La violencia crece en la ciudad de Mar del Plata. El balance en materia de seguridad del verano no fue todo lo positivo que se afirma y repite. El Intendente intentó hacerse cargo en el discurso de apertura de sesiones del Concejo Deliberante.
La apertura de las Sesiones Ordinarias del Concejo Deliberante siempre deja tela por cortar. Más allá de los dimes y diretes propios del cuerpo deliberativo, inexplicables para el ciudadano de a pie, la sangre no llegó al río y hubo elección de autoridades tanto de la mesa directiva como de las comisiones.
Las novedades son que el radical Facundo Bustos se hará cargo de la Secretaria de Concejo y que el concejal Nicolás Lauria presidirá las comisiones de Hacienda y Seguridad. Enhorabuena, charlando hasta los concejales se entienden.
Pero más allá del mundillo legislativo, el momento más esperado suele ser el discurso del Intendente.
En el contexto del siempre ordenado y abarcativo discurso del alcalde, la agenda impone un tema: la inseguridad y la violencia están creciendo en Mar del Plata.
Vale la pena destacar que el intendente no le esquivó a la cuestión, tal es así que afirmó: “y si de prioridades hablamos, la Seguridad es sin dudas una de ellas. Para los vecinos y para mi”. Montenegro hace propio el reclamo que surge en cualquier estudio de opinión pública o de solo caminar un poco las calles de la ciudad. La cuestión es analizar cómo lo hace.
Inmediatamente destacó una vez más el diálogo “permanente con el ministerio de Seguridad, porque en un tema tan sensible no puede haber matices, no puede haber mezquindades partidarias”, desarticulando así cualquier intento de la oposición de capitalizar políticamente la cuestión.
En un claro exceso por resaltar la articulación público – privada, uno de los ejes de su discurso, afirmó que “la coordinación entre las fuerzas de seguridad, el municipio y los distintos sectores involucrados en actividades nocturnas permitieron crear un dispositivo de seguridad y un sistema de transporte adecuado para lograr una rápida dispersión de la gente a la madrugada y así minimizar el riesgo de enfrentamientos violentos”.
La coordinación de un operativo con algunos comerciantes lejos está de configurar una articulación entre lo público y lo privado, ya que no es más que la obligación del Estado de escuchar y responder a los contribuyentes. La euforia discursiva.
Es verdad que se redujeron los enfrentamientos violentos en las zonas en las que se dispuso un fuerte operativo encabezado por las Fuerzas Especiales de la UTOI. Pero la manta es corta.

La decisión de articular y centralizar este tipo de operativos en las zonas más visitadas o visibles (con mayor exposición mediática) en la temporada estival dejó en evidencia un crecimiento del delito en aquellos lugares en los que los policías recién llegados apenas contaban con algo más que su propia buena voluntad.
Mar del Plata se partió: por un lado la ciudad que recibe y cuida, en proximidades de los centros de esparcimiento nocturno, a los jóvenes que vienen a pasar un par de días o concurrir a algun evento y por otro lado la ciudad del millón de habitantes que nunca fue y que parece poco importar.
Por lo bajo ya se habla de un aumento del 40% en las denuncias por hechos violentos o delictivos en los últimos meses: no es una sensación sino una realidad. Esto desmentiría de plano las estadísticas positivas del 2022 a las que se refirió el Intendente.
Más allá de discutibles resultados positivos expresados vagamente, el Intendente no titubeó a la hora de solicitar al legislativo avanzar en todos los proyectos pendientes de tratamiento para seguir facilitando la instalación de fuerzas de seguridad. Quizás un guiño para la Mar del Plata abandonada.
Parece que para el oficialismo la inseguridad se combate casi únicamente con mayor cantidad de efectivos en la vía pública.
Montenegro también hizo referencia a la tecnología como complemento, se espera para este año sumar 111 nuevas cámaras, lo que completa un total de más de 1500 y un anillo digital de otras 55, además de las más de 400 cámaras privadas que se sumaron al sistema de monitoreo.
En un esfuerzo discursivo por repasar algunos otros logros en materia de seguridad, Montenegro planteó la continuidad de los controles vinculados a la aplicación de la ordenanza referida a la zona roja y algunas contravenciones vinculadas a cuidacoches y limpiavidrios. Estas medidas resultan para muchos cosméticas cuando se debe enfrentar una enfermedad cuyo tratamiento requiere de alta complejidad: Mar del Plata está empezando a delinear escenarios delictivos similares a otras grandes urbes argentinas.
En este nuevo contexto resultan importantes algunos datos: existe un aumento sostenido en las denuncias por robos de autos y motos, que nunca aparecen porque presumiblemente se desarman para la venta de partes, y el crecimiento de los enfrentamientos entre vecinos que derivan en heridos y muertos con mayor frecuencia de lo imaginado.

En una sociedad como la que creemos vivir deberían ser aislados los eventos en los que un familiar o un vecino se enfrenta a otro con un arma sin importar las consecuencias que esa disputa menor ocasione. A menos que estemos inmersos en un proceso de dramático cambio socio cultural, que sería muy grave, justificar muchos de los sucesos violentos de los últimos meses en peleas que podrían reducirse a lo doméstico es insuficiente, preocupante y peligroso.
Evidentemente existe un cambio en la matriz delictiva, y según relatan muchas personas que dedican buena parte de su vida al trabajo social en distintos barrios, esos enfrentamientos que se multiplican encontrarían su raíz en disputas territoriales por el manejo de actividades delictivas diversas. “A buen entendedor pocas palabras” repite el saber popular.
Sobre el final de su alocución el Intendente hizo referencia a una cuestión que preocupa y mucho a distintos sectores: las usurpaciones. Afirmó que no se pueden aceptar métodos extorsivos en ningún caso y que por eso siempre se realiza la denuncia penal correspondiente.
La contención social y trabajo territorial preventivo parecen no ser alternativas, incluso frente a una crisis económica y social que nadie se atreve a endilgar al Intendente.
En definitiva, y más allá del optimismo oficialista y el silencio opositor, son pocas las respuestas que encontramos en relación al crecimiento de la violencia, al cambio de la matriz delictiva, al fantasma de las usurpaciones y al resurgir de algunos delitos.
La seguridad es un tema molesto para aquellos que manejan la cosa pública ya que no alcanzan las palabras sino que hay que demostrar una gestión interdisciplinaria y coordinada, incluso a riesgo de quedar atrapado en algunos de los caprichos discursivos dominantes.
Si es molesto abordarlo en un simple discurso, imaginen lo molesto que puede ser para aquellos que se sienten diariamente desprotegidos y que muchas veces cuentan con la suerte como única aliada.