Cachacho, al lado y en el camino

Cachacho, al lado y en el camino

Esta columna está dedicada a Carlos Cachacho Pascual, un comunicador social que ha hecho de la coherencia ideológica una bandera. Un periodista que dice lo que piensa, un preguntón de los medios que es fiel a la verdad, un quijote que sabe con certeza que toda revolución se hace con el corazón.

3 de febrero de 2021

 “En tiempos donde nadie escucha a nadie
en tiempos donde todos contra todos
en tiempos egoístas y mezquinos
en tiempos donde siempre estamos solos”.

Fito Páez

 

Los imprescindibles no aparecen en las portadas de los grandes medios, no son fotografiados sonrientes y bien vestidos en las páginas de las coquetas revistas del sistema, no asisten a los agasajos pagos ni son reporteados por los bufones del poder. Ellos han elegido transitar un camino que los mantiene distante de los oropeles  y de los fingidos reconocimientos, ellos han optado desandar el camino de la verdad, que sin lugar a dudas es el más penoso, el más largo, el más hostil, pero también es el más seguro.

 

Ellos, los imprescindibles, dan batallas conscientes de la opulencia del enemigo. Blanden espadas contra los que se creen dueños de mundo, caen, vuelven a caer y dignos se piensan inmortales para levantarse vencedores. Ellos los políticamente incorrectos, los trasgresores, los molestos, los que incomodan, la pesadilla de los que pretenden arrebatarnos los sueños y pisotearnos las utopías. Ellos, hombres sencillos que sobreviven estoicos en el corazón de los más humildes, en la razón de los desprotegidos, en el alma de quienes creen que es posible una sociedad más justa y solidaria.  A ellos los sentimos seres cercanos, compinches, amigos. Como dijo alguna vez el Che: “No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”. Y cierto es que muchos de los imprescindibles, como no podía ser de otra manera, admiran al Che.

 

El protagonista de estas líneas, el querible y admirado Carlos Cachacho Pascual, vive apasionadamente lo que hace, micrófono en mano dice lo que piensa y sus convicciones denotan en el tiempo una abrumadora fidelidad ideológica. Un tipo sensible que grita su rebeldía con la bravura de un cincuentón que sin eufemismos llama a las cosas por su nombre. Un sensiblero que llora sin pudor alguno cuando la emoción le pega en el pecho.

El escritor y periodista futbolero Juan Sasturain escribió sobre los relatores de la radio: “Son excepcionalmente gráficos, deslenguados, espontáneos, arrebatados hasta para crear la metáfora más desaforada sobre la marcha para manifestar un sentimiento que los supera”. Un viejo duende que habita entre los cuidados transistores de una inmaculada Noblex Carina, me cuenta que una voz muy juvenil se atrincheró para siempre entre las ondas hertzianas que surcan el cielo pampeano y que desde una envidiable y precoz genialidad narraba las alternativas de un formidable desafío entre soldaditos de plomo que se convertían en admirados futbolistas de los años 70´. Doña Cora, su mamá, oficiaba de comentarista mientras Carlos Emilio, su papá, improvisaba con un humilde cortador de ravioles un portentoso micrófono que resquebrajaba el silencio y surcaba una calurosa tarde en General Pico. Chelo y Adriana, sus hermanas, escuchaban envilecidas hasta que la siesta se rompía definitivamente cuando el nueve marcaba al fin un gol memorable ante el descuido de un soldadito que se caía torpemente ante la finta del artillero adversario.

 

A los 15 años de edad empezó a trabajar en la radio haciendo campo de juego en los partidos de fútbol que organizaba la liga pampeana. Luego se mudó a Buenos Aires y estudió y aprendió el oficio en la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos. En su breve estadía en Capital Federal  probó suerte como futbolista y tuvo un fugaz paso como centrodelantero en las  divisiones juveniles de Ferro Carril Oeste. Luego, con el diploma bajo el brazo volvió a su  tierra y a los 24 años comenzó a relatar básquet en el mítico TNA.

 

Deslenguado, gráfico, espontaneo, pasional, su voz describió en la década de 1990 la hora más gloriosa del baloncesto profesional de su pueblo relatando por todo el país, en la sintonía de AM LU 37 Radio General Pico, el campeonato de Liga y el certamen Sudamericano obtenido por Independiente.

 

Con el tiempo, junto al cordobés Humberto De Nápoli, se convirtió en el relator que más partidos y finales narró en la historia de Liga Nacional de Básquet. Incluidos partidos por títulos continentales y dos mundiales, uno juvenil y otro de selecciones mayores en España, cuenta con más de 3000 cotejos en su haber.

