Esta columna es un merecido reconocimiento para Eric Dierckx, un magnánimo goleador de nuestra amada liga marplatense, un héroe futbolero contemporáneo. Un referente de Independiente de Mar del Plata, el máximo anotador de su centenaria historia, un artillero que partido tras partido posa en la red los sueños colectivos de su equipo.
“Cristiano Ronaldo te mete un gol y te vende un champú.
Nosotros, metemos un gol y gritamos por el equipo”.
Diego Armando Maradona
Los goleadores tienen la envidiable virtud de romper los diques del silencio y posar en la red los sueños colectivos de todo su equipo. Grito redentor que se transforma en una maravillosa conjunción de cielo, tierra y alma que explota en el pecho y viaja hasta las gradas para abrazarse afectuosamente con los hinchas.
El inolvidable Eduardo Galeano supo escribir que el gol es el orgasmo fútbol y que en estos tiempos modernos, donde los jugadores se cuelgan del travesaño para cuidar su meta y los obreros pobres trabajan más de la cuenta para conseguir dinero, tanto orgasmos como goles son cada vez menos frecuentes.
Por suerte siempre habrá un puñado de optimistas que arremeterán tozudamente contra el hábitat natural de los porteros rivales, obstinados delanteros que saben con certeza que los partidos no se ganan por puntos sino por goles. Futbolistas que según sabia definición del querible colega Juan Sasturain son la viva imagen de la esperanza, la mueca irrefutable que nos permite creer que nunca está todo perdido.
Hace algunos días leí en el diario La Capital una extraordinaria crónica periodística, una reseña que enaltecía las virtudes de un histórico goleador de nuestro campeonato liguista. Allí Sebastián Arana y Juan Miguel Álvarez desmenuzaron estadísticamente la trayectoria deportiva de Eric Dierckx, un auténtico referente futbolístico de Independiente de Mar de Plata, un romperedes que tras su conquista ante River llegó a la friolera de noventa goles oficiales vistiendo la camiseta roja de la institución de la calle San Juan.

Atrás quedaron Alfredo Vrba, Isidoro Bottá, José Palestini, el Turco Roberto Saba, Raúl Gutiérrez, Rufino Uranga y Saturnino Martínez. Los viejos duendes futboleros que el 7 de junio de 1921 observaron como un grupo de soñadores fundaban el Club independiente, bautizado en sus inicios Los Rojos de Villa Tranquila, también festejaron la hazaña de uno de sus canteranos predilectos. Algunos osados simpatizantes del Rojo marplatense creen que una pesada pelota de tiento rodó caprichosa por las vereditas del barrio La Perla y por las calles empedradas de Nueva Pompeya hasta detenerse en la Villa Deportiva de Alto Camet, en el mismísimo corazón del arco que da espalda a la ciudad de Santa Clara, reducto afectivo donde Eric anotó ante Colegiales/Chapadmalal el primer gol de su extensa carrera.
Esta nota no pretende ni podría igualar la excelente investigación estadística que expusieron Seba Arana y Juan Álvarez, estas líneas apenas desean recorrer el camino de las emociones y narrar desde el afecto y la admiración las vivencias que experimentó un chiquilín que creció en el club que eligió para querer y donde hizo tantos goles rojos que el corazón le tiñó la piel con sus colares amados.
Su infancia transcurrió en las calles 47 y Cuba, pintoresca escenografía barrial donde se improvisaban atrapantes picaditos con los pibes que formaban parte de la humilde geografía de su casa paterna. A los 5 años de edad desembarcó en el gimnasio del Club Independiente para sumarse a sus divisiones menores. Pablo, su hermano mayor, jugaba en el Rojo y era considerado por los entrenadores una de las principales promesas de su cantera.
Silvia, su mamá, laboriosa e incansable ama de casa, fue el sostén emocional y la promotora de cada una de las travesías deportivas que emprendieron los hermanos Dierckx en el fútbol. Ricardo, su papá, en tanto, los acompañaba cada vez que las agotadoras jornadas de trabajo en su carpintería se lo posibilitaban. Su viejo, además, supo inculcarle la virtuosa necesidad de compartir su pasión futbolística con una vocación universitaria. “Mejor estudia, el fútbol es muy difícil”, era el pregón que repetía el carpintero mientras su hijo descalabraba marcapuntas y gritaba goles en todas las canchas de la ciudad.
Eric admiraba a su hermano, un delantero que poseía muchísimas cualidades técnicas, virtudes que él soñaba adquirir para su juego, condiciones innatas de un jugador que lo tenía todo para triunfar en el profesionalismo. Tras un paso por las juveniles de Independiente de Avellaneda, Pablo retornó imprevistamente a Mar del Plata y aquella pequeña pero muy dolorosa frustración de su hermano caló muy hondo en su historia personal.

