ¡La perdiz “aterrizó” a los doscientos metros, muy rápido.!
El único mecanismo que el gobierno tiene disponible para bajar la tasa de inflación del 6% mensual, equivalente al 100% anual, es la reducción del ritmo de aumento del gasto público. El presupuesto para 2023 contempla un aumento del gasto total del 71% con una inflación prevista del 60%. Es un presupuesto que no se cumplirá, sin embargo de cumplirse incrementa en términos reales los gastos, lo que contradice la palabra empeñada.
Cuando el 15 de septiembre el ministro presentó en la cámara de diputados el proyecto de presupuesto para 2023, la estimación de la ejecución del presupuesto para todo el año 2022, indicaba un aumento del gasto total del 61% en comparación con el gasto total del año 2021. El análisis de la ejecución presupuestaria de la administración nacional de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) de septiembre 2022 publicado el 19 de octubre dice lo siguiente: “A fin del tercer trimestre las cuentas de la Administración Nacional profundizaron los resultados negativos al registrar un déficit primario de $1.741.198 millones y uno financiero de $2.648.506 millones, que son 66,9% y 36,1% superiores a los registrados en el mismo período del año anterior. El déficit económico fue de $1.866.297 millones, 75,0% superior a/a.” “Se incrementó 9,8% a/a el gasto en programas sociales, básicamente por la mayor cantidad de beneficiarios en Potenciar Trabajo y Prestación Alimentar. Al finalizar el tercer trimestre del año los gastos totales devengaron $11.602.242 millones, equivalentes al 71,2% del crédito presupuestario vigente, con ejecución mayor en programas sociales y menor en inversiones.” Luego de este informe se detectó que muchos beneficiarios en el plan Potenciar Trabajo adquirían dólares ahorro y pagaban bienes personales, lo que nos hace mencionar que siempre en Argentina “la implementación de medidas son muy toscas”.
Son demasiados números, aunque la idea es clara: los gastos totales subieron 67%, un ritmo bastante mayor al que se preveía sólo dos meses antes. El déficit primario, que debía terminar el año aumentando 98% con respecto al de 2021, aumentó 179% según las cuentas que reporta la OPC hasta septiembre. Es imposible que este desvío se revierta en el último trimestre del año.
No es la primera vez que se dice una cosa y se hace otra. Puede ser que Sergio Massa quiera recortar y sus pares no lo dejen.
Las dificultades económicas más grandes que enfrentamos, son: las reservas netas del Banco Central, el tipo de cambio, la deuda y la inflación. Con respecto a las reservas y observando a nuestros vecinos Uruguay tiene (redondeando) 25.000 millones de dólares de reservas, Chile 50.000 y Brasil 300.000 mil millones de dólares. La conclusión sencilla, es que nuestro cepo no ayuda a generarlas. Con respecto al tipo de cambio, tenemos gran cantidad de dólares distintos, y el oficial está atrasado, mientras Brasil devalúa y nos pone más presión. En cuanto a la deuda, hay dos bombas, una es la deuda en pesos que no se sabe si explotará antes o después del mandato actual, no es problema su monto, es un problema de confianza y el mercado ve dificultades en la renovación y una posible reestructuración de estos títulos. Otro dilema es la deuda en dólares que fue reestructurada por este gobierno (Martín Guzmán) que tiene un plazo mayor pero no deja de ser bomba. Ninguna de las dos deudas son sostenibles en el tiempo, y no debe olvidarse que si continuamos con déficit, se van incrementando. La inflación es el cuarto problema y no se ven medidas sólidas para combatirla, el 6,3% del IPC de octubre lo confirma.
Ordenar la macro es ir a un equilibrio fiscal, para un país al que nadie le presta. El equilibrio fiscal solo se logra aumentando ingresos (casi imposible agregar impuestos) o bajando gastos que se anuncian pero siempre pasa algo y no se concretan. El plan de Massa que tiene el gran mérito de correr el auto del borde del precipicio, está llamado a fracasar porque la idea es desacelerar la economía para frenar la inflación con un programa recesivo y eso no es posible con Cristina enfrente y en un año de elecciones como es el próximo. El “fueron felices y comieron perdices” se termina rápido.
