El deterioro del poder adquisitivo y el fuerte aumento del costo del crédito golpean al sector. La mora en las financiaciones para comprar electrodomésticos se disparó en el último año y ya ronda el 41% promedio, con picos que superan el 60% y hasta el 70% en algunas cadenas.
El negocio de los electrodomésticos atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. El encarecimiento del crédito y la pérdida de ingresos de los consumidores generaron un salto sin precedentes en la morosidad de las compras financiadas, un mecanismo clave para el funcionamiento del sector.
Según datos oficiales, en apenas doce meses el nivel de incumplimiento en las financiaciones pasó del 14,8% al 41,2%, más del doble que un año atrás. El deterioro coincide con un escenario marcado por tasas de interés cada vez más altas y un consumo en retroceso.
Las cadenas comerciales son las que sienten con mayor intensidad el impacto. En el caso de Frávega, por ejemplo, la mora de sus clientes trepó del 13% al 39% entre 2024 y fines de 2025. Cetrogar registra un nivel aún mayor, cercano al 48%, cuando el año anterior rondaba el 17%. Por su parte, Megatone también enfrenta un fuerte deterioro, con un índice de irregularidad cercano al 43% en sus financiaciones.
El deterioro de la cartera crediticia ocurre además en un contexto de caída del consumo. Las ventas de electrodomésticos se redujeron 18,6% en el último trimestre de 2025 frente al mismo período del año anterior, con bajas en todos los segmentos: desde la línea blanca hasta los productos de informática y pequeños aparatos.
A contramano del resto de la economía, los precios del sector incluso registraron un retroceso. Mientras la inflación nacional de 2025 alcanzó el 31,5%, los electrodomésticos acumularon una baja promedio del 6,6%, según relevamientos privados.
La combinación de ventas en retroceso, márgenes cada vez más ajustados y un fuerte incremento de la morosidad dibuja un escenario complejo para fabricantes y cadenas comerciales. La reciente convocatoria de acreedores de la fábrica Peabody terminó de encender las alarmas en un rubro clave para el consumo de los hogares argentinos.