La sorpresiva e inexplicable entrega en custodia de tierras en El Marquesado para un emprendimiento de chacras comunitarias generó el rechazo de gran parte de la población y volvió a ubicar en el centro de la escena al Intendente.
Hace algún tiempo se desató una controversia en relación a la frase que define a la política como el arte de lo posible. Los españoles, frustrados por repetidos fracasos, instauraron que la política era el arte de lo imposible, porque solo los unía el rechazo y lejos estaban de construir los consensos necesarios para afrontar una crisis y lograr cambios profundos.
La política parece sólo capaz de aglutinar el malestar y canalizarlo en alguna expresión electoral para luego generar un nuevo loop de rechazo que otros canalizarán. Inevitablemente en algún momento el rechazo salpicará a casi todos y el enojo o la indiferencia terminarán rompiendo el circulo vicioso. Es imposible predecir las consecuencias e incluso los actores emergentes.
Hace unos días el arco político se mostró en una foto de entendimiento y concordia. De esa postal auspiciada por el Obispo ya no queda casi nada. Las reacciones a las usurpaciones dinamitaron los puentes que quizás se tendieron en esa jornada de “reflexión”. En realidad esos puentes nunca existieron, solo fue una absurda puesta en escena.
La ocupación de la rambla, ante la inexplicable pasividad de las autoridades provinciales, quedó reducida a una anécdota frente a la entrega en custodia de casi 1.400.000 metros cuadrados en la zona de El Marquesado a una ONG a los fines de evitar posibles intrusiones, desarrollar chacras productivas con viviendas para las familias productoras y emplazar un camping balneario. La incomprensible fascinación por lo imposible.
Ni siquiera el más alocado de los fanáticos podría diagramar un fin de semana repleto de situaciones evitables como el que se vivió en la ciudad de Mar del Plata. Tan absurdo es el escenario que por momentos parece legitimar a buena parte del oficialismo cuando afirman que hay actores que pretenden generar caos en una ciudad que parecen despreciar.
Aquella política que se reunió para fingir concordia en una foto es indiscutiblemente incapaz de dialogar incluso en el marco de la gestión pública.
La Agencia de Administración de Bienes del Estado al parecer no se comunicó con el Municipio pese a que están entregando en custodia un inmueble en donde se asentarán familias en una zona que no cuenta con los servicios básicos indispensables para cumplimentar los objetivos del convenio. Es más, justifican la custodia por temor a usurpaciones, lo que permite deducir que tampoco se comunicaron con las autoridades provinciales a los efectos de reforzar la seguridad en dicho predio. Si faltaba algo, tampoco hablaron con los vecinos a quienes tomó de sorpresa la ocupación del inmueble.
En pocas palabras: dictaron una resolución desde la comodidad de un despacho de la Jefatura de Gabinete de la Nación sin importarle las posibles consecuencias. Un disparate.
Ante semejante dislate, el Intendente Guillermo Montenegro jugó el juego que mejor juega. Estuvo rápido de reflejos para sofocar los reclamos de los vecinos de El Marquesado, se puso al frente de la situación desde lo gestual sin sobreactuar, logró infinidad de muestras de apoyo, alineó a sus socios políticos y volvió a ocupar la centralidad de la escena.

Desde el entorno del alcalde pasaron de filtrar posibles deserciones electorales a ubicarlo secundando a alguno de los precandidatos a gobernador del PRO, incluso ungieron a Montenegro como referente territorial indispensable para la batalla por la provincia. Los benefició el espanto. Algunos dirán que en nuestra ciudad la aspirante del FDT fue víctima de lo que en política se denomina “fuego amigo” o un “pase de facturas”. El oficialismo supo capitalizarlo al menos desde lo político.
Si nos remitimos estrictamente a los hechos, que es casi lo único que importa, el Intendente judicializará la resolución de la Agencia de Administración de Bienes del Estado y reforzará las vagas acusaciones en relación a supuestos gestores del caos. Mucho ruido para tan pocas nueces.
Cuando la tormenta se aleje los vecinos de El Marquesado posiblemente vuelvan a ser para muchos invisibles. Habrá pasado el huracán de la política como el arte de lo imposible.
Mientras tanto seguiremos analizando disparates y tratando de encontrar explicaciones para lo inexplicable. Los gestores de la cosa pública parecen dispuestos a no pensar más allá de sus ambiciones o sus intereses. Los problemas habitacionales continuarán, la desocupación y la inseguridad seguirán escondidas a la vuelta de la esquina y la inflación seguirá condicionando nuestro presente y destruyendo nuestro futuro.
La crisis nos pone frente a una oportunidad. La política debería estar a la altura. Es posible. El arte de lo posible.