El programa “precios justos”, alrededor de 1.800 productos lanzados con bombos y platillos, es un acuerdo “voluntario” entre unas cien empresas y el estado nacional donde las empresas podrán aumentar los precios de los productos incluidos en el listado de acuerdo un 4% de los precios de octubre y se mantienen luego fijo por 120 días y el resto de los productos que comercializan las empresas (alrededor de 30.000) tendrán una pauta de aumento mensual de hasta el 4% para los mismos 120 días en el precio de venta a los supermercados y mayoristas. Lo curioso es que el propio Massa, hace algunas semanas, había dicho: «como método, no creo en los congelamientos, que han fracasado siempre». El objetivo de la medida, como siempre grandilocuente, como el show para la presentación del programa es “cuidar la mesa de los argentinos”. Técnicamente busca bajar la nominalidad de una tasa de inflación de 7% a una tasa del 4%, a razón de un punto por bimestre y consistente con el 60% anual que figura en el presupuesto, con la limitación que opera solo en supermercados y grandes cadenas mayoristas que abastecen un 38% del segmento de consumo masivo. Informó Gabriel Rubinstein que paralelamente se buscará bajar más el déficit fiscal, como variante para darle alguna chance al programa de “precios justos”.
Tendríamos fuertes críticas si analizamos las medidas una a una, aunque en líneas generales la intención de tratar de llegar con el puente a marzo donde en la economía vuelven a entrar dólares producto de la cosecha y luego llegar a las próximas elecciones para pasarles los problemas al próximo gobierno parecen razonables porque no conviene crear esperanzas en un plan de estabilización que no se pueda concretar. Necesitamos que se cumpla la palabra. La pregunta del millón es si pasamos el verano sin un salto devaluatorio. Todo indicaría que Massa no tiene “permiso” para llevar adelante el salto del dólar oficial y prefiere recesión a tener que devaluar.
Todo está interconectado, la inflación es la consecuencia de la mala política económica desplegada. Están rotas las señales que son los precios, distorsionados los precios relativos, también la falta de reservas es una consecuencia del cepo, del atraso cambiario del dólar oficial y en los primeros 15 de días de noviembre el BCRA perdió 965 millones de dólares que sumados a los 490 perdidos en octubre, erosiona mucho los +5.100 conseguidos en septiembre con el dólar soja, tal es así que ya se habla nuevamente de una segunda versión del “dólar soja”. A este ritmo las reservas no alcanzan para llegar a Marzo que es lo que se pretende. Ya que el modelo existente es antiexportador. Y por otro lado se restringen las importaciones, a pesar de que veamos en las verdulerías del centro de Mar del Plata, en una época en que no hay recolección de ciruelas, carteles, “importadas de España”. Más publicitado es la yerba Canarias en las cajas del viaje de la selección Argentina a Qatar. Yerba Uruguaya producida en Brasil. ¿Por qué hay excepciones?
Ya hubo en la última semana versiones de renuncia de Gabriel Rubinstein y de Sergio Massa, necesitamos que se los deje trabajar, que el Ministro de Economía que se autopercibe como “Estadista”, mostrando su egocentrismo, con ambición y aspiración presidencial, y con el show de presentación del programa “Precios Justos” pintan su histrionismo de cuerpo entero y puede no gustarnos, sin embargo esa aspiración, la audacia para proponerse para enfrentar una situación harto complicada es la que nos da una luz de esperanza. Solo por la falta de confianza de la sociedad en la gestión global del gobierno debe proponer pequeñas mejoras y evitar el vuelo de la perdiz con anuncios grandilocuentes e implementaciones toscas.
José Luis Stella
Licenciado en Economía.