Vuelve Gabriel Rolón a Mar del Plata con su espectáculo Palabra Plena. Las palabras mismas, el silencio y la coherencia en su carrera son los temas que cruzan esta charla.
Por Bernabé Tolosa
“El mundo nos incita a hablar por hablar. Sin decir nada. Palabra plena, en cambio, nos desafía a pensar, a transitar el laberinto de nuestro propio enigma intentando evitar las trampas de la comodidad. Porque las cosas importantes de la vida son incómodas”, dice Gabriel Rolón al compartir una nueva visita a la ciudad de Mar del Plata con Palabra Plena. En esta, el autor de “El precio de la pasión” y “El duelo” nos invita a caminar entre el amor y la pérdida, la felicidad y la angustia, la esperanza y el deseo de la mano de la palabra.
-El poeta Heinrich Heine decía que “Cuando las palabras terminan, la música comienza”…
– Qué lindo eso. Me recuerda a Schopenhauer, quien era un enamorado de la música, y sostenía que la única verdad del universo era la música. Se cuenta que una vez escuchó una obra clásica que desconocía, en piano, y dijo: “¿Ves? Eso yo no lo puedo decir”. Yo diría: “Donde no hay más palabras, solo te queda la metáfora”. Y esto lo sabe la poesía. Cuando algo no se puede decir de un modo metonímico, armando razonamientos, ¿qué te queda? La metáfora. Entonces la metáfora crea un sentido nuevo y le permite a la palabra un salto más que no se podía explicar de otra manera, pero que con la imagen que generó se puede. Pero también la metáfora tiene un límite. Y ahí es el momento donde la palabra deja lugar al arte, en otros aspectos, donde aparece algo que, como decían los indúes: “Se puede bailar, pero no se puede decir; se puede pintar, pero no se puede decir; se puede cantar, pero no se puede decir”.
-¿Quiere decir que hay algo que se le escapa a la palabra?
– Exacto. Marca eso de que hay algo que escapa a las palabras. Sabemos que a veces, el arte y la música en particular, yo como Schopenhauer creo que es la mayor potencia del arte, la música puede devolverte algo de eso que se nos pierde.
-Hay poesías donde la metáfora la tiene que poner el que lee. Está la descripción y el lector o la lectora completan lo que falta.
– Ahí se termina de abrochar el sentido de una obra de arte. El sentido se termina de abrochar en el lector. El lector no solo consume el libro, sino que es parte de la producción del texto. Cada uno encuentra un sentido en la obra más allá de la voluntad del autor.
Las palabras nombran cosas y también logran generar un montón de cosas que antes no existían. Las palabras primero en su función descriptiva y después con su poder creador. Pero ¿qué pasa si la respuesta es el silencio? ¿Si hay silencio es porque uno no puede o no quiere responder?
Rolón responde: “El silencio es siempre una respuesta. A veces una respuesta que uno da porque no quiere darla con palabras y a veces una respuesta que da porque no puede darla con palabras. El silencio, para mí, es quizás la manera más potente de la palabra”.
-¿Por qué?
– Porque pensá que en el silencio potencialmente habitan todas las palabras del mundo. Si te responde con un silencio, en tu mente la respuesta puede ser cualquier cosa. Tiene el universo entero de las palabras para responderte, y ese universo de palabras no dichas se instalan en vos: “¿Qué me quiso decir? Para mí que se enojó. Para mí que me ama. No se atrevió a esto. No quiere…”. Vos tenés que terminar de armar lo que el otro marca con el silencio. Esa es la base de la gracia del silencio del analista. Que el paciente esté obligado a poner las palabras que no puso el analista, entonces busca y es allí donde pueden darse asociaciones mucho más interesantes que si el analista cierra el concepto y le da una sola interpretación.
-¿El silencio como presencia o ausencia?
– Yo distingo dos tipos de silencios. Por un lado está ese silencio, pero por el otro está el segundo, que es el silencio que duele. El silencio que lleva pedazos de horror, el silencio del trauma. Allí donde el paciente se calla, pero no porque no quiere hablar, sino porque no puede hablar. Porque está frente a un abismo de horror que, como el abismo de Nietzsche, ya no lo contemplás vos, sino que él te contempla a vos y de a poco te transforma en abismo también. Ese es el silencio que el analista intenta romper, no crear. Habitar ese mundo silencioso de horror con palabras para que puedan simbolizarse. Yo diferencio estos dos tipos de silencio: el silencio donde habitan todos los sentidos que uno genera para producir algo o el otro silencio que, casi, es producto de la pulsión de muerte, donde no hay palabras.
