La austeridad

La austeridad

Restan solo un par de días para que el intendente reelecto muestre las cartas con las que jugará la partida durante los próximos 4 años. Por ahora tanto las formas como el fondo dejan bastante que desear.

7 de diciembre de 2023

A tan solo un par de días de asumir su segundo mandato al frente de la Municipalidad de General Pueyrredon, la indefinición amenaza con transformarse en la única política de Estado de Guillermo Montenegro.

 

El intendente cabalga sobre un concepto desde que resultó reelecto con poco más del 41% de los votos: la austeridad.

 

Si nos remontamos a marzo de este año, Montenegro aseguró que “la austeridad, las cuentas ordenadas y la transparencia” fueron los ejes de su gestión “desde el primer día”. Es un concepto que el alcalde ha repetido casi como una atenuante frente a una gestión sin hitos significativos.

 

“Incluso pagando deudas anteriores, hoy podemos decir que no tenemos deudas propias, y tampoco tenemos déficit como venía ocurriendo en las anteriores gestiones. Lo que cobra más valor si tenemos en cuenta el contexto inflacionario que estamos viviendo”, insistía.

 

Aquí entra en juego otro concepto, el del déficit, que va de la mano con el de la austeridad. Es difícil medir una gestión por cumplir con lo mínimo que se podría esperar de ella, Montenegro hizo de su debilidad una fortaleza.

 

Por muchos motivos que no vienen al caso analizar dedicamos mucho más tiempo a hablar sobre supuestos déficit que a hacer referencia a la eficiencia. El gasto parece ser siempre malo sin importar si redunda o no en un beneficio colectivo. La batalla discursiva parece perdida y la supuesta simplicidad resultó nuevamente victoriosa. No hay plata.

 

La austeridad como tal es un concepto vago, ya que se entiende que es la rigurosidad en el cumplimiento de las normas morales. Demasiado amplio.

 

Para entender a lo que apunta el Intendente electo debemos recurrir a la austeridad fiscal que es la reducción del gasto por parte de los gobiernos con el objetivo de reducir el déficit presupuestario, reducir la deuda pública o como medida para prepararse en forma anticipada a reducciones esperadas en los ingresos del Gobierno.

En este punto encontramos quizás la matriz del mensaje del alcalde: anticiparse a una reducción en los ingresos. El anuncio cobra sentido, le quita épica y es una medida coyuntural frente a un posible escenario recesivo. La duda surge cuando la supuesta austeridad retumba en nuestros oídos desde hace ya algunos años. Los primeros 4 años de gestión de Montenegro no fueron justamente austeros (pese a sus dichos) y fueron pobres en resultados. Algunas de las medidas que en estos días se anuncian por carriles informales bien podrían haberse tomado al momento de “repartir” el gabinete entre sus socios en plena asunción o durante la gestión, y esos “ahorros” bien podrían haberse transformado en al menos pequeñas obras, pero para eso hace falta un plan de gobierno.

 

El jefe comunal destacó oportunamente la implementación de un “plan de austeridad” (el único plan de gobierno anunciado) ante una situación “financieramente inviable” del municipio al momento de asumir, lo que permitió el desarrollo de “las obras que se podían pagar”. Esta frase confirma la teoría que, de existir la posibilidad de recortar el gasto, tal lo anunciado para esta nueva etapa, las obras podrían haberse multiplicado.

 

En la campaña electoral la oposición cuestionó sin éxito la composición del gabinete y la relación directa con la gestión, a lo que Montenegro respondió en uno de los debates que “una solución mágica era una suba de los impuestos, pero no se podía trasladar al bolsillo de los vecinos, y en estos cuatro años la inflación fue del 800% y la suba de tasas fue del 370%. Esto significó comenzar un plan de austeridad que nos permitiera desarrollar las obras que realmente se podían pagar. No se podía hacer magia”.  Habría que aclararle al intendente que el municipio no cobra impuestos, son tasas por prestación de servicios, a lo que se suma que según lo expresado hubo un supuesto relanzamiento del plan de austeridad. Un error (o varios) lo tiene cualquiera.

 

El nuevo plan austeridad tiene que ver más con un slogan que con una política contracíclica, es más una forma de relacionarse con el “no hay plata” que se derrama desde las entrañas del poder central que una posición frente al manejo de la cosa pública.

 

Montenegro no fue todo lo austero que pudo en épocas en las que quizás no era indispensable, y será lo más austero que esté a su alcance a la hora de relanzar su gestión. Es una conjunción de épocas difíciles que se avecinan, herramienta discursiva y oportunismo político.

 

La gestión cotidiana no sufrirá grandes cambios, ni de nombres ni de impronta. El intendente adolece de la falta de un proyecto de ciudad y sustenta su poder solo en un supuesto modelo virtuoso de gestión que no es otra cosa que darle a cada sector más menos la preponderancia que exige. Esta trama de intrigas montada por estos días no hace más que bajar pretensiones y mostrar capacidad de mando, es absurdo pensar que luego de las elecciones el intendente y su entorno no delinearon un gabinete. Tuvieron tiempo suficiente para hacerlo.

En los últimos días todos los medios destacamos que Montenegro instó a su equipo de funcionarios a renunciar a las vacaciones pendientes del último período de gestión. Esta medida, que se enmarca en una estrategia de austeridad (así la llamaron), ha permitido al Municipio ahorrar más de 150 millones de pesos durante el 2023. Esta medida va de la mano con las indefiniciones, Montenegro se adelanta a la jugada haciéndose fuerte en los conceptos que vendrán pero no explica el beneficio que el ahorro genera. Es una estrategia repetida pero que sigue dando sus frutos en una sociedad que habla demasiado de déficit, poco y nada de equilibrio y se olvida de ponderar la eficiencia

 

Esperemos que el próximo domingo, al momento de asumir, Guillermo Montenegro esboze al menos un plan que justifique la austeridad (que suena a recorte) y que la misma sea algo más que una puesta en escena redudando en una mejor gestión, caso contrario es posible que asistamos nuevamente a una de las tantas simulaciones efectistas a las que nos tienen acostumbrados los estrategas del alcalde.

 

Si necesitan un mano les recomendamos que sugieran que: “la austeridad hace referencia a una política económica basada en la sencillez, moderación y reducción del gasto público de tal manera que no afecten el funcionamiento de la Estado y se contribuya a la eficiencia y transparencia administrativa”. Es una definición que encuentran en Google, no hace falta que nos agradezcan.

 

Nos sumamos a la austeridad y nos despedimos hasta la semana que viene. A veces las palabras sobran, incluso más que algunos funcionarios.

 

Buen fin de semana.

 

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