Un relevamiento nacional de QSocial revela que cuatro de cada diez argentinos priorizan impedir el triunfo del candidato que más rechazan antes que respaldar a quien más los representa. El fenómeno es aún más marcado entre los votantes de Javier Milei.
Una encuesta nacional de la consultora QSocial puso de manifiesto el creciente peso que tiene el denominado “voto por rechazo” en la política argentina. Según el estudio realizado durante mayo de 2026, el 44% de los electores estaría dispuesto a apoyar a un candidato que no termina de convencerlo si eso garantiza la derrota del dirigente que más rechaza.
El informe señala que esta lógica adquiere su máxima expresión entre los simpatizantes del presidente Javier Milei, donde el porcentaje asciende al 57%. En contraste, entre quienes se identifican con el peronismo o el kirchnerismo alcanza el 37%, mientras que entre los votantes independientes llega al 41%.
Para la consultora, estos datos muestran que buena parte del respaldo electoral al oficialismo se sostiene más en la oposición al kirchnerismo que en una adhesión plena a la gestión. En ese sentido, el 41% de los encuestados considera que un eventual regreso del peronismo al poder representaría un retroceso para el país, percepción que también alcanza niveles elevados entre los independientes.
En cuanto al desempeño del Ejecutivo, el estudio muestra que la aprobación de la gestión nacional se estabilizó en el 34%, luego de varios meses de caída, mientras que la percepción sobre la capacidad para gobernar mejoró levemente hasta el 36%. No obstante, persisten cuestionamientos a la comunicación presidencial: el 65% considera inapropiado el estilo confrontativo de Milei y un 62% cree que el Gobierno descalifica a quienes piensan distinto.
Respecto del escenario electoral, La Libertad Avanza encabeza la intención de voto con el 26%, seguida por el peronismo con el 23%. En una medición por candidatos, Milei alcanza el 31% de intención de voto, frente al 27% del gobernador bonaerense Axel Kicillof. El informe también refleja una mejora moderada en las expectativas económicas, aunque la inflación y el desempleo continúan entre las principales preocupaciones de la sociedad.