Crece el malestar en el peronismo, que pese a sellar la unidad bajo el frente Fuerza Patria, se profundizó la discusión por el reparto de lugares y hubo advertencias de dirigentes de que no se respetaron los acuerdos, por lo que analizan la posibilidad de competir con boleta corta en los comicios del 7 de septiembre.
Al filo del cierre de listas en la provincia de Buenos Aires, crece el malestar en el peronismo, que pese a sellar la unidad bajo el frente Fuerza Patria, se profundizó la discusión por el reparto de lugares y hubo advertencias de dirigentes de que no se respetaron los acuerdos, por lo que analizan la posibilidad de competir con boleta corta en los comicios del 7 de septiembre.
Es que, con la elección bonaerense desdoblada del calendario nacional, la boleta seccional cobrará aún más peso en el resultado final. Nadie quiere perder centralidad, y todos los sectores buscan colocar a los suyos en las listas. Cada nombre representa no solo un territorio, sino una cuota de poder en la pulseada interna del oficialismo.
Hasta el viernes por la tarde, se hablaba de al menos veinticinco de las ocho secciones electorales de la provincia donde el peronismo no había resulto la repartija entre las tribus que tributan en el nuevo frente del peronismo, lo que derivó en una reunión de emergencia entre el Axel Kicillof, el titular del PJ, Máximo Kirchner, y el líder del Frente Renovador, Sergio Massa.
A la complejidad del escenario, ante la falta de respuestas por parte de los caciques peronistas, algunos intendentes bonaerenses se retobaron y amenazaron con impulsar boletas cortas en sus distritos, una jugada que no solo debilitaría el alcance del frente peronista, sino que caldeó aún más las conversaciones de cara al cierre de listas.
En ese marco, desde el entorno del gobernador apuntaron a la táctica de La Cámpora en la negociación interna, cuando falta sólo un día para el cierre de listas. “Juegan con el reloj porque es lo único que tienen a su favor”, diagnosticaron.