La campaña no levanta vuelo. Las principales fuerzas políticas de la ciudad repiten viejas fórmulas. La disociación con la realidad es preocupante. El riesgo del ausentismo y el peligro del voto bronca.
En los últimos años ha cobrado relevancia el término multiverso. La popularidad del término se relaciona a la industria cinematográfica, más precisamente a las películas de ciencia ficción. Es un recurso inagotable para la narrativa, puesto que permite romper con las reglas básicas del tiempo y el espacio.
Pero el uso del término multiverso no se agota en el entretenimiento, según indican muchos estudios publicados en prestigiosas revistas científicas, “el multiverso es un término que los científicos usan para describir la idea de que más allá del universo observable, también pueden existir otros universos. Los multiversos han sido predichos por varias teorías científicas que describen diferentes escenarios posibles, desde regiones del espacio en diferentes planos de nuestro universo, hasta universos en burbujas separadas que están constantemente brotando”.
Lo único que todas estas teorías tienen en común es que sugieren que el espacio y el tiempo que podemos observar no es la única realidad. ¿Les resulta familiar?.
Imaginamos que muchos estarán por abandonar la lectura de esta nota, pero solo le pedimos un poco de paciencia. La política parece sumergida en una burbuja separada del resto del universo que conocemos, otro mundo para simplificar. La inmensa mayoría de la ciudadanía parece vivir en otro universo, el de las pequeñas grandes luchas cotidianas.

El Intendente Guillermo Montenegro participó de dos encuentros en sendas cervecerías para supuestamente conversar con jóvenes e interiorizarse de sus necesidades. Uno de esos encuentros sirvió para que el alcalde se muestre junto a Luis Petri, precandidato a vicepresidente de Patricia Bullrich, hace unos días se mostró con Horacio Rodríguez Larreta.
En la misma burbuja, Fernanda Raverta no pierde oportunidad para dejar registro de sus “visitas” a distintos barrios con promesas repletas de slogans, y lanzó en sus redes un video en la que se la ve compartiendo un té con ¿militantes? en un local partidario cuya decoración sobrepasa el límite tolerable de la auto referencia.
Los principales precandidatos parecen sentirse satisfechos en su burbuja, incluso creen que trascienden el interés de los interesados y logran captar la atención de los ciudadanos. Se sienten protagonistas de la historia. Es por eso que creen en sus propias encuestas y operaciones de prensa, porque viven en su burbuja. Cuando se aburren mandan a ladrar a sus caniches con ínfulas de dogo argentino y aplauden por sus ocurrencias.

Es importante destacar que no dudamos de la buena fe de los habitantes de la burbuja, seguramente tanto Montenegro como Raverta quieren lo mejor para la ciudad, la cuestión es que parecen distraídos en cuestiones menores: en dirimir quien es el mejor simulador.
En sus manos está la solución de los mismos problemas estructurales que sufrimos hace décadas y también de algunos que llegaron hace menos tiempo: el pliego para licitar el transporte duerme el sueño de los justos (como tantos otros temas en el deliberativo), no hay un plan de urbanización para las decenas de barrios precarios, ni siquiera esbozan algún anuncio de obra pública significativo, la circunvalación no es más que una avenida (necesaria, por cierto), los accidentes en la Ruta 88 siguen ocurriendo mientras se reparten culpas y esquivan responsabilidades, la nocturnidad está fuera de control, los decks siguen gozando de la impunidad que les brindó la pandemia, y así podríamos seguir hasta el 13 de agosto.
En la burbuja parecen desconocer no solo los problemas estructurales sino que tampoco dimensionan las pequeñas tragedias cotidianas que simulan escuchar en sus recorridas proselitistas: en el norte de la ciudad ya no saben cómo reclamar por seguridad, incluso proliferan las personas que optan por alambrar sus casas con cercos electrificados para evitar el ingreso de ladrones, en el oeste prenden velas ante cada tormenta porque las calles se transforman en ríos y proliferan los asentamientos de miles de personas que no tienen para comer, y cuando cae la noche en el sur se multiplican los robos de cables y conectores de medidores de gas (con el objeto de conseguir cobre para luego venderlo), solo por citar algunos de los muchos ejemplos.
Muchos de estos castigados ciudadanos de a pie quizás se están enterando que el dólar ahorro tendrá un nuevo impuesto (en otras palabras, devaluación) y que se restringirán importaciones (aún más). Quizás estas medidas generen un impacto en el mercado cambiario y una aceleración inflacionaria. Ser ciudadano del universo que existe fuera de la burbuja es poco menos que un calvario.
Si estaban esperando interpretaciones de encuestas o algún adelanto explosivo no sigan leyendo, busquen por otro lado. La vedette en las grandes ciudades está siendo el bajo nivel de participación electoral, los que están en el universo cotidiano están hartos de los que están dentro de la burbuja y ya no les importa lo que sucede en ese otro universo tan distante y frívolo.

Es por ello que la elección en nuestra ciudad puede deparar alguna sorpresa: una baja participación sumado al posible arrastre de candidatos nacionales quizás genere un efecto hasta ahora desconocido en las PASO. Igualmente, nadie debería especular con esta suma de accidentes para beneficio propio. La falta de legitimidad es una constante en casi todas las democracias y las consecuencias son nefastas.
Es una pena repetir análisis pesimistas, pero la burbuja de la política parece impenetrable. Los votos se suman de a uno dirían algunos amigos, pero parece que están más predispuestos a sumar likes que adhesiones. Miles de marplatenses y batanenses están exigiendo, muchas veces en silencio, que se les brinde una respuesta. No quieren selfies ni escuchas pasivas: necesitan soluciones.
Es hora que rompan la burbuja, sino lo hacen quizás miles de ciudadanos la destruyan con su voto o con su indiferencia en apenas unas semanas. Todavía están a tiempo de vivir en el mismo plano.