Enduro Palé, Fan Fest mundialista, cantidad de turistas que nos visitan y los números que dejó en Censo. El juego de la exageración se hizo cada vez más presente y contó cada vez con más adeptos, ya sea por acción u omisión. Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Los lugareños sabemos que una vez que el calendario nos indica la llegada del mes de noviembre en Mar del Plata se empieza a palpitar el verano. Está temporada el frenesí estival se pospuso ante el delirio mundialista.
Justamente unos días antes que el Mundial eclipsara nuestras vidas, los guardavidas activaron las alarmas con un reclamo que se volvió extemporáneo culpa de la falta de “cintura política” tanto del oficialismo como de la oposición, pero no pasó de un susto. Desempate legislativo y a otra foto.
Ya era hora de tomarnos una siesta y solo despertarnos para cantar “muchachos” en todas las esquinas de un país enceguecido por la pasión futbolera. Algunos dirán que necesitábamos una distracción, un ansiolítico en plena crisis existencial.
Finalmente el verano llegó, está vez sin mayores estridencias, pero la modorra playera se vió sacudida por el conflicto desatado entre taxistas/remiseros y el Ejecutivo Municipal por la falta de regulación de las aplicaciones de transporte (proyecto que se encuentra veraneando en el deliberativo). La controversia tomó un impulso más allá de lo previsto dejando nuevamente al descubierto algún vestigio de falta de gestión, imperdonable para un equipo de gobierno que hace justamente de la “gestión” su único capital político.
Cuando la escalada parecía imparable, judicialización de por medio, y amenazaba con estropear las fotos playeras, el INDEC publicó los datos provisionales del Censo realizado el año pasado.
La población del partido de General Pueyrredon ronda los 682.605 habitantes, con un crecimiento del 10% en relación al último censo. Consultadas algunas fuentes que entienden de este tema indicaron que “es una cifra previsible y que no presenta inconsistencias metodológicas que salten a simple vista”.

Más allá de la aparente previsibilidad del dato, el oficialismo se mostró sorprendido, y transitó vertiginosamente por el enojo, el rechazo, la negación y la resignación.
En el oficialismo saben que el problema no es que aquellos (maniqueismo en estado puro) “dicen que somos pocos para perjudicarnos” sino que al parecer hace unos años dijeron que en otros municipios eran muchos para favorecerlos (e indirectamente perjudicaron a una provincia entera).
Pero la autopercepción de una ciudad que supuestamente poco menos que duplicó su población en 10 años tiene una historia que merece la pena recordar.
En mayo de 2021 se desató un escándalo entre jurisdicciones por el alcance del sistema de fases en el contexto de las restricciones por el COVID 19.
En aquel entonces el intendente Guillermo Montenegro cuestionó, en una carta dirigida a Alberto Fernández, la estimación poblacional que se tomaba como referencia para nuestra ciudad, y aseguró que “de parámetros objetivos como consumo de agua y de generación de residuos en el Partido, habitan al menos 850.000 personas”.
Fuentes cercanas al oficialismo no dudaron en estimar la población en torno a “un palo”. Un disparate.
En aquella misiva el intendente desató el juego de la exageración cómo estrategia, un juego que con el diario del lunes bien podría calificarse de temario e irresponsable en relación a la pandemia. Ya nadie compra diarios, y menos un lunes.
De allí en más el juego de la exageración se hizo cada vez más presente y contó cada vez con más adeptos, ya sea por acción u omisión.
Hace unos días nos recordaron, con esa euforia impostada tan característica, que “medio palo de personas” concurrieron al Enduro Palé. Si, leyeron bien: medio millón de personas, algo así como 10 canchas de Boca repletas, más de 3/4 de la población total de la ciudad. Discutible.
En la misma línea, se afirma que tuvimos “el fan fest más grande de la historia” en el que 140.000 personas concurrieron para festejar la gesta futbolera.
Haciendo memoria no hubo otro Fan Fest mundialista, pero más allá de eso resulta llamativa la cifra de concurrentes: según se estima para el cálculo de multitudes se contabilizan 1 o 2 personas por mt2, es decir 10.000 o 20.000 personas por manzana, estaríamos hablando de 7 a 10 manzanas repletas de marplatenses, algo así como 1/6 de la población total.
Los números de enero en relación al arribo de turistas también tiene su componente de exageración.
Más allá del cambio de estrategia para atraer otro turismo (más joven) a nuestra ciudad, la cifra de más de 1 millón y medio de visitantes esconde algunos datos: el creciente turismo de cortó plazo, o que viene solo a eventos puntuales, y la imposibilidad de cuantificar el mismo en virtud de la elección de hospedajes no registrados.
Se debería tener un poco de paciencia para estimar el gasto total, para luego calificar la temporada y la estrategia elegida por los responsables del área de Turismo.

Pero este juego de exageraciones tuvo un límite: nadie fue capaz de sobredimensionar la discreta entrega de los Estrella de Mar en un Polideportivo casi vacío, y tampoco se habló de multitudes en el austero festejo por el aniversario de la fundación de la ciudad. Al menos un suspiro de sentido común.
La exageración puede no ser tan grave por el solo hecho de hacernos creer algo que no es y hasta podría ser la típica fanfarronería porteña, pero cobra otro alcance cuando nos damos cuenta que es premeditada y oportunista.
Ante semejante desparramó de nuevos marplatenses, no muchos se preguntaron cómo podía ser posible que una ciudad de 1 millón de habitantes (que no existe) utilizara diariamente un sistema de transporte diseñado para algo más de 600.000.
Tampoco hubo preguntas ni respuestas, ni siquiera planteos o planes, para mejorar inmediatamente los sistemas de salud y educación a los efectos de contener semejante explosión demográfica (que nunca existió).
Ni siquiera se esbozó que la crisis de taxistas y remiseros quizás tuvo su origen en una creciente demanda y entonces se debía incrementar la flota. Puede fallar.
Todo esto no ocurrió porque algunos sabían que era sólo una cuestión de autopercepción inducida. Nos hicieron creer que éramos más. Una exageración para que los números nos sonrían, las publicaciones en redes sociales tengan otro alcance y entretener a aquellos que buscan desesperadamente una excusa.
El juego de la exageración en definitiva no es una inocente demostración de viveza criolla, es hacer premeditadamente que una cosa sobrepase los límites de lo verdadero, natural, normal, justo o conveniente.
En definitiva, quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Justamente piedras no nos estarían sobrando.