A 50 años del golpe, Emilce Moler -sobreviviente de la Noche de los Lápices y referente de derechos humanos en Mar del Plata- planteó la necesidad de repensar cómo se transmite la memoria a las nuevas generaciones. “Hay que salir de la defensiva y recuperar la iniciativa”, dijo.
En el marco de un nuevo 24 de marzo, atravesado por el medio siglo del inicio de la última dictadura cívico-militar, Emilce Moler —sobreviviente de la Noche de los Lápices y radicada en Mar del Plata desde fines de los años 70— planteó la necesidad de repensar cómo se transmite la memoria a las nuevas generaciones.
Moler sostuvo que los jóvenes de hoy tienen otras formas de escuchar y comprender, lo que obliga a revisar los modos tradicionales de comunicación. Según explicó, “los discursos extensos o cargados de conceptos históricos no siempre logran interpelar, ya que muchas veces términos ligados a los crímenes del terrorismo de Estado resultan lejanos o difíciles de dimensionar”.
En ese sentido, remarcó que no alcanza con repetir símbolos o consignas de manera automática, sino que es necesario reconstruir un vínculo más genuino con las juventudes. “También nosotros fuimos disruptivos en nuestra época”, sugirió.
Durante una entrevista con Página/12, la referente de derechos humanos planteó un interrogante central: qué propuestas concretas se les ofrecen hoy a los jóvenes para involucrarse en la defensa de los derechos humanos. Para Moler, el desafío pasa por “dejar atrás una posición meramente reactiva y volver a construir una agenda que convoque desde la iniciativa”.
Su propia historia está marcada por el terrorismo de Estado. Tenía 17 años cuando fue secuestrada en La Plata, en septiembre de 1976, por su militancia estudiantil. Fue una de las pocas sobrevivientes de aquel operativo represivo que se conoció como la Noche de los Lápices.
A medio siglo del golpe, Moler también destacó la vigencia de los símbolos de memoria en el espacio público, pero puso el foco en las nuevas formas de participación. En ese marco, valoró “el impacto de movimientos recientes como el feminismo, al que definió como una irrupción potente y transformadora surgida en democracia”.
Finalmente, insistió en la importancia de habilitar el diálogo frente a las nuevas generaciones. Afirmó que “es necesario escuchar, pero también sostener con firmeza la transmisión de lo ocurrido, incluso si eso implica volver a empezar desde lo más básico”. Para Moler, el desafío es salir de la parálisis y reconstruir, una vez más, el sentido de la memoria colectiva.