Gabriel Rolón vuelve al teatro presencial. Luego del tiempo de pandemia, más allá de haber compartido espacio virtual y tiempo con sus seguidores y seguidoras, recién en este último tiempo retomó el contacto con todos ellos. Él lo califica como “un pequeño milagro en esta época tan compleja”. Se alegra y se siente satisfecho. Ama lo que hace y el contacto con su público. Es algo que permanentemente lo hace muy feliz. “Estamos en una etapa muy compleja, y en medio de todas esas malas noticias, la posibilidad de retomar el contacto con el público ya ni siquiera tiene que ver con el “trabajar”. De hecho, lo he podido hacer igual durante la pandemia. Pero ese contacto humano, escuchar la risa del público, ver sus ojos emocionados, el calor del aplauso, subirse al escenario, mirarlos, desplegarte, caminar y pensar en una obra nueva son actos muy vitales. Me hace sentir vivo, ni más ni menos que eso, me hace sentir mucho más vivo. Me hace sentir con la sensación de que aquello por lo cual uno se esfuerza tanto realmente tiene la posibilidad de realizarse y le da entonces un sentido más potente. Tiene que ver un poco con la alienación de la que hablaba don Karl Marx: ¿Dónde va el fruto de mi trabajo? Bueno el teatro presencial te permite corroborar allí mismo a dónde va el fruto de tú trabajo, y por ende te liga con tu trabajo, te compromete con él, porque allí están tus aciertos, tus errores, tus olvidos sobre el escenario y la respuesta de la gente y ese encuentro que se da en el final con el aplauso, si es que lo logramos, entonces se transforma en una experiencia vital la que me genera” responde.
-¿Y de esa experiencia vital, qué aprendés y que aprehendes?
– En el sentido de aprehender, tomo tanto cariño, tanto amor. En definitiva es un reconocimiento, es un acto de reconocimiento que a mí me emociona. Yo sé que es lo más importante a lo que podemos aspirar en la vida. Quiero decir que cuando vos salís al escenario, cuando salgo al escenario y, como el otro día, me recibió un aplauso tan caluroso, tan afectivo me quedé, te juro, casi dos minutos sin palabras. ¿Por qué? Porque justamente ahí está el aprehender el cariño, recibir y tomar eso en definitiva que tiene que ver con el reconocimiento a tantos años de esfuerzo y de preparación y, al menos, al intento de tener una carrera que sea coherente, que no se deje llevar por las conveniencias del momento. Recibo eso también. El reconocimiento al esfuerzo, a las lecturas cotidianas. Creo que en esos aplausos, lo que vos recibís es eso que la gente ha valorado, entonces tomás noción de la importancia de tu esfuerzo y de la manera que has querido llevar tu carrera. En el otro sentido, lo que uno aprende es a corroborar. Todo aprendizaje, muchas veces, es la corroboración a algo que se intuía. Uno corrobora que no hay nada que reemplace a la relación humana directa. Todo lo demás está muy bien, sirve, como muleta nos ha permitido transitar un camino donde está la humanidad lastimada, pero hay algo que no se reemplaza nunca, que son los ojos llenos de lágrimas, el sonido de la risa, la calidez que lo abraza y que se siente cuando estás en un escenario con un público que te quiere. Recuperás la memoria de aprender todo eso.
– ¿Y cuánto cuesta mantener esa coherencia que mencionás?
-Al principio costó mucho más, porque uno tiene ansias. El espíritu joven quiere llegar y quiere llegar rápido y hay atajos que te proponen la posibilidad de hacerlo. Pero después no llegan al mismo lado. Yo por suerte tuve la posibilidad de empezar al lado de Alejandro Dolina y lo vi actuar y decidir. Siempre recuerdo aquel día en el que se cayó un proyecto muy grande por algo que parecía muy pequeño y Alejandro me dijo: “No, Rolón, no es pequeño. Si las cosas no son como las queremos, no las hagamos. Porque después los artistas que dan cuenta de lo que hicieron somos nosotros, no los que están atrás y nos están convenciendo. Ellos seguirán con otros productos, nosotros no”. Y yo me guardé mucho siempre eso. Imaginate: te llama X productora exitosa de la televisión, te ofrece hacer un producto y te necesitan para tal cosa. La suma de dinero que te ofrecen es muy tentadora, la pantalla a la que te llevan es muy tentadora también, pero lo que no es tentador es el proyecto. Porque vos sabés que no va en la línea de lo que consideraste toda la vida. Y aparecen voces de gente que te quiere mucho diciendo: “Che, déjate de embromar, ¿qué te importa? Es un montón de plata, ¿vos sabés la propaganda que vas a tener?” Y ahí es donde vos tenés que tener la convicción de cuál es el camino que elegiste. Siempre hay algo del orden de lo que es más complicado, más difícil, y a veces no sale, y el camino es más largo. Incluso a veces se gana menos o se resigna dinero en épocas tan complejas y con el dinero tan sobrevalorado. Pero bueno, si es el camino que vos elegiste allí es donde está el camino por la coherencia. Yo ya a esta altura no tengo tanto esos problemas internos, yo ya sé, cuando me proponen algo, si es un proyecto que me va a hacer sentir feliz o no, o si me va a empujar a la dirección que yo elegí hace tantos años o no. Yo he establecido desde siempre una especie de doctrina personal que tiene que ver con lo que yo llamo las tres p: placer, prestigio y plata. Y de esas las que yo cedo sin problemas es la plata, no hago nada que no me dé placer y mucho menos hago algo que me desprestigie.
Gabriel Rolón hace de la charla un interesante ejercicio de introspección. Te convoca a pensar y, sobre todo, al encuentro con las preguntas sobre uno mismo. Todo a través de la palabra. Las mismas palabras que nos recorren y que nos modifican una vez pronunciadas.
Palabras que Gabriel Rolón compartirá y pensará nuevamente en Mar del Plata el próximo domingo 27 de Febrero en el Teatro Radio City (Plateanet.com)