¡¡¡Vamos al FMI…!!!

¡¡¡Vamos al FMI…!!!

En la primera semana posterior a las elecciones, en materia económica sabemos que vamos a la negociación con el FMI, no sabemos ni cómo, ni cuando, y si bien se tomó una decisión, es imperioso que se comiencen a dar pasos en esa dirección.

19 de noviembre de 2021

Después de las elecciones generales de medio término, el gobierno tiene que afrontar y resolver los mismos problemas económicos que “quedaron en pausa” con motivo de la elección: inflación, dólar, brecha cambiaria, falta de reservas, pobreza, crecimiento,  no hubo grandes novedades en la semana posterior a la elección.  Lo más relevante fue el mensaje grabado del Presidente quien anunció que en los primeros días de diciembre va a enviarse un proyecto de ley al congreso con un «Programa Plurianual para el Desarrollo Sustentable».  El martes 9  de noviembre en una cena en la residencia presidencial de Olivos con la participación de empresarios entre otros: Daniel Herrero, de Toyota; Antonio Aracre,  de Syngenta; Sergio Kaufman, de Accenture; y Laura Barnator, de Unilever el presidente y el ministro de economía les anticipó que no habría un salto devaluatorio, y que el acuerdo con el FMI iba a estar listo entre Febrero y Marzo.

 

La intención de acercarse al Organismo Internacional es una decisión significativa, quiebra la inercia, despeja dudas y nos pone en marcha en una dirección aunque no se presente COMO AJUSTE. Se pregona avanzar en el diálogo entre oficialismo y oposición aunque aparentemente la discusión del tema será en el Congreso lo que no impide acercamientos previos.  Lo pide el FMI y ya nos condiciona.

 

Para Alberto Fernández que se debilitó en la administración de la pandemia e hipotecó parte de su credibilidad en materia económica porque a cada interlocutor le decía lo que quería escuchar, fue dubitativo dentro de las discusiones internas y que para apuntalar su futura gestión festejó como triunfo un resultado adverso. Es bueno que en un país presidencialista, el presidente recobre fuerza y pueda liderar la nueva etapa que se inicia, para ello es positivo que haya acuerdo entre dirigentes políticos y responsables  de las “fuerzas vivas” en un tema que incomoda. Porque sin confianza en los dirigentes la salida es más difícil. 

 

No se han vistos cambios sustanciales en los primeros días posteriores a la elección,  el dólar oficial todavía no aceleró el ritmo de devaluación, como esperábamos. El BCRA dejó de intervenir y le soltó la mano a los dólares bursátiles. Aguardamos ver el programa plurianual que se quiere acordar con la oposición y con el FMI. Los números para el próximo año, no deberían distar mucho del presupuesto 2022 que presentó Martín Guzmán y por una cuestión eleccionaria no lo explicó, como habitualmente ocurre en el congreso y recordemos que dentro de la coalición gobernante había discrepancia en su consideración.

 

El lector perspicaz, interpretará claramente  la situación con dificultades de raíz política y también económicas: según Julie Kozack no hay avances en la negociación por falta de presentación de un plan por el ministro de economía, tampoco Whashington considera conveniente enviar una misión al país, mientras que ES POR NUESTRA INICIATIVA QUE FIJAREMOS PROYECCIONES  PARA VARIOS AÑOS.  La negociación con el FMI implicará pagar en diez años de plazo. En el campo había una expresión que viene a cuento: “El paisano cada vez que se caía del caballo decía: – Me quería bajar – ”.

 

El gobierno por pedido de Cristina Fernández exigía al fondo ampliar plazos y reducir tasas, un plazo de 20 años y que la tasa de 4,05% bajara al 1,05%, sin lo cual no lo íbamos a firmar, incluso Eduardo “Wado” de Pedro transmitió a los funcionarios del fondo la idea de Máximo Kirchner de pagar mil millones de dólares por año, es decir cancelar la deuda en más de cuarenta años, mientras que el Presidente en campaña dijo que no se acordaba a cualquier costo y que no se iba a poner de rodillas para firmarlo.  Todo indica que las sobretasas que elevan el interés de 1,05 a 4,05 no se tienen en cuenta. Tampoco habrá ni 40 ni 20 años de plazo.  ¿Se relajó la postura oficial?

