Carlos Miori, el Virrey Primero de la Perla

Carlos Miori, el Virrey Primero de la Perla

Esta crónica resignifica la trayectoria futbolística de un pibe que en el barrio La Perla se soñaba Juan Marcelino Cornejo, el Mazorquero Juan Manuel Romay, Pierino González; un entrenador que piensa sus equipos como un eximio ajedrecista, un wing que siempre puso jaque mate a cuanto arquero interfirió en su camino de gol.

3 de septiembre de 2021

“El fútbol funciona como ajedrez. También allí, las reinas y los alfiles, las torres y los caballos pueden hacernos regresar a una olvidada Edad Media, pero lo único que cuenta es la muerte del rey, el mate. Y el mate, en el fútbol, es el gol”

Vladimir Dimitrijevic, ex-jugador serbio

 

Tal vez su instinto goleador se forjó en aquellos interminables picaditos de la infancia en 20 de Setiembre y Berutti, o en los entrañables desafíos que se jugaban en el patio del Colegio Peralta Ramos. Quizás fueron los consejos de los pibes más grandes, capitaneados por su hermano mayor, o la sabiduría de los atorrantes del baldío, quienes le marcaron cicatrices futboleras que aún perduran, principios que permanecen intactos, sana modestia que enaltece la historia de uno de los futbolistas más queridos y respetados de Mar del Plata.

 

En 1963, un casinero, el Paisano Sisini, ex arquero del Atlético Mar del Plata, lo hizo debutar con tan solo 14 años de edad en la primera división de su amado Deportivo Norte. Los viejos habitantes de las precarias tribunas marplatenses, pegados al alambre olímpico, le pronosticaban un futuro de crack al novato delantero que gritaba goles y dibujaba gambetas sobre la banda izquierda.

En 1970 integró una memorable sociedad futbolera con Juan Vicente Miccio y Mingo Loyola. Juntos fueron protagonistas de lujo de la  selección marplatense que logró el Campeonato Argentino bajo la tutela del Negro Alberto Pacheco. Loyola y Miori despanzurraban defensores en el área rival mientras el Gordo Jorge Videla custodiaba con manos de hierro el arco de la Rojita, protegía su valla con la fortaleza de un auténtico tanque de guerra, impenetrable como aquellos acorazados que les permitieron escapar de Olavarría  en una recordada batalla campal ante su par cementero.

 

Tras la conquista, Miori vistió la camiseta de Kimberley, probó suerte en Vélez Sarsfield en un torneo de verano, hasta recalar finalmente junto al Bicho Osvaldo Mosconi y Guillermo Trama en San Martín de Mendoza. En la mítica camioneta Ranchero de Trama, camino al estadio Chacarero, entre bolsos y cajas, cargaron ilusiones que se hicieron realidad en el viejo Torneo Nacional. El Otamendino fue elegido por la revista El Gráfico como el mejor 9 del mes, Miori, por su parte, el tercer mejor promedio como wing izquierdo. La revista Goles fue categórica en su evaluación  y lo ubicó como el mejor puntero zurdo del fútbol argentino en dicho certamen.

 

El promisorio delantero del conjunto mendocino era pretendido por varios equipos, San Martín escuchó ofertas y lo vendió en 30 mil dólares al Emelec de Ecuador. Vale destacar que con ese dinero el club cuyano techó su gimnasio. Un empresario de apellido Inocente fue quien lo acercó junto con el goleador Julio Apariente a los Eléctricos de Guayaquil . El conjunto ecuatoriano buscaba un puntero izquierdo con las características del extremo marplatense, circunstancia que resultó determinante en la decisión final de Miori.

Los integrantes de la hinchada del Emelec, llamada Boca del Pozo,  aún idolatran al delantero argentino a quien apodaron el Bombillo por su parecido físico a la mascota de la Empresa Eléctrica de Ecuador.  Aquel héroe frentón fue campeón y marcó con la casaca Azul y Plomo 73 goles, siendo en 1979 el máximo artillero del torneo ecuatoriano con 26 conquistas. Con Lupo Quiñónez, el Tanque de Muisne, conformó una de las duplas goleadoras más temidas y respetadas del continente.

