Alvarado y Gustavo Gatti crecen desde el pie

Alvarado y Gustavo Gatti crecen desde el pie

Estas líneas revalorizan la trayectoria y la actualidad de Gustavo Gatti. Un golero que en el campo sobresalía por su talento y por un inconfundible amarillo fluo en su vestimenta, un hombre que ahora fuera de la cancha se destaca por su rigurosidad profesional y su envidiable capacidad para comandar grupos humanos. Un hacedor de sueños.

11 de enero de 2021

“Crece la pared por hiladas

crece la pared

crece desde el pie amurallada

crece desde el pie”.

Alfredo Zitarroza

 

Los guardametas, como los árbitros, suelen recibir los mejores elogios cuando hacen fácil lo difícil, cuando simplifican o resuelven situaciones complejas. El escritor Juan Sasturain reflexionó cierta vez que muchas veces se repara en el arquero si se equivoca y en consecuencia, su error, se transforma en un fallo colectivo. Todos los demás pagan por él y él paga por todos. Ingrata condición para un hombre que maneja culpas, un héroe solitario que en cada mano a mano con el delantero rival se juega su paso a la gloria o su confinamiento a la horca.

 

Ellos desde su propia geografía territorial poseen una mirada privilegiada de cuanto acontece en un partido. El portero otea el horizonte y presagia desde su sabiduría los riesgos de un contragolpe enemigo. Ellos siempre se adelantan a la jugada y ven lo que otros no pueden, no quieren, no desean, no se animan a vaticinar.

 

Gustavo Gatti, protagonista de lujo de estas líneas, sabe a ciencia cierta que su exitosa experiencia profesional bajo los tres palos forjó su personalidad, su conducta. En silencio y sin grandes estridencias se convirtió en el gran hacedor de sueños de Alvarado. Gatti, tanto como Coordinador de divisiones menores o como Manager, supo amalgamar un puñado de muy buenas ideas, proyectos a mediano y largo plazo que le permitieron poner en valor el patrimonio futbolístico del Torito del ex barrio Mataderos.

 

En 2015 el expresidente Pablo Mirón, una figura imprescindible en el  rearmado institucional y deportivo de Alvarado,  lo convenció para que se sumara a su equipo de trabajo como responsable de las categorías formativas.

 

“Gustavo era el conductor que necesitábamos. Encontré más que un coordinador un hombre de ley, respetable, un amigo. El tipo justo, siempre tratando de hacer lo correcto y siempre poniéndole el pecho a las  adversidades. Con él cambiamos la idiosincrasia del fútbol infantil de club, nos aggiornamos, los vestimos de azul y blanco a todos, pusimos reglamentaciones claras. Gatti fue nuestra arma fundamental en el día a día en la Villa”.

 

La historia futbolera de Gustavo Gatti comenzó a escribir sus primeras páginas en los picaditos que se jugaban en la Plaza 9 de Julio. Luego por iniciativa de su papá Héctor, ex arquero en su Bahía Blanca natal en la muy áspera Liga del Sur, fichó en Independiente. Allí formó parte de una multicampeona categoría 1972 en la cual compartió equipo, entre otros, con el Peto Carlos Gianetta, el Rulo Claudio Paris, Gustavo Fernández y Tito Abrales.

 

El Rojo fue una vidriera que lo puso en consideración de los ojeadores de talentos juveniles. Quilmes lo tentó y fue refuerzo Tricolor con Gianetta, París y Daniel Bengoa en el mítico Torneo Latinoamericano. Tras el certamen decidió continuar su promisoria carrera en el Cervecero, entidad que poseía en su cantera entrenadores de arqueros, una modalidad no muy desarrollada en los inicios de los años 80´. El legendario Oscar Fontán y el chaqueño Hugo Carballo, ídolo en la Universidad de Chile, eran los responsables de formar y corregir a los jóvenes porteros de la institución de Luro y Guido.

En Quilmes aprendió el oficio y pulió su técnica a lado del Bochi Battaglia y de Pablo Calli, dos excelentes arqueros, auténticos referentes del campeonato liguista.

 

En 1988, Ernesto Tempone, padre de Gustavo, le consiguió una prueba en San Lorenzo de Almagro. Vale destacar que Gustavo Tempone era por entonces una de las principales promesas azulgranas y sumaba minutos en primera división como recambio del mismísimo Néstor Raúl Pipo Gorosito.  Julio González y el Rata Alejandro Sardella  lo acompañaron en aquella primera travesía futbolera lejos de la ciudad.

 

Los técnicos y los dirigentes Santos aprobaron su incorporación a las categorías juveniles del club sin brindarle, en su primer año, hospedaje en la pensión. Gustavo creía en sus condiciones y su temperamento fue fundamental para afrontar los primeros meses en Buenos Aires. Los hermanos Tempone le dieron lugar en el departamento que habitaban en Capital Federal. Gustavo, crack Cuervo en ciernes y Germán, su hermano, ganando experiencia en las inferiores de Huracán.

 

Gatti era el tercer arquero de la sexta división de San Lorenzo de Almagro. Entrenaba toda la semana en doble turno. A la mañana con Cuarta y Quinta y a la tarde con su categoría. Fueron seis larguísimos meses donde no vio su nombre en la lista de convocados, seis meses donde creció de golpe, donde los afectos fueron fundamentales para no bajar los brazos y desistir en el esfuerzo. Sus convicciones y el amor incondicional de sus padres, Ángela y Héctor, y de su hermano Adrián, enjugaron las lágrimas y fueron abrigo, abrazo, aliento, un espaldarazo a la distancia, una llamita que mantuvo el fuego sagrado de aquel pibito que se soñaba arquero profesional en los picaditos de las Plaza 9 de Julio. 