 

No se han escuchado alternativas superadoras por ende el acuerdo, entonces, no es la mejor opción, por ahora es la única y de concretarse da espacio al refinanciar vencimientos por 40.000 millones de dólares y abre las puertas para tener nuevos créditos de organismos multilaterales de crédito. A Argentina le conviene negociar con consenso, de esta manera no negocia un gobierno, negocia un país. Es importante a la  hora de obtener resultados e internamente evita reproches y chicanas políticas.

 

En el proyecto plurianual las proyecciones serán de todo tipo, habrá consideración del superávit comercial (exportaciones menos importaciones), resultado fiscal (ingresos y gastos del sector público) de la política monetaria, emisión, tasa de interés, acumulación de reservas, inflación, del tipo de cambio, del crecimiento del producto, del empleo, el desempleo y evolución de los salarios, las jubilaciones, etc.

 

El primer interrogante es ¿cómo se instrumenta este acuerdo?  Si bien no se sabe con certeza el orden en que sucederán los acontecimientos: si primero se arregla con el FMI y luego la carta intención va al congreso o al revés.  Lo razonable para la política (necesitada de relatos)  es que primero vaya al congreso y que luego de aprobado se presente al FMI como un plan “nacional y popular”.

 

El segundo interrogante es ¿hay tiempo para hacer el acuerdo?  Luego de  idas y vueltas por discordancia en la propia coalición gobernante que no definía el camino y ahora hay aval para llevarlo adelante, es necesario tenerlo definido antes de marzo del 2022 porque en ese mes comienzan los vencimientos incumplibles para Argentina dado por los vencimientos y las reservas. El gobierno piensa en 2.500  millones de dólares de la cosecha fina de trigo que ingresarían a partir de diciembre y que podrían ser agua en el medio del desierto, aunque los productores dicen que gran parte de esa  cosecha se vendió anticipadamente y por ende los dólares no son tantos como piensan en el banco central. Los tiempos del gobierno no son los del mercado. Las reservas del BCRA, las acciones, los bonos caen y el riesgo país supera los 1.700 puntos básicos como muestra de la desconfianza y por parte del gobierno todavía, no hay señales claras. La dinámica de esa caída no puede continuar por mucho tiempo seguramente se negocie “contra las cuerdas”.

 

El camino a seguir no es virtuoso, como en un viaje en auto que hacemos de Mar del Plata a Buenos Aires, hay algo muy positivo y es que decidimos viajar, solo que recién estamos preparando las valijas, no hicimos un metro lineal, luego podemos ir en distintos medios, bicicleta,   auto, avión, tren, incluso caminando o  en barco. Si vamos en auto podemos tomar la ruta, 11, la 2 o la 29, por ahora solo sabemos que vamos a CABA. Hay que decidir entre alternativas antipáticas, y agregarle las posiciones políticas que con motivo de las elecciones se pintaron intransigentes. Esperemos distiendan las posturas para no dificultar el viaje. Como señalaba Miguel Kiguel en el Cronista Comercial “para llegar al jardín de rosas habrá que atravesar un pantano frondoso”.

 

“La madre del borrego” es reducir el déficit fiscal, para que en cascada se reduzca la emisión y en línea con esa reducción baje la inflación y se pueda estabilizar la economía y transitar un camino virtuoso.  No es sencillo porque el déficit fiscal tiene dos patas: INGRESOS Y GASTOS.  Los ingresos fundamentalmente se conforman con impuestos y tenemos una presión impositiva altísima que es INTORELABLE  AUMENTARLA.  Y por el lado de los gastos, el gobierno quiere dialogar con la oposición con un condicionamiento: NO SE PUEDE BAJAR EL GASTO PUBLICO, este es el escollo principal.  Un capítulo que se inserta en esa discusión es el precio de los servicios públicos, las tarifas de gas, eléctricas, combustible se congelaron con motivos de las elecciones y aproximadamente aumentaran un 12% en el año con una inflación estimada de 52%, lo que lleva a una distorsión importante de precios relativos que no requiere mucho análisis, quien menos conocimientos de economía tiene sabe que no se puede sostener en el tiempo.