 

En 1980 fue adquirido con el  portero uruguayo Ladsilao Mazurkiewicz por el América de Cali, allí alcanzó a disputar una de las semifinales de la Copa Libertadores. El entrenador era Ochoa Uribe, un técnico de escuela bilardista que le exigía, no solo goles, pretendía que sus delanteros, incluido Miori,  se comprometieran también con la marcación.

 

Tras su periplo en el exterior regresó a la ciudad para formar parte del plantel de San Lorenzo, equipo que había contratado entre otros al Cabezón Osvaldo Rubén Potente para disputar el telúrico Nacional. Aquel equipo perdió 7 a 1 en la Bombonera  ante el Boca de Diego y Miguel Brindisi. Por supuesto, el único gol patanegra lo hizo Carlos Miori.

En 1986 fue entrenador de Deportivo Norte en la B y futbolista de Alvarado en la máxima categoría. Logró el ascenso con el equipo de La Perla, conjunto que integró en 1987 como jugador, cuadro que revolucionó por su juego vistoso el Torneo Regional hasta quedar eliminado por definición desde el punto penal ante Nueva Chicago.

 

Como entrenador Carlos Miori formó y condujo al recordado Alvarado de 1992, para muchos simpatizantes uno de los mejores equipos de la ciudad. Su historia más reciente lo enmarca dentro de la lista de los directores técnicos más exitosos del interior del país. Un tipo sencillo, humilde, capaz de discutir de fútbol con el mismísimo Carlos Bilardo o con un ignoto entrenador de inferiores recién recibido.

 

Su travesía  como  DT comenzó en Deportivo Norte en 1986, tuvo  cuatro ciclos en Alvarado, dirigió San Lorenzo, Platense y Ben Hur de Rafaela. Como ayudante y fiel ladero  de Carlos Trullet trabajó en Godoy Cruz de Mendoza, Atlético Tucumán, Platense y Ben Hur.

Aquel pibe que en el barrio La Perla soñaba jugar en primera como Juan Marcelino Cornejo, como el Mazorquero Juan Manuel Romay, o como el legendario Pierino González, recorrió un largo camino cargado de goles y gambetas en cada una de las canchas que pisó como futbolista.

 

La memoria colectiva atesora en sus retinas aquel brutal patadón del Chavo Colman en el San Martin que le fracturó el tobillo izquierdo y puso fin a su exitosa trayectoria. Fue un 29 de mayo de 1989, sobre la tribuna Varela, el ruido a madera partida en dos enmudeció a propios y extraños. Al llegar el retiro el wing setentoso se reconvirtió en un director técnico de jerarquía, un profesional que dentro y fuera de un campo recibe a diario una catarata de elogios que resaltan su labor y ponderan sus conocimientos.

En la actualidad, después de su última experiencia como entrenador en Deportivo Norte, forma parte del “Batanense Deportivo”, equipo periodístico que lidera Héctor Pelú, emisión radiofónica que transmite en el 101.9 del dial el campeonato liguista y la campaña de Alvarado en la Primera Nacional.

 

Reitero, en Ecuador a Carlos Miori  lo llamaron el Bombillo por su parecido con la mascota de la empresa eléctrica del Ecuador en los años 70´, y bien vale resignificar ese apodo para este hombre del fútbol que todavía oficia como un faro, como una luz que ilumina el camino de quienes emprenden y transitan una nueva ilusión que gira indómita detrás de una pelota.

Carlos Horacio Miori es un filósofo futbolero que piensa el juego como un eximio ajedrecista, un wing que siempre puso jaque mate a cuanto arquero interfirió en su camino de gol, un marplatense que es ídolo indiscutido en Ecuador, un símbolo identitario y referencial de su amado Deportivo Norte. En consecuencia, parafraseando a quienes bautizaron Virrey a Carlos Bianchi, escribo sin temor a equivocarme que Carlos Horacio Miori es el Virrey Primero de La Perla.

 

Mario Giannotti

 

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