“Hay una situación muy laxa con la tecnología: olvidamos que también facilita delitos”

“Hay una situación muy laxa con la tecnología: olvidamos que también facilita delitos”

El abogado Federico Cermelo alertó sobre el crecimiento del grooming y otras formas de violencia digital que afectan a niños, niñas y adolescentes. Reclamó mayor alfabetización digital en hogares y escuelas, y advirtió que “el desconocimiento de los adultos multiplica el riesgo”.

27 de julio de 2025

En un contexto donde los niños acceden a celulares y redes sociales a edades cada vez más tempranas, el espacio virtual se ha convertido en un escenario complejo: por un lado, ofrece oportunidades de aprendizaje y socialización; por otro, presenta riesgos serios como el acoso sexual digital, más conocido como grooming.

 

El abogado y especialista en ciberseguridad Federico Cermelo, autor de un reciente informe del Observatorio de Seguridad y Ciberseguridad de la Fundación Metropolitana, remarcó que este tipo de delitos “vienen en aumento desde hace años, pero se profundizaron a partir de la pandemia, cuando los chicos estuvieron más expuestos a las pantallas”.

 

Cermelo advirtió que “hay una situación muy laxa con la tecnología”, y explicó que si bien suele asociarse lo digital a lo práctico y lo útil, “se tiende a pasar por alto que también es una puerta de entrada para delitos como el grooming, el ciberbullying, las amenazas o la difusión no consentida de imágenes”, dijo en diálogo con el portal de la Universidad de Mar del Plata.

 

Según datos de UNICEF, el grooming ya se ubica como la tercera forma más frecuente de violencia sexual en el país y tuvo un incremento del 135% en pandemia. Sin embargo, 1 de cada 3 chicos y chicas no sabe identificar este delito, y 6 de cada 10 interactúan con desconocidos a través de internet.

 

El informe de Cermelo analiza el proceso típico del grooming, que generalmente avanza en tres etapas: una primera instancia de acercamiento donde el adulto se hace pasar por un par; una segunda, de generación de confianza y obtención de material íntimo; y una tercera de extorsión o chantaje. “Muchas veces los agresores no son desconocidos absolutos: el 30% de los casos tiene como victimario a alguien del entorno cercano de la víctima”, advirtió.

 

La falta de acompañamiento familiar y educativo aparece como un factor determinante. “La alfabetización digital debería empezar en casa, pero muchas veces no ocurre porque los adultos no comprenden el peligro o creen que no les va a pasar. Y la escuela todavía enseña ciudadanía como en el siglo XIX: la vida digital debe ser parte de esa formación”, señaló el abogado.

 

El acceso temprano a dispositivos es otra preocupación: 6 de cada 10 menores pasan al menos seis horas por día en entornos digitales y reciben su primer celular antes de los 9 años. En ese contexto, las redes sociales, los juegos en línea y las aplicaciones de mensajería se convierten en los principales escenarios de contacto entre menores y posibles agresores.

 

Para Cermelo, no se trata de prohibir el uso de tecnología, sino de involucrarse: “No hace falta ser un experto, pero así como uno pregunta cómo le fue a un hijo en la escuela, también debería interesarse por con quién juega online o con quién chatea. Saber sobre su vida digital es clave para cuidarlos”.

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