 

A todas luces ni Pitágoras, ni Pierre de Fermat, ni Manuel Sadoski o Rebeca Guber  tendrían SOLUCIÓN para que de la resta de 100 – 110 de un número positivo. El resultado es – 10 negativo y para transformarlo  en cero o en un valor positivo, sin aumentar el minuendo 100 y sin bajar el sustraendo de 110 a todas luces parece imposible.  Pero no está todo perdido, no se alarme, en Argentina tenemos una solución, horrible pero solución al fin: LA INFLACIÓN.

 

Paradójicamente la inflación, que es nuestro principal problema económico, exteriorización y   consecuencia de los desaguisados económicos que hacemos,  PUEDE RESOLVERLO y en el futuro convierte esta resta para que tenga un resultado de cero, o se transforme en positiva. Para ello simplemente cabe esperar en la dinámica futura que los ingresos sigan con aumentos en línea de la inflación y los gastos tomen un sendero de aumentos menores a la inflación, esto nos lleva a  una  conclusión lamentable: “En los próximos meses se avanzará con una mayor inflación”, que no se podrá bajar por el momento porque cumple la función de licuar en este caso el gasto, no tendría que sorprender que los próximos índices de precios al consumidor sigan altos, arriba del 3%. Por ende, el acuerdo NO ES GRATIS, implica AJUSTE, aunque el relato o la retórica diga otra cosa ya que el gobierno cree que la sociedad sufre de ilusión monetaria. 

 

Una digresión, en este aspecto, la inflación aliada del gobierno, también sirve para licuar la deuda en pesos de la exorbitante deuda de 4,5 billones de pesos en Leliq y otras letras que tiene el banco central en su pasivo, por la  que se pagan el 38% de interés anual con una inflación estimada del 52%.

 

Luego del acuerdo, igual hay que trabajar, las cosas no se resuelven por si solas, el acuerdo es una condición necesaria pero no suficiente, esperamos racionalidad, que lentamente aumenten las reservas internacionales en el banco central,  que pueda reducirse la presión sobre el tipo de cambio y así reducir la brecha;  que el secretario de comercio interior no aparezca en los medios diciendo que el gobierno no es culpable de la inflación y que quiera hacernos creer que los controles de precios son exitosos, los desaguisados son como aquel que quiere ponerse un zapato 37 pero calza 40.  Esperamos que la política recuerde que en campaña aprobó una ley y haga el seguimiento para reconvertir planes sociales en trabajo. En números redondos en el mercado hay 25 millones de personas  en edad para trabajar, de las cuales 6 millones trabajan en relación de dependencia en la actividad privada, casi 4 millones en el sector público, y el resto se reparte entre cuentapropistas, monotributistas, trabajadores en casas particulares y en el sector informal, en negro. De estas 25 millones de personas, 18 millones tienen empleo (la mitad de calidad), 2 millones se declaran desempleados (no tienen empleo pero buscan activamente uno) y los restantes 5 millones son laboralmente inactivos no tienen trabajo y tampoco lo buscan. Los números dicen que HAY MUCHO POR HACER  principalmente en los 7 millones de personas que en edad de trabajar no lo hacen. 

 

Sobran pesos y faltan dólares en las reservas, la brecha genera una evolución de las variables económicas que llevan a una transferencia de ingresos desde los que menos tienen a los que más tienen con un gobierno “progresista”. Como un pequeño gesto, a pesar del plan para revertir el resultado de las paso, el déficit este año rondará el 3% del PBI, que es un déficit menor al previsto en el presupuesto.  Se abrió la puerta para concretar el acuerdo con el FMI que se viene dialogando hace más de un año y así resolver desequilibrios económicos y estabilizar la macroeconomía aunque el viaje puede ser traumático. Esperemos que el «Programa Plurianual para el Desarrollo Sustentable» brinde certezas de cara al futuro y al capitán del barco tome el timón con ambas manos.

 

José Luis Stella

Licenciado en economía

 

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