Pablo, con el paso del tiempo, fue el ídolo que se reconvirtió en uno de los principales devotos futboleros del máximo artillero diablo. “Eric es mi compañero de la vida, un ser muy importante, siempre bien predispuesto para ayudar, para estar, para acompañarme. Siempre amo el fútbol, siempre tuvo una excelente conducta y mucho talento. A mi hubiera gustado compartir más el futbol con él. Es admirable lo que logró en Independiente, todo lo que le dio al club. Quiero decirle que lo felicito de todo corazón y quiero decirle que lo amo”.
El martes 13 de abril de 1993 un tornado, con ráfagas de viento que superaron los 145 kilómetros por hora, causó daños irreparables en varias construcciones edilicias de Mar del Plata, una de las más afectadas fue la sede del Club Independiente. Por tal motivo, mientras la dirigencia afrontaba la reconstrucción de su gimnasio, las divisiones menores pasaron a formar parte de la escuela de fútbol que poseía en la ciudad Guillermo Trama. La misma funcionaba en la canchita “Anden 5”, ubicada en Rivadavia entre Chaco y La Pampa.
Por entonces Eric ya era junto a Matías Sánchez uno de los jugadores más destacados de la categoría 1986. Trama, querible y prestigioso goleador del fútbol profesional, uno de los pocos marplatenses que logró superar la barrera de los 100 goles oficiales en primera división, dejó como docente y formador su impronta personal. Mejoró la pegada y pulió el cabezazo de Dierckx, a la postre una virtud que lo ayudó y le permitió superar holgadamente a sus marcadores y en consecuencia sumar muchos tantos desde la técnica y la fortaleza física de su salto.
Trama y el resto de los profesores que formaban parte de aquel proyecto, del cual tengo el inmenso orgullo de haber sido parte, dejaron un recuerdo imborrable en la memoria del protagonista de estas líneas. “Anden 5” fue un lugar de encuentro, un espacio familiar donde las experiencias personales flanqueaban un tiempo de aprendizaje que no solo acontecía en un campo de juego y con una pelota en los pies.
El crack otamendino, el Pincharrata de los goles importantes, atesora tambien en lo más profundo de su alma aquel tiempo y la imagen de un chiquilín que parecía emularlo en cada corrida contra el arco rival. “Yo me acuerdo mucho de aquella categoría 86´, sobre todo de Eric que tenía una calidad que lo distinguía del resto de sus compañeros, ya se veía que iba a ser un gran jugador. Me alegré mucho cuando me enteré que había marcado un récord con Independiente, que se había transformado en el goleador histórico del club, fue una satisfacción muy grande”.
El delantero cuyo apellido es sinónimo de gol Rojo, jamás se creyó goleador. En la charla me confiesa que se siente identificado con Lucas Pratto, con su despliegue físico, con su sacrifico para colaborar con sus compañeros y hace suya una reflexión del actual delantero del Feyenoord. “Mi función en el equipo es siempre la misma: hacer goles y cuando no los hago, asistir para que otros los hagan. Pero no me pongo mal si no convierto”.

Claudio Lanzoni, un entrenador marplatense con una marcada filosofía bielsista, fue muy importante en la etapa donde comenzó a jugar sus primeros minutos en la primera de Independiente. El Tanque no solo pondera sus dotes como director técnico, también reconoce su rectitud, sus valores éticos, sus convicciones y su integridad como ser humano.
El 5 de julio de 2003, en cancha de Kimberley, contra Quilmes, con apenas 16 años, Francisco Pancho Rago lo convocó para integrar el banco de suplentes del primer equipo. Ingresó promediando la media hora del segundo tiempo por el Vasquito Imanol Iriberri, otro juvenil que hacia su presentación en la elite del certamen organizado por la Liga Marplatense, un pichón de crack que años después tendría un exitoso itinerario por importantes clubes del país y del exterior.
“A Eric y a Imanol los puse en primera porque tenían unas condiciones bárbaras. Con ellos hice un trabajo específico de definición con conos y sin arquero. Ellos no hacían el clásico “loco” de precalentamiento, yo me los llevaba aparte y perfeccionábamos la técnica en los últimos metros de la cancha. Eric era un pibe excepcional, yo solo tuve que domarle la potencia, porque la potencia muchas veces no le permitía explotar su cualidad técnica”.
Esta precisa mirada de Pancho Rago sintetiza la naturaleza de un delantero que hizo y hace de la potencia física su sello, su marca registrada. Quienes tenemos la fortuna de verlo en acción, destacamos su posicionamiento de cara al arco adversario, su control, su carrera y su pulcra conducción de la pelota en velocidad. El Negro choca a sus marcadores, los hombrea y los arroja con vehemencia hacia los confines del campo. Parece un toro bravío dispuesto a embestir a cuanto defensor ose entrometerse en su camino.
El Ruso Claudio Rodríguez, su actual entrenador, un compañero, un amigo, un técnico con quien ha recorrido gran parte de su vida futbolística, me añade que Eric posee la invalorable virtud de saber generarse sus propias situaciones de gol, sobre todo cuando el equipo no está bien y que ahora le agregó mucho al juego, que entra en el circuito creativo y que es muy optimista para hacerlo.
