CAOS

CAOS

Semanas que parecen meses. Simulacros que parecen una pesadilla. Nuestro país no nos da tregua. Las víctimas actúan como victimarios y el entramado social tambalea al ritmo de rugidos y cacerolas.

28 de diciembre de 2023

Bienvenidos a la última columna de año. La semana pasada confesamos nuestro hastío. Esta semana nos encantaría despedir el año de otra manera, pero definitivamente el 2023 se irá con un sabor al menos agridulce.

 

Tal cual ocurrió hace tan solo unos días, una manifestación sirvió para montar otro circo y mientras todos disfrutábamos de los payasos se envió al Congreso de la Nación un paquete de medidas que, más allá de una rápida lectura, merece al menos el calificativo de polémico.

 

El gobierno encabezado por Javier Milei está dispuesto a convivir con un caos auto generado. No es casual que cada paquete de medidas sea prácticamente inabarcable para la comprensión del ciudadano promedio agobiado por los problemas cotidianos. Estamos discutiendo centenares de cuestiones medulares simultáneamente, y esa forma de gestionar deriva en la simplificación más absurda calculada desde las entrañas del poder: “no la ven”.

 

El desordenado estilo de está flamante gestión no es fruto de la improvisación. Todo parece estar fríamente calculado.

 

Milei no apunta a destruir “la casta” planteada como un esquema de opresión a la “gente de bien”, pretende convertirse en “la casta” y que “la gente de bien” se contente agrediendo a todo aquel que no apoye las transformaciones que esté país necesita ¿? y creyendo no ser víctimas sino victimarios.

 

Pese a que el mismísimo Milei denunció a los legisladores de “coimeros” antes siquiera de enviar el mega proyecto de Ley, los legisladores tardaron más en 24 horas en tomar el guante y lo hicieron tímidamente. La política no sabe cómo reaccionar, esperan que la clase media haga el trabajo sucio, apuestan al hartazgo popular para luego escudarse en ese contexto y actuar, pero no se dan cuenta que el León disfruta del caos y juega peligrosamente a quebrar el orden social o crear uno nuevo.

Es imposible (con)vivir mucho tiempo más en un país en el que todas las semanas se monta un aparato represor televisado y que eso no tenga consecuencias en la cotidianeidad. El caos como herramienta de construcción política. La verdadera grieta.

 

En ese contexto los timoratos partidos políticos se alejan de las bases que no buscan una reacción violenta, sino un manto de tranquilidad ante tanta incertidumbre.

 

Si el DNU es una herramienta inviable o inconstitucional la respuesta debe ser sencilla: rechazarlo. No deben olvidar que la especulación con fines electorales permitió la irrupción de Javier Milei.

 

La política sigue jugando a la política en una caja de cristal en la que solo se observan ellos mismos.

 

El PRO guardó las banderas del republicanismo para futuras épocas en las que les toque volver a ser oposición y los halcones se comieron a las palomas. No es suficiente para LLA que debe sumar otros apoyos entre las cenizas de lo que supo ser Juntos por el Cambio. Pese a sus continuos insultos necesita del radicalismo o de sectores moderados de la extinta coalición. Parece casi imposible, pero la tibieza de algunos actores deja muchas dudas.

 

La lentitud parlamentaria parece ser la excusa para deshacerse del legislativo, no debería sorprendernos ya que el presidente despreció en más de una oportunidad al sistema democrático, pero lo que si sorprende es la actitud de algunos legisladores que esgrimen los mismos argumentos del anarco capitalista desde la comodidad de sus bancas pese a estar “colgados” del presupuesto hace décadas. La casta siempre es el otro.

 

Ante semejante disparate político y sumergidos en el caos libertario las nimiedades de la región Mar del Plata parecen quedar en un segundo plano. La endeble presentación del presupuesto y el escándalo por la modificación del régimen del Defensor del Pueblo serían los temas excluyentes de esta columna, pero cuesta mucho centrarse en el pago chico cuando casi todo parece pender de un hilo.

 

Nos gustaría adentrarnos en otras cuestiones, y nos sabemos repetitivos, pero algunas veces alguien tiene que insistir a riesgo de no agradar. No siempre se puede agradar a muchos. Algunos deberían tomar nota de esa máxima.

 

Es imposible e improductivo calcular el impacto de la crisis en la temporada. También es muy difícil imaginar el mes de febrero y el comienzo de clases. La incertidumbre y el caos son dos caras de la moneda que está girando en el aire.

 

Desde esta columna les deseamos a todos el mejor 2024 posible. Cada vez parece que nos conformamos con menos. Es un signo de nuestros tiempos.

 

Será hasta la semana que viene, cuando nos volvamos a encontrar en este diván virtual en el que repartimos penas sin dejar de tener la esperanza que algún día podamos relatar las historias mínimas de política cotidiana.

 

Hasta la semana que viene. Feliz 2024.

 

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