La política está cayendo en su propia trampa

La política está cayendo en su propia trampa

En el mundo de la posverdad la política se enfrenta a un crisis que puede ser terminal. La “nueva política” es tener siempre la razón y que un grupo lo legitime o cancele, casi como un algoritmo de alguna red social.

30 de diciembre de 2021

La falta de mecanismos de discusión y/o el exceso de personalismos están dinamitando los cimientos de Juntos por el Cambio, mientras tanto el oficialismo se maneja como pez en el agua y los liberales logran canalizar un descontento más ligado con el rating que con los problemas que afectan a millones.

 

La polémica ley que para muchos medios y políticos habilita las reelecciones indefinidas, en realidad las prohíbe. El problema o la confusión es que prohíbe algo que ya estaba prohibido, y de esa manera habilita un periodo más para muchos intendentes que ahora podrán ir por la reelección.

 

A partir de la aprobación, apresurada y desprolija, se incluye en los artículos que disponían la prohibición para un tercer mandato consecutivo la siguiente aclaración:

“Quedan comprendidos en la prohibición todos aquellos que hayan asumido su cargo por un segundo periodo sin perjuicio que el mismo se haya ejercido total o parcialmente”.

 

Para entender el por qué de esta modificación, quizás endeble en términos de técnica legislativa, debemos remontarnos al Decreto 265/19, firmado por Joaquín De La Torre, Federico Salvai y María Eugenia Vidal.

 

Dicho decreto determina que la prohibición de reelección para un tercer mandato consecutivo abarca a quienes habiendo sido reelectos en el mismo cargo para un segundo mandato consecutivo, hayan asumido sus funciones y ejercido por más de dos (2) años, continuos o alternados.

 

Realmente es muy difícil intentar justificar la inclusión del último párrafo, puesto que deja abierta la puerta para que una misma persona pueda indefinidamente encabezar una boleta e incluso esquivar el mote de testimonial, ya que asumiría en el cargo por un periodo breve. El decreto habilitaba aquello que la ley pretendía prohibir.

 

Según trascendió existían tres escenarios posibles en el contexto de las negociaciones, por cierto las leyes suelen ser fruto de una negociación: 1) que todo siga como hasta hoy, 2) que se caiga la limitación (reelecciones libres), o 3) incluir un párrafo para evitar la interpretación que permite aprovecharse de licencias oportunas.

 

La modificación aprobada subsana el “error” de aquella reglamentación, puesto que por el solo hecho de asumir se queda inhabilitado para postularse a un tercer mandato consecutivo.

 

Pero… siempre hay un pero.

 

Está modificación permitiría a todos aquellos intendentes que están ejerciendo su segundo mandato consecutivo aspirar legalmente a un tercero. Ese tercer mandato debería ser el último consecutivo, aunque puede suceder que alguien entienda que el próximo será su primer mandato con las nuevas reglas de juego.

 

Es aquí en dónde muchos dirigentes políticos y formadores de opinión hablan equivocadamente de las reelecciones indefinidas.

 

Desde ya que no hay que ser inocentes, muchos intendentes que no podían tomarse licencia y aprovechar el “error” en el decreto firmado por la mismísima Vidal, pusieron el grito en el cielo, la inmensa mayoría de ellos pertenecientes a Juntos por el Cambio.

 

Es más, en los fundamentos del proyecto aprobado ayer, se deja en evidencia ese malestar: “los que cumplieron con el mandato popular no lo podrán hacer, increíblemente cumplir con el compromiso ante una sociedad que los voto y respetar la ley termina siendo un perjuicio político de cara a las próximas elecciones”.

 

Y aquí llegamos al punto neurálgico de la discusión: ¿Están los 48 intendentes de Juntos por el Cambio dispuestos a ir por un tercer mandato consecutivo? 

 

Si la respuesta es afirmativa: ¿Estarían vulnerando algún principio fundacional de la coalición? ¿No sería la confección de la listas el momento de exponerlo en una interna formal como un disvalor?

 

Sabemos que el Frente de Todos pretendía la derogación de la limitación, por lo que se supone que no existirá objeción alguna al intento de cualquiera de los 25 intendentes “beneficiados” por esa situación.

 

En cualquier contexto estamos frente a un problema político dentro de otro problema político. Un cuadro dentro de otro cuadro.

 

El Frente de Todos dejó en evidencia algunas fisuras, pero que fueron más cosméticas que ideológicas. Nadie en la coalición oficialista profundizará está “diferencia”.

 

En cambio dentro de Juntos por el Cambio la interna se juega muy fuerte. 

 

Evolución Radical salió a plantar bandera castigando al oficialismo partidario provincial. María Eugenia Vidal aprovechó para posicionarse dentro de la interna de PRO, aunque no fueron pocos los que le recordaron su error. El ala dura del PRO y la Coalición Cívica se manifestaron en contra de las reelecciones indefinidas. Todos lo hicieron con una vehemencia llamativa.

 

La dinámica interna de Juntos por el Cambio es autodestructiva, los personalismos desmedidos abundan, y cada oportunidad es buena para llevar al límite de lo imperdonable cada decisión.

 

Aquellos que afirman que el debate fortalece parece que no interpretan a la sociedad. Para muchos ciudadanos no están debatiendo, sólo se están peleando por una porción de “poder”. Hoy será un sector el que sufre los ataques y mañana la víctima será el otro. Esa parece ser la dinámica.

 

Muchos analistas no se tomaron el tiempo para explicar la modificación, y simplificaron el debate.

 

Dicho sea de paso se puede cuestionar la técnica legislativa, el dudoso sentido de oportunidad y la falta de criterio a la hora de aprovechar el debate para incluir otras cuestiones ligadas a una reforma electoral real.

 

En el mundo de la posverdad la política se enfrenta a un crisis que puede ser terminal. Las datos ya no pesan tanto como las emociones, los rencores y las disputas personales. La “nueva política” es tener siempre la razón y que un grupo te legitime o cancele, casi como un algoritmo de alguna red social.

 

Mientras tanto hay una provincia que les exige a sus representantes un poco de atención y un puñado de soluciones a sus problemas.

 

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