La crónica estadística ya narró sus hazañas futboleras con la camiseta de sus amores y con otras que supo defender con el mismo espíritu altruista y ganador. Tras el título en 2010, el último campeonato que conquistó Independiente en la máxima categoría, con tres años aprobados en la Licenciatura de Kinesiología, fichó en Alvarado y fue parte del equipo que logró el ascenso al Argentino A. Posteriormente jugó en Racing de Trelew, en Sarmiento de Ayacucho, en América de Pirán y en Sportivo San Cayetano.
Cabe destacar dos circunstancias referenciales en su etapa como jugador de Alvarado. La primera tiene que ver su con su primer sueldo como futbolista. Eric cuando acordó su vinculación al Torito del ex barrio Mataderos pidió ganar la misma suma de dinero que cobraba entre los dos trabajos que tenía en ese momento: ayudante en el reparto de una verdulería y empleado en una canchita de césped sintético.
La segunda involucra a Mara, la mamá de su hijo Bauti. Ella fue fundamental para modificar la alimentación y las formas de llevar adelante cada entrenamiento, variaciones que redundaron positivamente en su segundo año en el club. Eric me pide expresamente que resalte en alguno de los párrafos de la nota la compañía incondicional de Mara en los distintos momentos de su trayectoria deportiva.
Su voracidad goleadora, su arrebatadora personalidad dentro de una cancha, dista con su llamativo perfil bajo. En inferiores, cuando muchos de sus compañeros eran partícipes de las tradicionales pruebas de jugadores en equipos capitalinos, él desistía de las mimas porque entendía que no tenía condiciones para llegar a ser un futbolista profesional. Cierta vez Christian Daguerre, otro Tanque, compañero en el Rojo, lo tentó para que fuera a jugar a Banfield, pero le respondió que no, que no tenía la capacidad suficiente para quedar en la institución sureña.
Existió otra chance de ganarse un lugar en el fútbol rentado. Previo a su arribo a Racing de Trelew, Fernando Verón, reconocido entrenador de las formativas y la Reserva de Independiente de Avellaneda, lo recomendó a un representante para que lo llevara a Cerro Porteño de Paraguay. El cuerpo técnico había aprobado su contratación pero no se llegó a un acuerdo económico y la operación terminó desestimándose.
En 2016 se recibió de Kinesiólogo y empezó a vincularse al deporte desde otro lugar. Luego de su experiencia en Pirán volvió a su querido Independiente de Mar del Plata, su casa, su lugar en el mundo. Allí, como no podía ser de otra manera, el entrenador Mariano Charlier lo recibió como a un verdadero hijo pródigo. Desde entonces hasta hoy, el temible goleador de los Rojos de Villa Tranquila, ha construido un vínculo indisoluble con su club, una institución modelo que el próximo 7 de junio cumplirá 100 años de vida.

Sobre el cierre de la entrevista se anima y me dice que se siente un referente del Rojo, que ama entrenar en el club, que le encanta hablar con los chicos de inferiores, aconsejarlos, reírse con ellos. Que no se piensa con otra camiseta, que una vez estuvo a punto de irse pero primó su amor por Independiente. Que no tiene pasta de director técnico y que va a jugar hasta que no pueda hacer en la cancha lo que le pide su cabeza.
Sus enormes ojos celestes parecen nublarse cuando nombra a los amigos que están a su lado, amigos incondicionales que entienden y comparten su pasión por un juego casi perfecto. El toro bravío que embiste rivales en el campo adversario, se abre el pecho y manso como un fantasista que pisa la pelota entre dos mediocampistas rústicos, describe como Bauti, pletórico de orgullo, le cuenta a sus compañeritos que su papá es el máximo goleador de la historia de Independiente de Mar del Plata.
Al fin y al cabo esta columna es tan solo un merecido reconocimiento para un magnánimo goleador de nuestra amada liga marplatense. Un héroe futbolero contemporáneo, un modelo ejemplar para los chicos y las chicas que se sueñan futbolistas. Un referente cercano, humilde, puro perfil bajo, un artillero que partido tras partido posa en la red los sueños colectivos de su equipo. Un abanderado del optimismo, un prolífico romperedes que tanto dentro como fuera de la cancha es la viva imagen de la esperanza.
Eric Dierckx es indudablemente sinónimo de Independiente de Mar del Plata, es un delantero que construyó desde su inquebrantable sentido de pertenecía un puente hacia la inmortalidad. Un grito rojo de gol que rompe los diques del silencio, sobre todo en el arco que da espalda a la ciudad de Santa Clara, el mismo donde un centenar de perros ladran rabiosos cuando la pelota se pierde por encima del travesaño y traspasa las fronteras del predio de Alto Camet .
Goles rojos que explotan en el pecho del Tanque Dierckx y viajan hasta la tribuna local para transformarse en una maravillosa conjunción de abrazos, cielo, tierra y césped. Goles rojos, tan rojos como un corazón…
Mario Giannotti