El arte del desacuerdo

El arte del desacuerdo

Es complejo resumir el 2021. Tan complejo que resulta casi imposible no caer en lugares comunes. Pero quizás valga afirmar que fue el año en dónde se hizo del desacuerdo un arte.

31 de diciembre de 2021

Resulta casi imposible abstraerse de algunas cuestiones si pretendemos repasar el 2021. Seguramente muchos eventos estarán presentes y otros fueron deliberadamente enviados a la papelera de reciclaje.

 

El 2021 comenzó con la épica sanitaria ligada la vacunación. Los aviones iban y venían, las azafatas lloraban y desbordaba una supuesta algarabía en los escasos vacunatorios. Voces ligadas a la cartera de salud afirmaban que vacunarse con 1 dosis era suficiente, Argentina producía la vacuna, los barbijos y también los test.

 

Terminamos el año con dudas sobre la implementación del pase sanitario, turnos para la tercera dosis y tanto las vacunas como los (insuficientes) test siguen llegando en avión.

 

Pero los cambios de rumbo (y algo de triunfalismo desmedido) son propios de la gestión de una pandemia.

 

Este año un ministro de Salud renunció porque se constató que algunos pensaron que no debían esperar su turno para vacunarse por creerse esenciales e impunes.

 

Argentina se coló en el top ten de países con más muertes por COVID por millón de habitantes y también más casos registrados. La segunda ola fue trágica.

 

Pese a ello, el oficialismo creyó que era conveniente hacer de la salud el eje de su campaña de cara a las PASO. Todo esto sin mencionar la famosa foto del festejo presidencial en plena cuarentena.

 

El resultado ya es sabido por todos.

 

Desde el comando de campaña del Frente de Todos tomaron nota del grosero error, entonces optaron por decir que la «gente» no los votó porque no tenía «platita» en el bolsillo. Hubo renuncias que no fueron, cartas con mensajes encriptados, despidos sorpresivos y señales contradictorias.

 

El resultado electoral fue casi el mismo, pero terminamos el año con un 50% de inflación, pobreza en alza y un dólar paralelo a $210 que presagia una devaluación más brusca de lo deseado.

 

El cielo de la oposición se llenó de halcones, que fustigaban cada medida del gobierno con dureza, se mostraban implacables pero bastante poco propensos a colaborar en una situación crítica. Pero al momento de armar las listas las palomas que estaba escondidas ocuparon los primeros lugares.

 

En cierto modo, Juntos por el Cambio pudo canalizar el enojo popular y se llevó la elecciones de medio término en una campaña olvidable desde todo punto de vista.

 

Este fue el momento del año en que el oficialismo festejó la derrota y la oposición comenzó una disputa interna pública post triunfo. Inexplicable.

 

Todavía se espera que el oficialismo envié al Congreso el plan Plurianual que el Presidente prometió la noche de la derrota electoral, cuando aún creían que la derrota electoral era tal. Luego la algarabía los confundió y el ¿festejo? modificó los planes.

 

Igualmente post recambio parlamentario, la vehemencia propia de la confrontación exacerbada reina en un Congreso en dónde todos buscan su lugar de la peor manera.

 

En también Mar del Plata pasaron algunas cosas.

 

El Ejecutivo hizo gala de la improvisación, disfrazada de gestión, para salir del laberinto de la cuarentena/pandemia.

 

La mayoría de los funcionarios que arrancaron año siguen en sus cargos. Sólo fueron apartados los hombres y las mujeres cercanas a Lucas Fiorini, luego de una «pelea» con más explicaciones que importancia.

 

Pero esa disputa fue la que terminó por sepultar el Pliego de Bases y Condiciones para licitar el Transporte Público. En realidad era un proyecto que pecaba de inoportuno. En plena crisis del transporte producto de la pandemia, planificar los próximos 10 años suena disparatado. Ni siquiera se puede planificar el servicio de taxis.

 

Hubo otro encontronazo, esta vez entre el ex miembro del partido FE, el concejal Nicolás Lauria y Guillermo Montenegro.

 

Lauria terminó armando un unibloque, que rápidamente se integró al que ya había formado Alejandro Carrancio (Crear), y se transformó en el bloque «Crear Juntos», y los funcionaron ligados a su figura corrieron la misma suerte que los cercanos a Fiorini.

 

Algo queda claro: a Montenegro no le tiembla el pulso a la hora de tomar algunas decisiones políticas.

 

Llegamos al momento de la confirmación de las listas, y aquí no hubo sorpresas. Algún herido en el Frente de Todos, pero todo siguió el curso natural.

 

El Frente de Todos intentó hacer de la emergencia en seguridad un tema de campaña. La emergencia sirve para dotar al Ejecutivo de instrumentos administrativos a los fines de agilizar algunas medidas. El oficialismo dio batalla, logró un foto con Sergio Berni y acompañó una ordenanza que poco aporta a la solución de un problema que azota a toda nuestra ciudad.

 

Finalmente, en las elecciones el oficialismo se impuso cómodamente, el Frente de Todos obtuvo los 4 concejales necesarios para evitar la mayoría de Juntos y a Acción Marplatense no le alcanzó la remontada en las elecciones de noviembre. No hubo épica de los liberales ni de la izquierda. Previsible.

 

El último escándalo del año fue la falta de acuerdo entre los bloques para nombrar a la presidenta de cuerpo, la radical Marina Sánchez Herrero, que finalmente fue votada sólo por su propio bloque y accedió a presidir el cuerpo.

 

Todo este resumen, desordenado y caótico, es sólo una pequeña muestra de la forma en que se gestiona la cosa pública, y como los ciudadanos sufrimos de la impericia de esos gestores.

 

El 2021 fue quizás uno de los años más difíciles que no han tocado transitar. El 2022 será mejor casi inevitablemente, aunque todo puede pasar.

 

Pero lo más grave, es que la sociedad ha encontrado en el desacuerdo una forma de relacionarse, y le exige a la política prescindir de los acuerdos.

 

La política no ha sabido construir una forma sana de relacionarse, incluso parece tan enojada y frustrada como la sociedad. Es un ida y vuelta de retroalimentación negativa, y solo la responsabilidad de algunos dirigentes podrá detener este derrotero negativo.

 

Quizás sea la hora de los acuerdos a pesar de las operaciones mediáticas y la mediocridad de la política tuitera. Es momento de pensar en solucionar los problemas y no solo enumerarlos para culpar al otro.

 

El 2021 fue el año del arte del desacuerdo. Levantemos las copas para que en 2022 empecemos a pensar en el otro, reflexionemos y aceptemos que sin diálogo solo lograremos una sociedad egoísta y cada vez más injusta.

 

Salud.

 

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