Disfrutar el silencio

Disfrutar el silencio

En el contexto de una pálida campaña local, el primer debate televisado de los candidatos a intendente se llevó buena parte de la atención. Los cuatro aspirantes seguramente se sintieron satisfechos por su performance. Mientras tanto dirigentes y candidatos visitan nuestra ciudad ante una indiferencia generalizada.

5 de octubre de 2023

Ya quedó lejos el debate del último domingo, el martes tuvimos el primer encuentro televisado de los candidatos locales y el domingo tendremos el segundo round de los presidenciales. Claramente es una semana de definiciones pero, más allá que por momentos nos tentamos por el encantador murmullo del frenesí electoral, esta campaña quedará en el recuerdo como una gran oportunidad perdida.

 

Hace ya algunos meses que estamos sumergidos en una incomparable crisis económica y social mientras en segundo plano protagonizamos un proceso electoral que parece infinito, quizás sea la peor de las combinaciones posibles porque la “política” está paralizada, sumergida en un loop de intrigas tan absurdo como inoportuno y la sociedad no encuentra representación. La fractura es inevitable.

 

En este contexto nosotros (y tantos otros) tratamos de explicar algunas cuestiones que incluso por momentos nos parecen muy lejanas. Terminamos abordando nimiedades como si fueran grandes problemas. Amplificamos aquello que en realidad es intrascendente, debemos hacer un mea culpa.

 

¿Qué quedó del debate de los candidatos a intendentes?. Primero destacar que los debates tienen poco de debate y bastante de circo mediático. Según la RAE un debate es una discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses.

 

La discusión o intercambio constructivo ha perdido la batalla ante los monólogos, la repentización cayó en manos del coaching inescrupuloso y la mayoría le habla a su propio espejo.

 

Los cuatro aspirantes a intendente seguramente se sintieron satisfechos por su performance. No hubo un claro perdedor o perdedora como quizás sí lo hubo en el debate del domingo. Guillermo Montenegro comenzó un tanto dubitativo pero se sobrepuso, Fernanda Raverta fue muy prudente y por momentos evitó ser víctima de su propio (des)gobierno, Rolando Demaio leyó más de la cuenta pero mostró alguna aptitud a partir del segundo bloque y Rosa Mauregui dejó en evidencia que era imperioso para la izquierda mostrar algunas caras nuevas.

Más allá de alguna chicana más o menos oportuna, el debate solo sirvió para fidelizar a los propios. El contexto de mediocridad o conformismo propuesto por los 2 máximos aspirantes permitió que Demaio y Mauregui lograran cierta notoriedad.

 

El candidato de LLA logró retener el 75% del voto de Javier Milei en las PASO, obviamente buscará superar o al menos mantener ese porcentaje confiando en que el león hará una mejor elección en nuestra ciudad. La candidata del FIT tiene una tarea muy compleja por delante, el 8,33% parece casi una quimera.

 

Raverta fue quizás quien prometió más de la cuenta y hasta recicló algunos anuncios como el Espigón Nº9, siempre de la mano de una futura gestión de Axel Kicillof y/o Sergio Massa, algún purista podría preguntarse como cumpliría la mandamás de la ANSES sus promesas en un contexto nacional y provincial negativo para Unión Patria. Quizás nunca lo sabremos.

 

Montenegro también se ancló en la promesa de mayor presencia de gendarmería que realizó Patricia Bullrich en su recorrida por el barrio Las Heras, y en una jugada previsible logró con cierta pericia que en los 5 minutos de debate libre se hable de lo ocurrido durante la pandemia.

 

La política marplatense tiene la extraña habilidad de evitar discutir a fondo los problemas de la ciudad. El debate del martes no fue la excepción.

 

En este escenario de mínima ebullición los candidatos nacionales y provinciales desfilan por nuestra ciudad pasando absolutamente desapercibidos.

Hay tanto ruido que buena parte de la sociedad disfrutaría del silencio: “palabras como violencia rompen el silencio, vienen a estrellarse en mi pequeño mundo” dice una canción que versa sobre una relación donde los pensamientos y los sentimientos son lo único que importa, las palabras son innecesarias e incluso pueden ser dañinas. El arte siempre brinda algunas herramientas para explicar mejor la realidad.

 

¿Por qué hacemos esta referencia al exceso de palabras o al “palabrerío” tan propio de esta campaña?.

 

La sociedad está harta, casi que espera que todo esto termine soñando que el día después de mañana todo será un poco mejor. El ruido no colabora con el humor social, más aún teniendo en cuenta que el día después de mañana seguramente no será el paraíso y que la crisis continuará más allá de las elecciones.

 

Alguno dirá que los más de 40 puntos de rating del último debate presidencial y la repercusión del debate local en redes desmienten la hipótesis del hartazgo, quizás tengan razón o quizás sea parte de la ficción que eligen vivir. Son millones los argentinos y argentinas que la están pasando muy mal y que poco les importan las ocurrencias de tipos que no le están hablando a ellos.

 

Volviendo al análisis electoral, ya no quedan dudas que la campaña local está nacionalizada, la campaña provincial está invisibilizada y la campaña nacional está desmadrada al punto que las denuncias y suspicacias se suceden intramuros.

 

A modo de pincelada de prensa amarillista, se comenta que en el entorno del alcalde analizan alternativas ante una posible implosión de Juntos por el Cambio, y que seguramente intentarán apelar al votó útil (anti kirchnerista en este caso) como lo hicieron muchos aspirantes en otras provincias, pero la simultaneidad en la provincia de Buenos Aires viene de la mano del misterioso e inexplicable “arrastre”.

 

En algún momento la política deberá dejar de pensar en clave de conveniencia y elaborar un sistema electoral sólido que no haga de la trampa una regla.

 

A modo de resumen, estamos en condiciones de afirmar que nadie (incluidos nosotros) tiene la menor idea de cuán colmado está el vaso y cuál será la gota que termine por rebalsarlo y también podríamos aseverar que a muchos parece no importarle. Una pena para todos.

 

Les deseamos un buen fin de semana, nos volveremos a encontrar el próximo lunes, cuando quizás resten apenas 12 días para disfrutar del silencio o transitar la calma que antecede al huracán.

 

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