La sociedad parece haber llegado a un punto de no retorno. Ningún político supera el 40% de aprobación y 7 de cada 10 personas creen que vamos por mal camino. Mientras tanto los políticos parecen solo mirarse al espejo.
Es 19 de febrero y falta muy poco para que el reloj (una antigüedad) marque las 6am. En alguna playa del norte de la ciudad de Mar del Plata decenas de personas se reúnen para presenciar un espectáculo majestuoso, el amanecer.
Parece un encuentro ocasional sin protagonismos excluyentes hasta que el sol saliente finalmente ilumina la figura de Fernanda Raverta, y una leyenda saluda a Cristina Fernández de Kirchner en el día de su cumpleaños: “Mar del Plata te abraza para un nuevo amanecer”.
Bien podría tratarse del lanzamiento de campaña de Raverta o de una publicidad de ropa deportiva, pero en realidad intenta ser parte del operativo clamor organizado desde algunos sectores del Kirchnerismo más puro y duro.
El liderazgo parece indiscutible (de CFK y de Raverta) en épocas en las que todo merece ser discutido. Según algunos posteos el incansable Manino Iriart, apadrinado por el también inagotable Daniel Scioli, estarían dispuestos a dar la discusión. Interpretaciones políticas en épocas de redes sociales. Todo bastante complejo y con olor a refrito.

Muchas veces los liderazgos no se discuten por hartazgo o desilusión. Y así lo marca la última encuesta de Poliarquía: “El Índice de Optimismo Ciudadano (IOC) registra -126 puntos, cayendo 12% en el último mes. Así, enhebra ocho meses consecutivos en terreno de pesimismo extremo, situación inédita en los últimos 15 años”.
Los datos publicados a fines de enero por la consultora Zuban, Córdoba y Asociados son lapidarios: la desaprobación del gobierno nacional se mantiene en el 69%, el 40% cree que la inflación seguirá aumentando este año, el 73,1% cree que el país va en la dirección incorrecta y ninguna figura política supera el 40% de imagen positiva.
La crisis es grave. El pesimismo se apoderó de la ciudadanía. Nadie está a salvo.
Mientras tanto los políticos discuten estrategias electorales y aprenden a utilizar Tik Tok, cuando deberían estar trabajando en un acuerdo parlamentario que permita mejorar la vida de los pesimistas. El 84% de los encuestados cree que los políticos deberían dialogar más.
Ya ni los números de los sondeos parecen inquietarlos. Desde hace un tiempo los políticos optaron por negar las encuestas como otra forma de negar la realidad.
El llamativo video dedicado desde nuestras costas a CFK es sólo un ejemplo del incomprensible divorcio entre los políticos y los pesimistas.
El verano nuevamente resultó ser una pasarela de ilustres políticos desconocidos que pasaron sin pena ni gloria en su búsqueda de posicionarse (casi nunca queda claro para qué ni ante quién). Las campañas grandilocuentes en vía pública, los aviones con mensajes que no tienen destinatarios y algún que otro intento mediático también formaron parte del montaje.
Es evidente que la oposición en nuestra ciudad debe ser mucho más que una mateada para convencer a la distancia a la “jefa” de aceptar vaya uno a saber qué candidatura y el oficialismo debe ser mucho más que una recurrente critica al gobernador por “dejar de lado a los marplatenses”.
Las discusiones dentro de todas las coaliciones electorales ya no son políticas, son personales. Se cruzan acusaciones sin sustento alguno, impropias de aquellos que pretender ser representantes de los pesimistas. Buscan sólo el like de los fanáticos mientras los pesimistas indiferentes se entretienen conjeturando sobre Gran Hermano porque el Mundial ya les quedó lejos.

Algún atrevido podría deducir que a los políticos tampoco les importa la realidad cotidiana de los pesimistas. Esa realidad que no les permite llegar a fin de mes, tampoco caminar tranquilos por su barrio (ni siquiera por la zona con mayor presencia policial y de cámaras de seguridad) y que los obligó a resignarse a viajar abarrotados en el transporte público luego de una agotadora jornada laboral.
Pero los políticos (y algunos que no lo son) no se cansan en su intento de explicarnos que la temporada fue un éxito empleando una lógica similar a la utilizada por las redes sociales cuando nos quieren demostrar una supuesta efectividad, pese a que la UCIP repite incansablemente que las ventas fueron sensiblemente menores a las del año pasado. La tiranía de las métricas.
Ni siquiera parece perturbarlos el temor frente esta sociedad de pesimistas que, hartos de tanta simulación, comienzan a mirar para otro lado cuando desde el poder intentan simular una vez más el circo electoral.
Los políticos se conforman con las migajas que les permitan enfrentar mejor o peor posicionados una PASO para luego si aprovecharse de los pesimistas cautivos, confiados en que el voto obligatorio los hará elegir al que consideren menos malo.
Ya habrá tiempo para escribir sobre internas políticas, rumores y demás cuestiones, pero en algún momento debemos hacer visibles a los pesimistas.
No digan que no les avisamos.