 

En 1992 finalmente desembarcó en primera y realizó la pretemporada en Mar del Plata. Fue al banco de suplentes en uno de los partidos de la tradicional Copa de Oro veraniega. En el blaugrana de Boedo debía competir por el puesto y ganarse un lugar entre Fernando Regulés, César Labarre y Rubén Ruiz Díaz.

 

Gustavo era el guardameta titular en Reserva y además trabajaba con Ernesto Biondi en la Escuelita de Fútbol del Club como entrenador de arqueros. Por intermedio de Salvador Biondi, tío de Ernesto, ídolo en la U de Chile, amigo personal de Hugo Carballo, llegó la propuesta para emigrar a Huachipato. El 5 de febrero de 1993 se instaló definitivamente en el país trasandino y a partir de allí se erigió en uno de los mejores arqueros de la historia del conjunto Negriazul.

 

Logró el ascenso a la elite del fútbol chileno defendiendo los colores de la Siderúrgica Huachipato, una de las fábricas de acero más importante de Chile. En 1998 recaló en Uruguay y fue figura en Liverpool, luego viajó a México para ser parte del Morelia, aunque una pubalgia  lo marginó de la titularidad y apresuró su traspaso al Puebla.

 

A los 26 años de edad, desoyendo los consejos de los directivos mexicanos que le recomendaban curar su lesión en suelo azteca, volvió a Mar de Plata para ponerse físicamente a punto bajo la supervisión del Doctor Rubén Caraciollo. El Loco Raimundo Luengo, un querible y pintoresco representante vocacional del fútbol marplatense, suegro del Flaco Osvaldo Nartallo, con quien había compartido equipo y pensión en San Lorenzo, lo acercó al magnánimo Banfield que dirigía el entrañable Rubén Giménez.

Club Social de Deportes Rangers, Osorno, Huachipato – con Oscar Garré como entrenador- , Banfield de Mar de Plata, Aldosivi, Santamarina, Alvarado y Talleres, formaron parte de la última etapa de su brillante trayectoria deportiva. Vale señalar que en este lapso de tiempo conquistó tres ascensos: Osorno a primera división, Aldosivi a la B Nacional y Santamarina al Argentino A. En Talleres, en el final de su carrera, ejerciendo además su función de Coordinador de categorías infanto-juveniles, fue el guardameta del conjunto portuario que logró alzarse con un anhelado y muy esperado torneo de la Liga Marplatense.

 

Al radicarse en Mar del Plata hizo el Curso de Director Técnico y comenzó a capacitarse en la gestión, se documentó para ejercer con responsabilidad y vastos conocimientos su futuro rol como Mánager.

 

«Es un rol novedoso para el fútbol argentino y para nosotros que lo ejercemos también. El Mánager debe saber tanto de fútbol como de finanzas. Debe conocer a fondo las inferiores y el patrimonio del club, debe estar en todo», sentenció cierta vez Gustavo Dezotti, ex futbolista y Director Deportivo de Newell´s en 2008.

 

Wenceslao Méndez, actual presidente de Alvarado, tras el ascenso a la Primera Nacional, le confirió su total apoyo y puso en sus manos la conducción y el liderazgo del fútbol profesional del Toro bravo de la ciudad.

 

“Gustavo ha superado holgadamente como Coordinador General del fútbol de Alvarado mis expectativas y se ha convertido en una pieza indispensable en la institución. Se trata de un gran ser humano que contiene los mejores valores, eso permite un apoyo fundamental en el crecimiento personal de nuestros chicos. Gatti es dedicación y profesionalismo”.

 

Sin lugar a dudas Gustavo Gatti, en silencio y sin grandes estridencias, es uno de los principales responsables de este auge futbolístico e institucional de Alvarado. Un hacedor de sueños que planifica un futuro en el cual los pibes del club tengan las mismas oportunidades que los jugadores más representativos y categorizados de la divisional. Que cree indispensable en el corto plazo ser partícipe del Torneo de Reserva de AFA para darle rodaje a los primeros contratos y a los que no tienen lugar en primera.

 

En definitiva, Gatti como buen arquero, se adelanta a la jugada y ve lo que otros no pueden, no quieren, no desean, o no se animan a vaticinar. Un golero que en el campo sobresalía por su talento y por un inconfundible amarillo fluo en su vestimenta, un hombre que ahora fuera de la cancha se destaca por su rigurosidad profesional y su envidiable capacidad para comandar grupos humanos.

Transcribo una maravillosa interpretación futbolera del arquero, novelista, dramaturgo, ensayista, periodista y filósofo francés Albert Camus: “Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha”.

 

Aplausos y telón lento para esta maradoniana definición, una mirada que nos permite comprender la naturaleza y la psiquis de los que alguna vez se jugaron el pellejo bajo los maderos. Hombres que manejan culpas, héroes solitarios que en cada mano a mano con el delantero rival se juegan su paso a la gloria o su confinamiento a la horca.

 

Tipos nobles y altruistas. Bravíos defensores de un ideal que crece desde bien abajo, desde el pie, como la pared por hiladas, amurallada, siempre desde el pie…

 

Mario Giannotti

 

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