El día que Don Pepe Piantoni coronó al estadio San Martín

El día que Don Pepe Piantoni coronó al estadio San Martín

El 15 de enero de 1967 el Rey Pelé, mediante una trabajosa gestión de Don Pepe Piantoni, enfrentó con el mítico Santos a una querible Selección marplatense. El añorado Estadio San Martin cobijó por primera vez a uno de los futbolistas más talentosos de la historia hasta que un 14 de noviembre de 1976 se enamoró para siempre del mejor de todos.

16 de enero de 2022

Dicen que se suspendía en el aire y que a diferencia de Diego usaba los codos y algo más para defenderse de los patadones rivales. A los 17 años ya había sido campeón del mundo y a los 20 el gobierno de Brasil lo había declarado “tesoro nacional”. Ganó tres copas mundiales, dice que hizo más de 1.200 goles, cifra incomprobable para los más severos estadistas del fútbol mundial.  Fue la marca registrada del Santos, ganó fortunas, jamás enfrentó al poder, fue cómplice y bufón de los mercaderes de la FIFA, lució y luce con orgullo los colores gringos. Debería tatuarse en uno de sus tobillos al mismísimo Mickey Mouse y en el pecho una tarjeta de crédito.

 

Nació Edson Arantes do Nascimento, nació pobre en Tres Caracoes un 23 de octubre de 1940, nació en un pueblito de mala muerte y desde allí llegó a la cima y abrió puertas que les estaban vedadas a los negros, a los negros pobres. Eduardo Galeano escribió que “el Rey jamás regaló un minuto de su tiempo, su trayectoria cotizó en bolsa, nunca fue generoso y nunca una moneda se le cayó de los bolsillos”.

 

En una entrevista que le realizó la revista El Gráfico en 1995 el escritor uruguayo lo comparó con Diego y lo puso un escalón por debajo del Pelusa: “Yo lo veo más completo a Maradona en el sentido que tiene más capacidad para armar el juego de los demás, para jugar el partido en cada lugar de la cancha. Tiene esa facilidad prodigiosa –que tenía también Schiaffino- de estar en la cancha y al mismo tiempo en el lugar más alto de la torre del estadio, viendo el partido. Tiene ojos por todos lados. Pelé fue más bailarín, más plástico”.

El recordado Pepe Piantoni lo soñó jugando con el Santos en Mar del Plata. Existió un primer intento que no llegó a buen puerto. En 1966 se había firmado un precontrato pero los dirigentes del poderoso conjunto brasileño le anunciaron al mandamás Tricolor que llegarían a la ciudad sin su máxima estrella. Don Pepe, obstinado y coherente, desestimó la propuesta y fiel a su conducta respetó la promesa que le había hecho el Club Quilmes a los marplatenses. ¡Era el Santos con Pelé o nada!

 

Vuelvo en el tiempo, repaso la historia. Pelé desembarcó finalmente en Mar del Plata y el domingo 15 de enero de 1967 pisó la gramilla del añorado estadio San Martín. Enfrentó con el Santos a una querible Selección marplatense dirigida tácticamente por el Mazorquero Juan Manuel Romay. La Rojita alistó a Tomé, Montero, Bonomi, Mendiola y Castro; Uslenghi, Sangorrín y Gutiérrez; Benítez, Arce y Montes de Oca.      El juez de AFA Miguel Comesaña cuidó las piernas del 10  y observó con admiración la actuación de un joven Rubén Montero, circunstancial arquero campeón con Independiente de Mar del Plata en 1961, marcador de punta, quien con extrema concentración anticipó en cada jugada al ídolo verdeamarelo.

 

El diario La Capital del lunes 16 de enero tituló: En cotejo de buen primer tiempo se impuso el Santos 4 a 1. La bajada destacaba la labor del 4 de la selección marplatense. “Montero, sin recurrir a la violencia anuló a Pelé que no brilló”.

Cuatro días después el conjunto brasileño le propinó, también en el San Martín, una goleada a River Plate. Fue 4 a 0 ante un Millonario que presentó entre otros al Loco Hugo Gatti, a Roberto Matosas, al Indio Jorge Solari, a Luis Cubilla y a Juan Carlos Sarnari.

 

ire a mí, como a tantos, el Rey Pelé no me cae muy simpático, su parábola es inversamente proporcional a la de Diego. El Pelusa se equivocaba, nos enojaba, sus contradicciones a veces nos dejaban en offside, pero él, el mejor de todos, nunca renegó de sus orígenes ni dejó de ser quien era. Tal vez, en el fondo de su corazón, el astro brasileño también siempre quiso ser Maradona.

Edson Arantes Do Nascimento indudablemente ha sido uno de los mejores futbolistas de la historia, su juego estuvo asociado a la alegría, sus goles les dibujaron una sonrisa a los negros pobres de Brasil. Esto bien vale para respetar su trayectoria profesional, la trayectoria de un garoto de Mina Gerais, después soldado del Tío Sam a quien de grande le crecieron las orejas del Ratón Mickey y a quien el capitalismo salvaje le bordó en la piel una ostentosa tarjeta de crédito.

 

Mario Giannotti

 

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