 Pero a veces la voz que emociona en la radio molesta a los que mandan y los que mandan no toleran ser molestados, sobre todo por quienes se erigen en voceros del pueblo, de los ninguneados, de los nadies, de los más humildes. Por aquellos periodistas que no se traicionan y no le ponen precio a su dignidad y eligen, a pesar de los sinsabores emocionales y económicos que les acarrea en su vida diaria, morir de pie que vivir de rodillas.

 

En 2001 el por entonces gobernador de La Pampa Carlos Verna y sus súbditos lo persiguieron, lo censuraron, creyeron que arrojándolo al exilio lograrían quitarle el aire, acallar su voz, silenciarlo, arrancarle del pecho sus verdades, su prédica en favor de los humildes. Ilusos con bastón de mando y bolsillos de payasos que osaron tapar el sol con las manos, tan ingenuos como aquellos que pretendieron enmudecer aquella radio rebelde que enfrentaba al dictador Fulgencio Batista desde Sierra Maestra. El relator deportivo miraba más allá de los antojadizos caprichos que dibujaban una  pelotita de fútbol o de básquet y en consecuencia su palabra en el micrófono ya era escuchada por miles de pampeanos que lo percibían cercano, amigo, leal, compinche, compañero.

 

Cachacho, un auténtico imprescindible, en agosto de 2004 afrontó con hidalguía junto a su ex esposa y sus tres hijos el exilio, el destierro y desembarcó en Mar del Plata, donde pateó las calles, –  como dice la letra del talentoso Discepolín: “buscando ese mango que te haga morfar”-. En realidad, desde aquel primer día a la fecha, Cachacho transita las veredas de la ciudad y golpea puertas buscando esa bendita pauta publicitaria  que le permita ganar dignamente el sustento diario y sostener cada uno de sus emprendimientos periodísticos. El deporte ocupa todas las horas de los marplatenses, pero los medios, casi en su totalidad, hace tiempo que no retribuyen económicamente la tarea del periodista especializado en la materia.

 

Trabajador incansable, un laburante de prensa que luchó, perdió, cayó, volvió a caer, venció, lucha. Un comunicador, un soñador que cree que la realidad no es un destino, sino un desafío, que el tiempo presente no es el tiempo de la eternidad, que las cosas, la realidad, cambian, están en transformación continua.  Decía su admirado Eduardo Galeano: “Todo cambia todo el tiempo y nosotros tenemos el sagrado derecho de imaginar el futuro y saber que no estamos condenados a aceptarlo”.

Hoy Cachacho es el orgulloso creador y Director de la revista Tiempo Récord, una propuesta gráfica de altísima calidad que lleva quince años ininterrumpidos contando desde sus páginas el deporte de la ciudad. Además, relata la campaña de Aldosvi en FM 101.9, emisora donde también conduce todas las mañanas de 10:00 a 13:00  “La razón que te demora”, un exitoso programa político que posee una inusual repercusión afectiva entre sus oyentes.

 

Estas líneas, reitero, están dedicadas desde la admiración y el respeto a un comunicador social que ha hecho de la coherencia ideológica una bandera. Un periodista que dice lo que piensa, que no disimula ni falsea su pertenencia política partidaria con el peronismo, especialmente con el kirchnerismo. Un preguntón de los medios que no miente, que es fiel a la verdad, un quijote que sabe con certeza que toda revolución se hace con el corazón.

 

Un maradoniano de primera cepa que ya es parte constitutiva de la radiofonía marplatense. Releo y escribo una maravillosa reflexión del recordado Dante Panzeri: “La gente que hace vida pública cae en el frecuente error de suponer que su meta en la vida es la de pasar a la historia. El mayor servicio que en vida el hombre puede prestar es poniendo limpieza en la casa que ocupe mientras viva. Y no ocupando una página en algún libro luego de morir. De eso se encargarán otros que deciden si vivió para utilidad de los demás, o si sirve para ser usado como instrumento para con los demás. Pero nunca es el mismo hombre, consigo mismo, el que decide para qué sirvió lo que hizo”.

Indudablemente Carlos  Cachacho Pascual, micrófono en mano, vive su pasión profesional para los demás, pensando en el otro, aunque los grandes medios, los libros y las coquetas revistas del sistema lo ignoren. Carlos Cachacho Pascual muy a pesar de los poderosos de turno que pretendieron o pretenden callarlo, es la voz de los otros, la voz de los que no tienen voz.

 

Un gran tipo, noble, digno, un hombre que a los golpes con la vida aprendió que hay que endurecerse sin perder jamás la ternura, un realista que cada día en la radio, desde la radio, a pesar de todo y contra todo, todavía pide lo imposible.

 

Mario Giannotti

 

Comments are closed.