Lorena Quiroga, coordinadora de Libre del Sur, advirtió que la situación social se profundiza en los sectores más vulnerables. Aseguró que merenderos y comedores cuentan con cada vez menos recursos, mientras aumenta la demanda, y cuestionó el impacto del ajuste sobre las familias.
La realidad social en los barrios de Mar del Plata atraviesa uno de sus momentos más delicados. Así lo describió Lorena Quiroga, coordinadora local de Libre del Sur, quien aseguró que las organizaciones sociales enfrentan crecientes dificultades para sostener los comedores y merenderos, en un contexto donde la demanda de asistencia continúa en aumento.
“La situación está cada vez peor y las familias viven una vulneración cada vez mayor”, afirmó. Según explicó, una de las principales transformaciones se observa en los espacios comunitarios, donde ya no siempre es posible preparar las tradicionales ollas populares por la falta de alimentos e insumos suficientes.
“Hoy es mucho más complicado porque no contamos con los recursos necesarios para completar una olla. Aun así, seguimos compartiendo lo poco que conseguimos con quienes más lo necesitan”, sostuvo en diálogo con Extra Radio.
Quiroga también hizo referencia al impacto que esta realidad tiene sobre quienes históricamente estuvieron al frente de los comedores. Señaló que muchas de las personas que durante años organizaron la asistencia alimentaria hoy también atraviesan situaciones de necesidad, lo que genera frustración y un fuerte desgaste emocional.
“Quienes antes ayudaban ahora también necesitan ayuda. Esa responsabilidad que sentían durante tantos años, en muchos casos terminó transformándose en culpa”, expresó.
En ese marco, cuestionó las políticas nacionales y advirtió que la pérdida del programa Volver al Trabajo representa un nuevo golpe para cientos de familias. Recordó que el beneficio, congelado en 78 mil pesos desde fines de 2024, servía para afrontar gastos básicos como la compra de una garrafa, medicamentos o el pago de servicios.
Además, rechazó la idea de que quienes percibían ese ingreso “no trabajaban”. “Había obligaciones concretas. Muchas personas realizaban tareas en comedores, merenderos, construcción, reciclado, jardinería y otras actividades de la economía popular. No era un subsidio sin contraprestación”, remarcó.