Es indiscutible que la gestión del Intendente Guillermo Montenegro es muy difícil de analizar por el contexto que le tocó transitar, pero existen algunos sucesos que marcan un estilo.
El último suspiro del 2021 convulsionó a Mar del Plata. No fueron los 1000 casos detectados de COVID, ni la llegada masiva de turistas. La autorización para la explotación petrolera en cercanías de la costa marplatense generó la reacción de gran parte de la comunidad.
Son muy pocos los temas que marcan tan claramente dos posturas irreconciliables como la explotación de recursos naturales. Son muchos los ejemplos.
Distintos sectores parecen encolumnarse ciegamente detrás de cada una de las consignas. Están aquellos que te muestran cuerpos empetrolados y otros que te tiran por la cabeza una foto de una playa paradisíaca. Informes técnicos dignos de analizar con mucho cuidado, conclusiones varias y encontradas.
La reacción del Jefe Comunal
Pero, más allá del conflicto de fondo, es interesante analizar la posición del Intendente Guillermo Montenegro.
“Vengo a renovar mi compromiso con todos los marplatenses. No voy a defender solo el trabajo sino también la calidad de vida de todos los que viven en mi ciudad. Y por eso voy a manifestar públicamente mi rechazo a cualquier tipo de explotación petrolera en las costas de General Pueyrredon”.
“El principal argumento es que no tenemos los elementos necesarios para saber que este tipo de investigación no pueda llegar a dañar lo que tiene que ver con nuestra pesca y con nuestro turismo, que son dos grandes motores de nuestra ciudad”, continuó.
“Muchos de ustedes me eligieron, otros no. Lo que yo tengo claro es que mi mandato es pasajero, pero el daño que se puede generar en nuestra ciudad puede ser permanente y eso es lo que a mí me impone que esta semana vamos a realizar una presentación judicial para poder determinar cuáles son los alcances que puede llegar a tener este tipo de maniobras en la costa de nuestra ciudad”, sostuvo.
El intendente eligió publicar un video en sus redes, pasadas las 20 horas del último día del año. De esta manera se sentó en la mesa de miles de marplatenses que se preparaban para esperar la llegada del 2022.
Una vez más, Montenegro “escucha a las mayorías” y “decide en pos de la ciudad”, se muestra firme, no le tiembla la voz ni el pulso. Muchas cosas se podrán decir de su figura, pero claramente sabe convivir con la “presión” de una gestión.
El “método” Montenegro
Pero aquí es importante repasar algunos conflictos y la forma en que el jefe comunal ha reaccionado.
Al poco tiempo de asumir un voraz incendio en un depósito generó preocupación. Los resortes previstos para la gestión de este tipo de sucesos funcionaron. Se mostró presente y comprometido. Fue su primera aparición en el rol de jefe comunal.
La temporada de 2020 estuvo marcada por el fantasma de la llegada del COVID.
En el mes de marzo, cuando aún muchos afirmaban que el virus no llegaría, Montenegro se anticipó y entendió que era necesario minimizar la circulación y suspender actividades.
En esta decisión puede que convivan la interpretación de los sucesos que ocurrían en Europa y la capacidad de “leer la calle”, puesto que ya muchos marplatenses circulaban con barbijos cuando todavía no había casos registrados. El miedo estaba ganando la pulseada.
La primera etapa de la cuarentena fue muy estricta en algunos lugares de la ciudad, pero bastante laxa en la periferia. El municipio siempre entendió de “necesidades”. El juego de darle un poco de lo que necesitaba a cada actor social.
Llegó un momento en que la situación de los sectores que sufrieron las restricciones más duras no dio para más, entonces Montenegro se calzó el traje para apelar a la “responsabilidad individual para defender el trabajo de los marplatenses”, en otras palabras, había que permitir las actividades económicas porque la crisis social era inminente.
La defensa del “laburo” fue una bandera que le permitió ganarse el respeto gran parte de la ciudadanía.
Estás decisiones o anuncios estaban acompañadas por un constante contrapunto con autoridades provinciales.
Una vez que casi todos entendieron que la economía debía reactivarse, se desató la controversia en torno al regreso a las clases presenciales.
Desde ya que el jefe comunal escuchó el reclamo de gran parte de la comunidad y acompañó el reclamo por la apertura de las escuelas, pero Mar del Plata había caído en la trampa del sistema de fases dispuesto por la provincia.
En la campaña de cara a las PASO, la inseguridad se metió en la agenda política. Montenegro interpretó el malestar social creciente y redobló discursivamente a la oposición, incluso con el ministro de Seguridad de la provincia sentado en su mesa.
Del repaso de estos eventos, se desprende que el equipo comunicacional del Intendente realiza una lectura rápida y efectiva del “humor social”.
Son muchas las herramientas que se utilizan en estos días, algunas van más allá de la intuición propia de la actividad política.
Ante esa lectura e interpretación se toma “partido” (posicionamiento). Esta posición será siempre para “defender a los marplatenses”, y habitualmente coincidirá con la opinión mayoritaria de los sectores directamente involucrados o afectados por la temática.
Este método plantea un posicionamiento claramente discursivo, que sirve para ordenar y gestionar (tomar el control) del reclamo social. Se toma la iniciativa ante una ciudadanía que necesita respuestas rápidas.
Cierta permisividad o ambigüedad es parte del método. Es una manera de compensar posibles desacuerdos, incluso puertas adentro de los sectores a los que buscó contener.
En cuanto a los actores, es el Intendente quien debe ocupar el centro de la escena.
Es verdad que supo estar bien secundado por su ex coordinador de gabinete, quien decía las cosas que Montenegro no debía decir, pero la comunicación gira en torno a su figura, esto requiere el perfil bajo de su gabinete.
Algunos dirán que lo hasta aquí expuesto es una obviedad, pero lo podemos observar incluso en las pequeñas decisiones. Es en realidad algo así como lo el “culto a la coyuntura”.
Cuando se habla de la crisis de los partidos políticos, también se hace una referencia a la ausencia de una red de contención ideológica que suponga una reacción determinada frente a distintos problemas.
Esa “contención o red” no es más que un escenario de previsibilidad y planificación.
El desprecio a la contención programática de parte de la mayoría de las fuerzas políticas, tiene consecuencias no deseadas y casi inevitables: permite la irrupción de algunas corrientes ideológicas que se jactan de ser “extremas”, y también la proliferación de simples “gestores mesiánicos impredecibles”.
La gestión municipal no pretende tener un sesgo ideológico marcado ni tiene rasgos de imprevisibilidad mesiánica.
De cara a los años que vienen, es necesario que el “Método Montenegro”, que hasta aquí ha rendido sus frutos, se complemente con al menos el delineado de un proyecto de ciudad que vaya más allá del día a día.
Quizás la principal falencia del método radique en que en algún momento se debe tender a evitar que algunos eventos sucedan, y no solo atenuar sus consecuencias.